7. Cannon
Cannon
Prórroga: si el partido termina empatado al final de los sesenta minutos, se disputa un tiempo extra de cinco, diez o veinte minutos con muerte súbita: gana el primer equipo en marcar (el denominado gol de oro).
Si ningún equipo anota, se procederá al sistema de «ganador del partido por lanzamiento de penaltis».
En cuanto salimos de los vestuarios, vemos a Blake sentado en el suelo con las rodillas levantadas, la espalda recostada en la pared y el semblante serio. O con cara de querer matar a alguien…
Se levanta en cuanto nos ve y señala con el dedo a Julián. Blake y él solo se llevan un año y hacían buenas migas cuando jugaban juntos en los Zorros, pero en los últimos años se han hecho íntimos sin que ninguno se lo esperara. La vida…
—Vas a explicarme esto aquí y ahora —le exige mi hermano, enfadado.
Los ojos azul oscuro le fulguran de pura furia, pero intimidaría más si no llevara un trozo de papel metido en uno de los orificios de la nariz. Blake siempre ha sido muy de sangrar por la nariz. De pequeño solía despertarse con la almohada, las sábanas y el pijama manchados. A veces, aún le pasa.
—Aquí no —responde Julián impertérrito—. Salgamos del CAR .
—Sí, salgamos de tu puto CAR . —Los tres arrancamos a andar—. Estoy empachado. El gato me ha sentado mal.
—Nadie te ha obligado a entrar en la pelea, Blake —lo reprende Julián, enfadado—. ¡Tu deber era minimizarla!
—¿Mi deber como capitán? Porque Jon ha…
—Tu deber como hermano mayor.
—¡Ha empezado Elliot!
Julián se detiene, y nosotros con él.
—¡Y tú le has seguido la corriente encantado de la vida! ¿Qué tienes? ¿Doce años? Los problemas familiares se dejan fuera del hielo, y lo sabes. Elliot está a la que salta cuando juega contra ti, y también lo sabes.
Arrancamos a andar de nuevo.
—Que sea tu niño mimado no significa que también tenga que ser el mío. Si Elliot no deja nuestros problemas familiares fuera del hiel…
—Has ido con Fantoni a increparlos en el calentamiento. ¿Te crees que no te he visto?
—Solo para darles las buenas noches —responde con naturalidad y una cara de no haber roto un plato que no se la cree ni él—. Eso no justifica que el puto niño se hay…
Volvemos a detenernos. Ahora es Julián el que señala a Blake con el dedo.
—No lo insultes, Blake. No te atrevas a insultarlo delante de mí.
Blake levanta las manos en señal de protesta, exasperado.
—¡Siempre sacas la cara por él!
—¡Ha dejado el equipo! He sacado tanto la cara por él que ha dejado el equipo.
Blake echa la cabeza hacia atrás, sorprendido, y se queda sin habla unos segundos.
—Volverá —dice en un tono mucho más íntimo—. Cuando se le pase la rabieta, volverá. Elliot es… —Julián entorna la mirada. Es un mensaje velado. Un mensaje que dice: «Cuidado»—. Mejor me callo.
—Sí, mejor te callas.
—Y tú controla más a esos gatitos tuyos.
—Esos gatitos míos os han dado una paliza a ti y a tus Demonios.
Blake resopla.
—El regocijo no te sienta bien, Alcalá. Te salen arrugas en los ojos y aún eres muy joven.
Caminamos en silencio hacia la salida. El estadio está casi vacío; apenas escuchamos un ruido, hasta que se iluminan un par de pantallas enormes que cuelgan de las paredes. Julián se tensa a mi lado y se detiene, otra vez. Se lleva los dedos a los lagrimales y suspira.
—Joder —masculla—, deberían prohibir esta mierda de una vez por todas.
Saca el teléfono del bolsillo interno de la chaqueta y comienza a escribir algo. Yo me fijo en los mensajes que han aparecido en las pantallas.
Senticar
Mensaje informativo para los que estáis fuera del CAR y no habéis podido venir al partido: se ha liado parda Hace 2 horas @Masu.Duet
Nuestros gatitos nunca decepcionan Hace más de 1 hora @Leonardo.Rodrigo
La línea de oro nunca decepciona Hace más de 1 hora @Miriam.Barranco
Yo habría hecho lo mismo por Benji. Los Demonios nunca juegan limpio. ¡Arriba, Jaguars! ¡Abajo, Demonios! Hace más de 1 hora @Lucas.Agudo
Escucho un gruñido de Blake, a mi lado. Y un par de palabrotas.
Senticar
Cada día me gusta más el hockey Hace 1 hora @Eva.González
¿Alguien lo ha grabado? Necesito verlo entero Hace 1 hora @Matías.Lozano
Montaño ha bajado a los vestuarios… Esperemos que vuelva con noticias frescas Hace 1 hora @Víctor.Cañas
Para frescas, las lechugas que han plantado en el CAR. ¿Las habéis visto? Cerca del campo de tiro. ¡Más iniciativas así! Hace 1 hora @Mélani.Hernández
¿Triplete de Jonny? ¡Máquina! Hace 30 minutos @Matías.Lozano
Y paradón de Benji Hace 30 minutos @Selena.Iniesta
Yo no supero a Andrés Claramunt Hace 30 minutos @Dulce.Gallego
¿Lo de las lechugas va en serio? Hace 15 minutos @Elena.Gómez
¿Os acordáis de cuando Montaño no soportaba a los gatitos de Julián? Hace 15 minutos @Yesenia.Pedrerol
¿ Os acordáis de cuando no soportaba a Elliot? Decía que era peor que un grano en el culo Hace 15 minutos @María.Perera
Sigue pensándolo, pero ahora le gusta Ahora mismo @Víctor.Cañas
—¿Qué mierda es esto? —pregunto con el ceño fruncido.
—El puto Senticar —mascullan Blake y Julián al unísono.
¿Senti qué?
Julián golpea con el índice la pantalla de su teléfono y las de las paredes pitan y se iluminan al instante.
Ni una puta palabra más Ahora mismo @Julián.Alcalá
Vale, mensajería instantánea. Un chat a lo grande con lo que supongo que son deportistas y entrenadores del centro. Julián ni siquiera había leído los mensajes antes de jurar y ponerse a contestar. Sabía lo que se venía. Debe de ser habitual…
Senticar
Juls, te van a censurar la cuenta… Ahora mismo @Víctor.Cañas
Lo sabrás tú bien… Ahora mismo @Eli.Lloret
¿De lo de las lechugas podemos hablar, Juls? Ahora mismo @Mélani.Hernández
—Vamos —nos dice a Blake y a mí, y echamos a andar por, no sé, enésima vez.
Estoy a punto de preguntarle quién es Montaño, pero mi instinto me dice que no abra la boca, y le hago caso.
Salimos a la calle y caminamos hacia el aparcamiento principal en la más absoluta oscuridad.
Deben de ser las once o doce de la noche.
Julián nos abre las puertas de su coche, mete la mochila de Elliot en el maletero y nos invita a entrar.
Llegamos al pueblo en menos de cinco minutos y andamos un par de calles hasta dar con el lugar a donde quiere ir.
Por el camino, me fijo en las cartas del resto de los bares y restaurantes.
Todos tienen menú o copas especiales por ser día de partido de los Jaguars, así que repito: no me extraña que tengan el ego por las nubes.
También me fijo en que Julián escruta con la mirada el interior de uno de los bares, el Shoterfugio, pero no dice nada y pasamos de largo.
Entramos en el elegido y nos sentamos a la mesa del fondo.
Es pequeño e íntimo. Todo de madera clara y con una iluminación dorada muy suave.
De fondo, muy bajito, suena Fighter, de Christina Aguilera.
No me pasa desapercibido que el camarero ha saludado a Julián por su nombre ni que lo mira con una mezcla de respeto y miedo y que le ha lanzado un beso a mi hermano.
Blake se arrastra por la silla, hasta que casi tiene el culo fuera, y cruza los brazos.
—¿Qué haces? —le pregunto.
—Estamos en territorio Jaguars. Si me reconocen, no salgo vivo de aquí. Y si alguno de los míos me ve tomando algo con su entrenador, en plan colegas, después de la que se ha liado hoy, me echan del equipo. Y adiós a mi vida.
Ya será menos… No es consciente ni nada su equipo, y el pueblo entero, de las relaciones que lo unen a los Jaguars, pero Blake es el rey del dramatismo, muy por encima de mí.
Suspiro y me levanto.
—¿Cerveza?
Ambos asienten. Me acerco a la barra y le pido las bebidas al camarero, que me sonríe. Es pelirrojo y tiene los ojos verdes. Me recuerda mucho al actor protagonista de una serie a la que estaba superenganchada mi hermana Fallon.
—¿Primera vez en el pueblo? —me pregunta mientras las prepara.
—Sí.
—Me quedo mucho con las caras, y la tuya me habría sonado. —Me guiña un ojo. Yo estoy a punto de decirle «Cuidado, que se te escapa la cerveza del vaso», pero detiene el cañero en el momento exacto—. Me llamo Xavier.
—¿Cómo el de los X-Men ?
Deja escapar una carcajada. Tiene una sonrisa bonita. Enorme y sincera. Niega al tiempo que coloca las tres cervezas frente a mí.
—Cannon —me presento.
—¿Como las cámaras de fotos?
— Touché.
Sonríe de nuevo.
—Invita la casa —me dice y me guiña el otro.
Dudo mucho que «la casa» sea suya. No le echo más de veinticinco años. Saco diez euros de la cartera y los dejo sobre la mesa.
—Quédate con el cambio —respondo, y le devuelvo el guiño.
Vuelve a reír a carcajadas al mismo tiempo que niega y se sopla un mechón rebelde de la frente. Cojo las cervezas y vuelvo a la mesa.
—Habla —le exige mi hermano a Julián—. ¿Qué hace Cannon aquí?
—Necesito ayuda con el entrenamiento de los chicos y era la mejor opción.
—Y una mierda. Hay algo más.
Exacto. Miro a Julián. Él aprieta la mandíbula y se mantiene en silencio. Entonces me mira.
—Lo único que te puedo decir, con el corazón en la mano —Julián se toca el pecho—, es que no hay nadie mejor que tú para este puesto.
Sabes de hockey, Cannon, y los chicos juegan de puta madre al hockey.
Necesito que me ayudes a sacar lo mejor de ellos.
Necesito que te metas dentro de su juego y los hagas brillar.
Necesito que les enseñes a patinar como solo tú sabes patinar. Eres mejor que todos nosotros juntos.
— Era mejor —aclaro.
—No. Tú… entiendes el patinaje de una manera diferente al resto del mundo, y necesito que mis chicos lo vean igual.
—Elliot y Benji saben patinar mejor qu…
—Elliot y Benji no son todo mi equipo. Hay veintidós jugadores más. Céntrate en ellos y déjame a Elliot y Benji.
—¿No quieres que entrene a nuestros queridos hermanastros? —pregunta mi hermano.
—No en lo que respecta al patinaje. Sí en el resto de sus debilidades.
—¿Reconoces que tus niños mimados tienen debilidades? Guau. ¿Puedes repetirlo para que lo grabe? —Blake simula coger su teléfono—. Esto le va a encantar incluso a Brandon.
Julián lo ignora.
—Elliot y Benji… —suspira—. Elliot y Benji están… faltos…, o como quieras llamarlo.
—¿Defectuosos? —sugiero.
—¿Y Cannon es la pieza que les falta? —pregunta Blake al mismo tiempo.
—Incompletos —me aclara Julián y mira a mi hermano—. Pero tendrá que ser Cannon quien averigüe qué pieza es la que falta.
—¿Por qué? —insiste mi hermano.
—¿Ha sido a propósito o sin querer? —le pregunta Julián.
Blake frunce el ceño.
—¿El qué?
—Ya sabes el qué. ¿Fantoni ha tirado a Benji al hielo a propósito o sin querer?
Blake ríe sin ganas.
—No puedo decírtelo. Y lo sabes.
—Pues yo tampoco puedo decírtelo.
—No me jodas, Juls.
—No me jodas tú, Blaky.
Blake fulmina a Julián con la mirada; odia ese diminutivo de su nombre.
—Júrame que Cannon va a estar bien.
—Cannon tiene voz —digo yo, pero hacen oídos sordos. Tienen el uno la mirada fija en el otro.
—¿No confías en mí o qué?
—Te confiaría mi vida, y lo sabes, pero necesito que me jures esto.
—Te lo juro.
—Bien. ¿Tú quieres entrenar a los Jaguars? —me pregunta Blake.
Suspiro.
—Sí.
—¿Por qué?
—No tengo ni idea.
O sí. La verdad es que sí lo sé. Sé el motivo por el que estoy aquí. Lo sé tan bien que se me acelera el corazón al pensarlo.
—Lo averiguaremos juntos —dice Julián, y mira a Blake—. Y tú da un poco de ejemplo.
—Te involucras demasiado en su vida —responde mi hermano.
—Los entreno desde que tenían catorce años. Son… importantes para mí.
Ahora es Blake el que suspira.
—Podrías habérmelo dicho. Hablamos a diario.
—Necesitaba proponérselo a Cannon primero.
—¿Y papá y Lili lo saben?
—Sí. Lo comenté con ellos antes de llamar a tu hermana.
—¿Lo saben todo?
—Sí.
—Muy bien. Pues nos veremos en la pista.
—Puedes apostar a que sí. Cuatro a cero, Blake. Cuatro a cero.
Blake vuelve a resoplar y da un trago largo a su cerveza. La verdad es que me va a encantar enfrentarme a Blake y machacarlo.
—Putos gatitos… —exclama—. Uno de tus defensas me ha dado un codazo en la nariz. Capullo.
—Tienes una naricita muy propensa al sangrado.
—Que te jodan —lo señala con el dedo—, y a Jon se la pienso devolver. Estáis avisados.
—No te ha dado tan fuerte.
Blake ríe con amargura.
—Dijo el hombre trajeado con sus pelotas bien protegidas detrás de la barandilla. ¿Quieres que vayamos al hielo y te haga una demostración?
Julián sonríe con socarronería.
—Primero tendrías que pillarme.
—Lo haría, créeme. Y, repito, controla a esos gatos tuyos. Lo de hoy…
—Lo de hoy ha sido una vergüenza —digo yo. Los dos me miran con sorpresa—. ¿Qué?
—Los partidos contra tu hermano son complicados —me explica Julián—. Los chicos ya iban calientes antes de salir al hielo.
—Contrólalos.
—Lo intento.
—Si yo fuera tú —le dice Blake—, con Elliot y Jon dejaría de intentarlo. Son un caso perdido.
—Pero Benji tiene posibilidades —responde Julián en un tono que combina la broma y el abatimiento a la perfección.
—Si tú lo dices…
Julián suspira y Blake le da una suave patada por debajo de la mesa.
—Volverá —le asegura—. Elliot volverá. Siempre vuelve.
—No estés tan seguro.
—Lo estoy. Recuerdo a Lili arrastrando a Elliot por el hielo día sí y día también, cuando tenía seis, siete, ocho años.
Lo agarraba por una pierna, con patines y todo, y lo sacaba de la pista bocabajo mientras él intentaba aferrarse al suelo sin éxito.
Nadie se inmutaba. Todos sabían que era lo que tocaba a las ocho de la tarde.
Lili… Lili entraba con zapatos a la pista y ni resbalaba.
—Blake carraspea—. Eran buenos tiempos. ¿Te acuerdas?
—Claro que me acuerdo —susurra Julián.
Y yo. Me acuerdo como si hubiera sucedido ayer. «Cannooon», gritaba siempre Elliot mientras su madre lo sacaba a rastras. Sacudo la cabeza.
—Volverá —afirmo.
Entonces me llega un mensaje al teléfono. Es la respuesta de Benji al que le he enviado yo antes.
Cannon: Julián me ha ofrecido entrenar a los Jaguars.
Dice que me necesita. Supongo que se ha vuelto loco del todo…
No me extraña, con tanto gilipollas a su alrededor.
La balanza se ha inclinado y ha acabado cayendo…
Voy a decir que sí, a ver si lo equilibro de nuevo.
Va a ser mi segundo y último gran acto de caridad por el mundo del hockey.
El primero fue enseñarte a ti a jugar, por si no lo habías deducido.
Benji Pooh: Cuidado no te caigas al entrar.
El hielo resbala.
«Más quisieras, gilipollas».