Epílogo
Esta historia escrita cuando el tiempo libre y la inspiración se conjugan supone una puesta sobre blanco de la realidad actual: el enfrentamiento y polarización de la sociedad que este país sufre desde hace años.
Este clima de crispación desemboca en un mar en el que hoy día el insulto y la descalificación por unas ideas son bandera y donde el pacto entre contrarios es menospreciado y ninguneado por unos y otros.
Frente a toda esta regresión a tiempos oscuros en los que esta historia se sitúa y que sirve de marco para el desarrollo de la historia, se encuentra un factor mucho más importante que supera y debe superar cualquier diferencia social: el amor.
Sin entrar en el significado que la cristiandad, religión bajo cuyo manto esta sociedad ha evolucionado a lo largo de los siglos, ha dado al concepto “amar”, debo argumentar que para mí existen dos conceptos que a veces van de la mano y otras chocan entre sí: querer y amar.
El hecho de querer implica en no pocas ocasiones un acto de posesión de la otra persona.
Querer cambiar aquello que no nos gusta de aquel por lo que nosotros buscamos que sea.
En cambio, amar, dentro de los parámetros fundamentales de la confianza y el respeto, supone aceptar al otro tal como es.
Haciendo que aquello que nos molesta o nos hace mal de la otra persona sea dicho -comunicado- y que varíe en tanto la otra persona se percate de ello y que los dos amando sinceramente no coarten su forma de ser por el otro.
Esa simbiosis es una alquimia muy difícil de lograr.
Amar, sobre todas las cosas. Aceptar al otro, con sus virtudes y defectos.
Emprender un camino vital en el que las aptitudes de ambos se aúnan con un fin común: sobrevivir en una vida que no para de poner obstáculos.
No hace falta poner más piedras en el camino, vienen solas. Cómo afrontarlas define a cada uno.
Es importante que en ese camino la lealtad y la honestidad sean palpables.
La confianza plena en el compañero cuando el enemigo ataca sin cuartel multiplica la fuerza con la que uno puede encarar la adversidad.
En cambio, la desidia provoca que esa simbiosis de la que hablaba anteriormente se carcoma hasta el límite de la putrefacción.
Este libro no trata de desenterrar ningún odio descarnado, todo lo contrario.
Busca dar luz en la oscuridad. Un halo de esperanza en el desasosiego para que cuando parezca que todo está perdido, que no hay un mañana y que la distancia es infinita o el hastío asome, tratemos en nuestro interior los puntos comunes con el otro.
Aquello que nos une y nos hace más fuertes, aquello que nos ayuda a seguir en primera línea del frente, dando la batalla.
Una de las claves para encontrar esa luz es no tratar de dar respuesta a todo tras horas de análisis reflexivos donde lo único que conseguimos es infligirnos más dudas ante las infinitas respuestas que nuestra mente es capaz de generar y donde solo una, a veces ninguna, es la correcta.
A veces basta con cerrar los ojos, situarnos ante aquello que nos provoca desazón y sentir lo que ese músculo caprichoso que late ingobernable nos desvela: esa será la respuesta a la que debemos hacer caso.
No debemos tener la balanza siempre en equilibrio, no es posible. La balanza siempre está en constante movimiento y debe estarlo. Porque cuando la balanza está quieta, no avanzamos.
La balanza se mueve, debe.
La balanza quieta, aprieta.
Avanza, suelta, mueve.
Sí, efectivamente querido lector, este es un libro de amor.