Sobrevivir al motero (Serie Gold Vipers MC nº 2) Capítulo cuarenta y cuatro
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Capítulo cuarenta y cuatro

Raptor

—Vaya, pensé que le iba a dar un infarto cuando le contamos lo del bebé —le dije a Adriana mientras íbamos hacia mi casa después de cenar.

—La verdad es que lo tomó mejor de lo que pensaba.

—Al menos me dejó quedarme —bromeé—. Seguro que fue el pastel lo que me salvó. Menos mal que lo hice.

—Le encantó el pastel.

—Ya lo vi. Ahora está comiendo mejor, ¿no?

Adriana asintió.

—¿Te ha contado algo de sus dolores de cabeza o de lo que le dijo el médico?

—Hemos estado las dos tan ocupadas, con el trabajo y las compras, que se me olvidó volver a sacar el tema. Aunque parece que está mejor.

—Si fuera importante, seguro que te lo diría.

—Eso espero. Se lo voy a preguntar en cuanto llegue a casa, seguro.

—¿Y quién ha dicho que voy a dejarte ir a casa? —dije, y solté una carcajada malévola.

—Te cansarás de mí en un par de días —rio Adriana.

—Nunca me cansaría de ti. A menos que intentes cocinar para mí otra vez. A lo mejor tengo que echarte, solo para evitar que mi casa acabe en llamas.

El otro día, Adriana había intentado preparar el desayuno y había prendido fuego a un trapo de cocina. Todavía no sabía cómo lo había logrado, pero habíamos decidido que cocinar no era lo suyo.

—Lo siento —dijo con una sonrisa avergonzada—. Ya te lo dije, no se me da bien ese tipo de cosas.

—No pasa nada. Lo tuyo es el dormitorio. Yo encantado de usar mis habilidades en la cocina.

—Las tuyas están en las dos.

Le cogí la mano, la del anillo de compromiso, y se la besé. —Me alegra que pienses eso.