Sola (D.D. Warren 1) Capítulo 13 #2
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Capítulo 13 #2

La expresión de la doctora seguía impasible.

Tras un momento, Bobby soltó a regañadientes la mesa.

Se sentó de nuevo, cogió la lata de Coca-Cola y la hizo girar entre los dedos.

Sentía un ligero cosquilleo en el pecho.

Le faltaba el aire. Tenía un ataque de pánico.

Maldita sea, estaba cansado de sentirse así, como si el mundo se hubiera alejado de él, como si nunca fuera a volver a sentir que tenía el control.

—El juez Gagnon obtuvo mi nombre a través de un colega. Vino en busca de información específica sobre un fenómeno psicológico. Quizá lo hayas oído nombrar: el síndrome de Munchausen por poderes.

—Mierda —dijo Bobby.

—El juez me habló un poco sobre su nuera, Catherine.

Quería saber si alguien con sus antecedentes podría encajar en el perfil de una persona capaz de padecerlo.

Vamos, que quería que yo le dijera, sin haberla visto, si Catherine falseaba las enfermedades de su nieto o si enfermaba aposta al niño para llamar la atención.

—¿Y qué le dijiste?

—Que no era mi área de especialización. Que, por lo que yo sabía, no existía un perfil para el síndrome de Munchausen. Que, si de verdad creía que su nieto estaba en peligro, debía buscar ayuda profesional de inmediato y considerar emprender acciones legales para separar al niño de su madre.

—¿Va a hacerlo?

—No lo sé. Anotó el nombre de la persona que le recomendé y me agradeció mi tiempo.

—¿Cuándo fue eso?

—Hace seis meses.

—¿Hace seis meses? ¡¿ El hombre buscó asesoramiento profesional porque temía por la seguridad de su nieto y no hizo nada al respecto durante seis meses?!

—Bobby —señaló ella en voz baja—, no sé qué ocurría en esa casa. Más concretamente, t ú no sabes qué ocurría en esa casa.

—No —dijo él con amargura—. Solo aparecí como juez y jurado y disparé a un hombre. Mierda. Solo… mierda.

Elizabeth se inclinó hacia delante. Su expresión era amable.

—La otra noche, Bobby, hiciste una observación muy aguda. Dijiste: « La información es un lujo que las unidades tácticas no tienen». ¿Lo recuerdas, Bobby?

—Sí.

—Y lo que es más importante, ¿sigues creyendo eso, Bobby?

—Hay un hombre muerto. ¿Es una buena excusa decir que es porque no sabía nada de todo esto?

—No es una excusa, Bobby. Es una realidad.

—Sí. —Aplastó la lata de Coca-Cola—. Qué mierda.

Elizabeth revolvió algunos papeles en su escritorio. El silencio se prolongó.

—¿Hablamos de tu familia? —preguntó ella.

—No.

—Bueno, entonces, ¿hablamos del tiroteo?

—Ni hablar.

—De acuerdo. Hablemos de tu trabajo. ¿Por qué eres policía?

Él se encogió de hombros.

—Me gustaba el uniforme.

—¿Algún otro miembro de tu familia trabajaba en las fuerzas del orden? ¿Amigos, socios, parientes?

—La verdad es que no.

—Entonces, ¿eres el primero? ¿Vas a empezar una nueva tradición familiar?

—Así soy yo. Un rebelde. —Seguía beligerante.

Elizabeth suspiró y tamborileó con las uñas sobre la mesa.

—¿Qué te llevó a ser policía, Bobby? De todos los trabajos que hay en el mundo, ¿cómo acabaste en este?

—No lo sé. Cuando era niño, pensaba que sería astronauta o policía. Lo de astronauta era un poco más difícil de conseguir, así que me hice policía.

—¿Y tu padre?

—¿Qué pasa con mi padre? A él le parece bien.

—¿A qué se dedicaba?

—Era conductor de maquinaria pesada para Gillette.

—¿Y tu madre?

—No lo sé.

—¿Alguna vez le preguntas a tu padre por tu madre?

—Hace mucho tiempo que no. —Dejó la lata aplastada y miró a la doctora—. Estás haciendo preguntas sobre mi familia.

—Así es. Vale, te hiciste policía porque lo de astronauta te parecía un poco descabellado. ¿Por qué en un equipo táctico?

—Por el reto. —Lo dijo sin dudar.

—¿Querías ser francotirador? ¿Siempre te han gustado las armas?

—Nunca había disparado un rifle.

Por fin la había sorprendido.

—¿Nunca habías disparado un rifle? ¿Antes de unirte a la Unidad de Operaciones Tácticas Especiales?

—Sí. Mi padre colecciona armas y hace algunos trabajos personalizados por encargo. Pero son pistolas y, la verdad, a mi padre no le gusta mucho disparar, solo le gusta trabajar con ellas. La maquinaria. La belleza de una pieza bonita.

—Entonces, ¿cómo te convertiste en francotirador?

—Se me daba bien.

—¿Se te daba bien?

Él suspiró.

—Para entrar en el equipo táctico tienes que superar pruebas de manejo con diferentes armas. Cogí el rifle y se me dio bien. Practiqué un poco más y acabé obteniendo la máxima calificación. Así que mi teniente me preguntó si quería ser francotirador.

—¿Tienes talento natural con las armas?

—Supongo. —Sin embargo, esa idea lo incomodaba. Se corrigió de inmediato—. Ser francotirador no es solo disparar. El título oficial es francotirador-observador.

—Explícamelo.

Bobby se inclinó hacia delante y abrió las manos.

—Bien, una vez al mes voy al campo de tiro para asegurarme de que mis habilidades técnicas están a la altura.

Pero, en el trabajo de campo real, las posibilidades de que me pidan que dispare el arma son de una entre mil; joder, quizá de una entre un millón.

Te entrenas para estar preparado. Pero, día tras día, lo que hago en el trabajo es observar.

Los francotiradores son personal de reconocimiento.

Usamos nuestras miras telescópicas o prismáticos para ver lo que nadie más puede ver.

Identificamos cuántas personas hay en la escena, qué llevan puesto, qué hacen. Somos los ojos de todo el equipo.

—¿Te entrenas para eso?

—Todo el tiempo. Ejercicios KIM, cosas así.

—¿Ejercicios KIM?

—Sí, KIM. Como en Kim . No recuerdo qué significa.

Es el título de una novela de Rudyard Kipling o algo así.

Se trata de observar. Sales al terreno y el instructor te da sesenta segundos para encontrar diez cosas y describirlas.

Coges los prismáticos y empiezas. —Señaló la lata de Coca-Cola—.

Veo lo que parece ser una lata de refresco aplastada; parece nueva, roja y blanca, probablemente Coca-Cola —la inclinó hacia un lado—, probablemente vacía.

O veo algo que parece ser un trozo de cable, de unos cuarenta y cinco centímetros de largo con revestimiento verde.

Parece cortado por un extremo y puedo ver el núcleo de cobre, sucio. Ese tipo de cosas.

Elizabeth lo miró con desconcierto.

—Así que estás entrenado para fijarte en todo. ¿Eso te vuelve loco en la vida real? ¿Fijarte en todos los insignificantes detalles de todos los sitios a los que vas?