Capítulo 22
CAPÍTULO
VEINTIDÓS
OWEN
Estoy terminando de hacer la cena, que consiste en los raviolis de espinacas favoritos de papá Logan, cuando James aparece.
—¿Me estás haciendo la cena? —pregunta cuando le abro y olisquea el aire.
Me río.
—¿Cómo lo has sabido?
No tengo corazón para decirle que he cocinado para mi novio, o para mi novio falso, o para mi alma gemela.
Soy consciente de que lo tengo que avisar si se queda mucho rato, porque terminarán por coincidir, pero intento alargarlo todo lo que puedo.
Se quita la cazadora y me sigue a la cocina.
Termino de fregar y recoger todo lo que he manchado mientras él se sirve un plato pequeño y se lo come en silencio.
—¿Cómo estás?
Observo su gesto de preocupación y comprendo por qué está aquí. James sabe lo débil que soy respecto a mis padres.
—Estoy bien, ¿vale? Es decir, tuve un momento de profunda y absurda nostalgia, pero ya se me pasó. Solo fue un lapsus.
Se ríe.
—Eres predecible.
—Así que estabas preocupado por mí.
—No mucho, pero supuse que te vendría bien tener un amigo. Ver algunas pelis o hacer cualquier chorrada que te haga olvidar que ellos no están.
—Gracias. —Lo miro, emocionado, una vez acabo de guardarlo todo.
Lleva ropa cómoda, pantalón de chándal y una camiseta sin mangas, de esas con capucha que tanto le gustan.
También lleva una de las cintas con las que acostumbra a recogerse el pelo cuando está en casa.
A veces se olvida de quitárselas y se avergüenza cuando se lo digo.
No lo hago. Me gusta ver esa faceta suya, desenfadada, relajada y no esa otra tensa que lleva cuando se acerca a mí.
Me pregunto en qué momento cambió lo que sentía por mí, cuándo empezó a verme como algo más.
Quiero preguntarle tantas cosas… Ojalá me atreviera a hacerlo.
Ojalá no sintiera eso por mí. Ojalá no le doliera.
Odio saber que puedo ocasionarle cualquier tipo de daño.
Creo que se da cuenta de cómo lo estoy mirando, porque se centra en relamerse el dedo y cambiar de tema.
—¿Qué ha pasado con tu alma gemela?
La pregunta me pilla desprevenido.
—¿Perdona?
—Vi cómo te ibas con Wright en la fiesta. No sabía que lo conocías.
—Lo conocí en el Soul Finder, te lo dije.
—¿A Wright? —Enarca las cejas—. ¿Como usuario? No sabía que participaba .
Enarco las cejas. No entiendo nada.
—Pero si te lo dije. Te he hablado de Levi.
Mi amigo menea la cabeza. Se inclina hacia delante y apoya los codos en las rodillas.
—¿Qué tiene que ver tu alma gemela con Wright?
—¿Que son la misma persona? —Me río, pero la sonrisa se me borra al verle la cara—. ¿Qué?
—Espera. ¿Me estás diciendo que Wright y tu alma gemela son la misma persona?
—Levi, se llama Levi Wright.
James se levanta. Su mirada consigue que se me forme un nudo en la garganta.
—¿Qué pasa?
—Owen, Wright es el creador de Soul Finder.
No está hablando en serio. Es una broma, tiene que ser una puta broma.
—¿Qué dices? Levi es mi alma gemela. Te hablé de él. Tenemos el cien por cien de compatibilidad. Llevamos meses hablando. Le he presentado a mis padres.
—Tu novio falso —añade mi amigo—. No puedes estar hablando de la misma persona.
—James se coloca delante de mí y me pone una mano en el hombro—.
Owen, conozco a Wright. Es el mejor amigo de Ryder, el tío del que te hablé.
Me he liado un par de veces con él, una de ellas en casa de Wright. Trabajan juntos.
—Pero es mi alma gemela —digo con un hilo de voz. No puede estar hablando en serio—. ¿Dices que es… el creador de Soul Finder? ¿Levi?
Mi amigo asiente en respuesta.
—Pues no me lo ha dicho. —Me rasco la cabeza. Miro a los lados por si se me ha quedado algo por limpiar y veo el plato de James. Me acerco para cogerlo, pero él me sujeta la mano.
—Owen. ¿Me estás diciendo que tu alma gemela, el chico con el que fingías tener una relación delante de tus padres, es el mismo con el que te vi en la fiesta? ¿Wright?
No necesita que le responda. Mi cara habla por sí sola. Mi amigo asiente. Intenta sujetarme, pero yo me aparto.
—Owen. ¿Cuánto hace que os conocéis?
—Casi un año. Cuatrocientas treinta y dos horas de conversaciones. Cien por cien de compatibilidad —repito como un mantra—. Lleva meses viniendo a la cafetería cada mañana, pero no me enteré de quién era hasta que le propuse que fuera mi novio falso.
—¿Te das cuenta de que lo más probable es que Wright supiera quién eres desde el principio? Hablamos de un tipo que puede acceder como administrador y conocer cualquier dato de los usuarios.
Meneo la cabeza.
—Él no haría algo así. Me conoce mejor que nadie. ¿Por qué querría hacer algo así? —No lo puedo entender.
—¿Cuándo apareció en la cafetería?
—Ya te lo dije. Viene a trabajar desde hace meses.
James me acaricia el antebrazo con suavidad. Sabe que necesito aferrarme a algo, sentir que tengo un apoyo. Mierda. Joder.
—Owen —murmura con una voz calmada, apacible, que solo consigue ponerme todavía más nervioso—. ¿No te parece raro que tu alma gemela en Soul Finder se presente en la cafetería y que sea el creador de la aplicación?
Abro la boca para decir que no, que no es raro, que todo es una maravillosa coincidencia, pero la vuelvo a cerrar.
—¿Qué me estás queriendo decir?
—¿Tú qué crees?
—Crees que sabía quién era.
Me sujeta del brazo para acercarme. Me aparto, dolido, con el corazón roto por la pena. No puede ser. No puede. No puede haberme engañado de esa manera.
—No lo creo, Owen. Está claro que lo sabía.
—No lo entiendo. ¿Por qué iba a mentirme?
Nos miramos. No tiene sentido, a menos que solo quisiera jugar conmigo.
Sabía quién era antes de que le pidiera que fuésemos novios falsos.
Lo sabía cuando me acerqué a él, cuando le quité la gorra, cuando lo llamé «borde».
Intento recordar cuándo fue la primera vez que Levi entró en la cafetería, pero lo cierto es que no tengo ni idea.
Un día el borde de la gorra se había adjudicado su sitio y ahí se quedó. Pero él ya me conocía.
—No lo entiendo —repito. Me duele el pecho, las mentiras, la verdad. Mierda.
Salgo de la cocina y mi amigo me sigue hasta el salón.
—Owen.
No le hago caso cuando cojo el teléfono para escribirle. No puedo llamarlo, ni de coña, no me saldría la voz. Y lo nuestro son las charlas por escrito. Ahí es donde yacen mis ilusiones y sus mentiras.
—Owen, no creo que sea buena idea.
—Cállate, ¿quieres? —lo corto.
Él se detiene y me observa mientras le escribo a Levi, mi puñetera alma gemela.
Owen:
¿Dónde estás?
Levi:
Lo siento, estoy terminando de arreglar una cosa. Ahora mismo salgo.
Owen:
Necesito que me respondas a algo.
Levi:
Claro, dime.
Owen:
¿Sabías quién era cuando entraste por primera vez a la cafetería de mi familia?
Levi:
¿A qué viene eso?
Owen:
Dime sí o no.
Levi:
Es que no entiendo la pregunta.
Owen:
Vale, te haré otra pregunta antes.
¿Eres el creador de Soul Finder?
Levi:
¿Quién te lo ha dicho?
Owen:
Así que es verdad.
Levi:
Espera, que te llamo.
Owen:
No. Me lo ha dicho mi amigo James. Al parecer conoce a tu amigo Ryder.
Me conocías. Me has conocido todo el tiempo.
Levi:
Déjame llamarte.
Owen:
No. Por mensaje. Lo nuestro son los mensajes.
Levi:
No es lo que crees.
Es decir, sí te conocía. Pero pensaba que eras un gilipollas integral. Pensaba que me estabas mintiendo.
Owen:
Hiciste trampas.
Se supone que ninguno debe hablar ni buscar ningún tipo de información personal.
¿Qué querías? ¿Ver si estaba bueno para follarme o cómo va el tema?
Levi:
Solo quería verte. No por nada de lo que estás pensando.
Necesitaba ver a la persona en la que no podía dejar de pensar. La persona con la que me acostaba cada noche y que ocupaba gran parte de mi mente.
Owen:
¿Y?
Levi:
Ya sabes lo demás. No me gustó lo que vi, pero me gustó la cafetería, así que seguí yendo, aunque tú fueras una completa decepción.
Owen:
Y, mientras, seguías escribiéndome cada noche como si nada. Dices que te decepcioné, pero seguías siendo el mismo conmigo.
Levi:
Eras completamente distinto. Cuando hablaba contigo por la noche eras esa persona por la que perdía la puñetera cabeza.
Owen:
¿Cuándo pensabas decírmelo?
Creí que hacías videojuegos.
Levi:
Pensaba decírtelo, en algún momento. Tampoco es algo que le vaya contando a todo el mundo.
Y me parecía pretencioso decirte «eh, soy quien tiene el poder» cuando contigo era un usuario más. Solo es una app, Owen, no define quiénes somos ni lo que fuimos para el otro.
Owen:
Lo define desde el momento en el que hiciste trampas en una app que tú creaste tal y como querías.
Dices que no es algo que le vayas contando a todo el mundo, pero no soy todo el mundo. Se supone que soy tu alma gemela. Éramos amigos. Eras importante para mí.
Levi:
¿Era? ¿Por qué cojones hablas en pasado?
Owen:
Porque ya no sé quién eres. Todo tú te has quedado atrás, en el pasado.
Levi:
Joder, Owen. Te prometo que pensaba decírtelo. No es que fuera un secreto.
Owen:
Dime una cosa. Y, por favor, sé sincero.
¿Cuál es nuestra compatibilidad de verdad?
Levi:
El cien por cien. Nunca he mentido sobre eso.
Owen:
No te creo. No me creo nada.
Me mentiste, jugaste conmigo como te dio la gana. ¿Y todo para qué?
Levi:
Técnicamente no te mentí. Nunca me oculté, solo omití que era el creador de la aplicación.
Owen:
Eso en mi idioma es mentir. Dime otra cosa, ¿cómo supiste dónde tenía la cafetería? ¿Cómo supiste quién era?
Levi:
Nunca mentí en la compatibilidad, ¿vale? Y saber quién eres no es tan difícil cuando no dejas de hablar de tus padres, la cafetería librería con sus libros LGTB, y de tu perro.
Owen:
No vale, Levi. No vale nada.
Pensé que eras… No sé lo que pensé. Al final resulta que no sé nada de ti. Mierda.
Levi:
Estoy de camino. Hablaremos en persona, ¿vale?
Owen:
No. He dicho que no vale, joder.
No quiero que vengas. Además, no estoy solo. James está aquí.
Levi:
Me da igual quién esté. Voy a ir igualmente.
Owen:
No quiero que vengas, Levi. Necesito pensar. Necesito que respetes mi espacio, ¿vale? Por favor.
Levi:
Owen, no me hagas esto. Deja que te lo explique en persona.
Owen:
No hay nada que explicar. Creí que eras mi alma gemela. Creí en algo tan absurdo como las almas gemelas. Y resulta que todo era mentira.
Levi:
Lo somos. Siempre lo hemos sido. Yo no he tenido nada que ver con eso. Necesito que me creas.
Owen:
No puedo. Lo siento.
Dilo.
Levi:
No.
Owen:
Si alguna vez te he importado un poquito, necesito que lo hagas. Por favor.
Dilo.
Levi:
Vale, joder.
Respetaré tu decisión si es lo que quieres.
Pero estaré aquí, Owen.
Estaré aquí, ¿vale?
¿Owen?
Por favor, necesito que lo digas.
Por una vez, necesito que seas tú quien lo haga.
Lo siento.
No le respondo. No puedo. Las lágrimas se me caen. Siento tanto que no siento nada. No siento cuando James me envuelve entre sus brazos y permite que me acurruque contra él y llore. Sentir tanto, sentir tan poco. Jamás había entendido lo mucho que se parecen.
—Creí que era él —digo con la voz entrecortada—. No por Soul Finder ni por la compatibilidad. Lo sentía en persona. Me hablaba y me sentía tan bien... Me sentía… —me sorbo la nariz— en casa. Podía ser yo. Sabes lo que me cuesta.
James me abraza contra su pecho. Me besa la frente. Estoy temblando, pero él me quita el frío y la desazón que tengo dentro.
—Lo sé.
—Tampoco es que fuéramos novios de verdad ni nada.
No debería dolerme tanto, ¿verdad? —Se me caen más lágrimas.
Mierda—. Follamos, James. Sabía que me gustaría.
Pero es que me gustó mucho. Y me sentí tan bien…
Cuando me besa es como si todo desapareciera.
¿Alguna vez has sentido eso? Y cuando me toca es como si me contara un secreto, uno muy grande, de los que no le cuentas a nadie porque te avergüenza, pero con esa persona sí puedes porque es especial.
Apoyo la frente en su hombro y lo agarro fuerte de la cintura.
—Lo siento. Soy horrible por decirte todo esto a ti —sollozo—. Soy un egoísta de mierda.
—Shhh, tranquilo. Puedes decirme lo que quieras. Conmigo nunca tendrás que fingir.
—Lo quiero —admito y se me rompe la voz. Hundo la cara en su pecho y lloro con más fuerza.
Mi amigo me lleva al sofá y me sienta a su lado. Zero ladra, gimotea y se acurruca a nuestros pies cuando James lo acaricia y le susurra palabras tranquilizadoras.
—Lo quiero —repito con un hilo de voz cuando pierdo las fuerzas de tanto llorar. ¿Cuánto tiempo llevamos ahí? ¿Cuánto he llorado?
—Lo sé. —Dibuja formas en mi espalda, me acaricia, me besa la frente—. Tranquilo.
—No puedo. No puedo —sollozo—. No puede ser mentira.
—Shhh, estoy contigo.
—Me duele —continúo.
—Estoy contigo.
Y así, en la soledad de mi casa, con mi mejor amigo apartando mi dolor, me abandono al sueño, al sufrimiento y a todo lo que se me vendrá encima una vez abra los ojos.