Primer epílogo. Benji
Primer epílogo
Benji
Cinco años después
—No podem os llamar a nuestra hija Casiopea —le digo a Cannon desde el otro lado de la cocina, mientras pelo unas patatas con la mayor paciencia del mundo.
Aún me quedan dos días libres hasta que comiencen los entrenamientos para los play-off y estoy disfrutando de no tener casi nada que hacer.
Aprender a cocinar de una vez por todas encabeza mi lista de prioridades.
—Claro que podemos.
—Imagínate cuando le pregunten en el colegio cómo se llama. Los demás niños van a pensar que esnifábamos pegamento.
Cannon se ríe.
—Esnifábamos amor verdadero y sofisticación. Además, siempre podemos llamarla Casi.
Dejo el pelador sobre la encimera y me acerco a ella.
Cannon está apoyada en la mesa, vestida con una de mis camisetas y el pelo recogido en una coleta alta.
Sigo opinando lo mismo que la primera vez que la vi: que es la chica más guapa del mundo.
La diferencia es que ahora está embarazada de mi hija.
Joder. Mi hija. Aún me cuesta procesarlo.
Me arrodillo y apoyo la frente en su tripa.
—Casi me gusta. Suena a chica guay. Casiopea suena a villana espacial.
Noto un movimiento y levanto la cabeza de golpe.
—¡Eh! —exclamo un tanto escandalizado—. Tu hija acaba de atacarme.
—Nuestra hija.
Nuestra hija. Suena aún más increíble. Y nuestra casa. Nuestra cocina. Nosotros. Beso el punto exacto donde he sentido la patada.
—Escúchame bien, pequeña criatura intergaláctica —murmuro—. Voy a dejar que tu madre gane esta discusión porque está embarazada y da un poco de miedo, pero quiero que sepas que yo intenté salvarte.
Cannon se echa a reír. Yo me incorporo, rodeo su cintura con los brazos y escondo el rostro en su cuello. Huele a nuestro champú. Y a hogar.
—Oye, Cani Pooh.
—¿Qué?
—Te quiero una barbaridad.
Cannon me acaricia el pelo y yo cierro los ojos un segundo. Aprieto más los brazos alrededor de su cintura.
—Y yo a ti.
—Y tengo miedo —confieso—. De no estar a la altura.
—Ben…
—No, escúchame. A veces siento que todo esto… ¿Y si un día ella se da cuenta de que no tengo ni idea de lo que hago?
Cannon me acaricia la nuca, despacio.
—Yo tampoco tengo ni idea de lo que hago.
—No quiero ser el mejor padre del mundo. Solo quiero hacerlo bien. Y que ella nunca dude de que la queremos. Ni un solo segundo.
Cannon me obliga a mirarla otra vez, sujetándome la cara entre las manos.
—Nuestra hija va a crecer con un padre que la adora antes incluso de conocerla. Eso ya es muchísimo. Y no vas a hacerlo solo. Somos un equipo.
—Sí que lo somos.
Vuelvo a arrodillarme y a apoyar la frente contra su barriga.
—Hola, Casi. O Casiopea. O como demonios consiga convencerme tu madre de llamarte. Solo quería que supieras que voy a intentarlo muy fuerte, ¿vale? Aunque me acojone bastante. —La niña da otra patadita—. ¿Has sentido eso? Ha vuelto a hacerlo.
Cannon sonríe.
—Creo que acaba de responderte.
Joder.