Capítulo 13 #3
Bobby hizo una mueca y se encogió de hombros de nuevo.
—Susan diría que no me fijo en nada. La última vez que se cortó el pelo, tardé dos días en darme cuenta.
—¿Y quién es Susan?
—Mi novia. —Se corrigió—: Mi exnovia.
—La mencionaste el viernes. Creí que habías dicho que las cosas iban bien.
—Mentí.
—¿Mentiste?
—Sí.
—¿Y eso por qué?
—Porque acababa de conocerte. Porque me sentía incómodo. Porque… Demonios, elige tú. Soy un hombre. A veces mentimos.
A la amable doctora no le hizo gracia esa afirmación.
—¿Y qué sucedió con Susan?
—No lo sé.
—¿Se marchó sin decir nada?
—En realidad, no. —Suspiró y respiró hondo—. Me fui yo.
—¿Te marchaste sin más? A ver si lo entiendo. ¿No has hablado con tu novia sobre el tiroteo?
—No.
—¿Por qué?
—No lo sé.
—Tonterías —dijo la doctora. Él parpadeó—. Eres un hombre inteligente, Bobby Dodge. Más inteligente de lo que te gusta aparentar. Cuando haces algo, es por una razón. Entonces, ¿por qué no hablaste con Susan? ¿No te importaba?
—No lo sé. —Se detuvo. Elizabeth tenía razón; claro que lo sabía—. Pensé que se horrorizaría. En el mundo de Susan, los policías son los buenos, los que mantienen la seguridad. En el mundo de Susan, los policías no le vuelan los sesos a un hombre delante de su hijo.
—Pensaste que no sería capaz de soportarlo.
— Sé que no podría soportarlo.
—Qué increíblemente condescendiente por tu parte.
—Oye, tú has preguntado y yo he respondido.
—Por supuesto. Y te equivocas, para que lo sepas.
Bobby se irguió.
—¿Qué clase de doctora eres?
—Bobby, voy a preguntarte algo y no quiero que respondas de inmediato.
Quiero que lo pienses muy bien antes de decir nada.
¿Es en el mundo de Susan donde los policías son los buenos o es en el mundo de Bobby?
¿Es en el mundo de Susan donde los policías no le vuelan los sesos a nadie o es en el mundo de Bobby?
Me dijiste que estabas enfadado. Pero, Bobby, ¿no estás también horrorizado?
—Él bajó la mirada hacia la alfombra. No dijo ni una palabra.
»Has comentado varias veces que disparaste a Jimmy Gagnon delante de su hijo. Eso parece molestarte mucho. ¿Con quién te identificas en esa situación? ¿Te molesta que el poderoso padre muera delante de su hijo o te molesta que el niño indefenso vea morir a alguien a quien quiere?
Él mantuvo la mirada fija en la alfombra.
—¿Bobby? —insistió ella.
Por fin levantó la vista: —Creo que no quiero hablar más de esto.
Bobby se puso la chaqueta y se enrolló la bufanda antes de volver a hablar.
—¿Crees que el juez Gagnon podría tener razón?
Elizabeth estaba apoyada en el borde de la mesa de su recepcionista, observando cómo su paciente se abrigaba. Se sentía muy frustrada.
—No tengo ni idea.
—Me cuesta imaginar que una mujer haga daño a su hijo solo para llamar la atención.
—El síndrome de Munchausen por poderes no es muy común, pero he leído estimaciones de hasta mil doscientos casos nuevos al año.
—¿Cuáles son los signos de alerta?
—Un niño con un historial prolongado de enfermedades inusuales, en las que la sintomatología no cuadra. Un niño cuya salud es un ciclo prolongado de estar bien una semana y gravemente enfermo la siguiente. Una familia con antecedentes de síndrome de muerte súbita infantil.
—Hoy he hablado con el médico de Nathan Gagnon —dijo Bobby de repente—. No tiene un diagnóstico definitivo para el niño.
Elizabeth se quedó callada un momento. Luego preguntó: —¿Crees que ha sido una buena idea?
Bobby la miró.
—He ido. Sea buena idea o no, ya no importa.
—¿Qué estás haciendo, Bobby?
—Me estoy poniendo la bufanda.
—Ya sabes a qué me refiero.
—Los Gagnon me han demandado por asesinato. ¿Te lo ha dicho alguien? Están utilizando alguna maniobra legal sofisticada para acusarme de haber matado a su hijo. Si soy sincero, doctora, no creo que el concepto de «buena idea» se aplique ya a mi vida.
—Que te acusen de asesinato debe ser muy difícil de digerir.
—¿Tú crees?
Ella se negó a dejarse arrastrar por su sarcasmo.
—Bobby, lo que ocurrió el jueves por la noche fue una tragedia horrible. Para ti. Para los Gagnon. Para el pequeño Nathan. ¿De verdad crees que hay algo que puedas descubrir ahora que te haga sentir mejor por haberle disparado a un hombre?
Bobby la miró a los ojos. Había una expresión en sus iris gris pizarra que ella no había visto antes. La dejó sin aliento. Le heló hasta los huesos.
—Voy a atraparla, doctora —dijo en voz baja—. Si le está haciendo daño a ese niño, si me tendió una trampa para que matara a su marido… Catherine Gagnon puede pensar que sabe cómo tratar a los hombres. Pero nunca ha conocido a alguien como yo.
Terminó de anudarse la bufanda.
Elizabeth suspiró y negó con la cabeza. Había cosas que quería decirle, pero ya sabía que no serviría de nada.
No estaba dispuesto a escuchar. A lo mejor Bobby aún no lo entendía del todo, pero ella sabía muy bien con quién se identificaba la noche del tiroteo, y no era con el padre que empuñaba el arma.
—No eres responsable de Nathan Gagnon —murmuró Elizabeth en voz baja, pero él ya había salido por la puerta.