Capítulo cuarenta y dos
Adriana
Aunque mi madre se tomó sorprendentemente bien la noticia de nuestra boda, no le contamos lo del embarazo. No quería que pensara que nos casábamos solo porque estaba embarazada, sobre todo después de la conversación que tuvimos con ella en la tienda.
—Se nos olvidó decirle que te ibas a mudar conmigo —dijo él después, mientras nos montábamos en los coches.
—Sobre eso... —dije—. Creo que deberíamos esperar unas semanas.
—¿Por qué?
Le conté que se había desmayado en la tienda. —Dijo que también había ido al médico por los dolores de cabeza.
—¿Y qué le dijo?
—No lo sé. Le quitó importancia.
Suspiró. —Pero te quedarás a dormir esta noche, ¿verdad?
—Claro —dije—. Le contaremos lo de mudarnos juntos en Nochebuena. Va a preparar la cena. Estás invitado, por cierto. A no ser que tengas otros planes.
—Este año, mis planes son contigo —dijo, estrechándome entre sus brazos.
—¿Y tu abuela? —Todavía no la conocía. Solo sabía que vivía en Florida con su «Viejo» y que viajaban mucho en moto.
—Ahora mismo está de crucero —dijo—. Pero hablé con ella hace un par de semanas y le hablé de ti. Quiere que vayamos a verla pronto. ¿Quizás después de las fiestas?
—Claro. Me encantaría conocerla. Es la madre de tu madre, ¿verdad?
—Sí. —Me contó que su madre se había presentado en su puerta esa misma mañana.
—¿Qué quería?
Me resumió la conversación. Cuando llegó a la parte de los Devil's Rangers, solté un grito ahogado. —¿Hay un «contrato» sobre ti?
—Por lo que sé, lo han cancelado —dijo con una sonrisa de suficiencia.
—¿Cancelado?
Me habló de Bastard y April.
—¿Crees que ella lo buscó a propósito? —pregunté sorprendida.
—Desde luego —respondió sonriendo—. Pero él lo sabe y parece que le da igual.
—Entonces supongo que eso nos ha beneficiado a todos —dije aliviada de que el Capítulo Madre por fin estuviera interviniendo—. ¿Eso significa que ya no tenemos que preocuparnos por los Devil's Rangers?
—De momento. Al menos por ese Capítulo.
—Ellos también tienen un Capítulo Madre, ¿no? —pregunté.
—Sí.
—¿Qué harán?
—Ni idea.
—¿Podrían tomar represalias?
—Es probable.
—Esto es de locos —dije frustrada—. Tengo la sensación de que siempre va a haber alguna amenaza sobre nosotros.
—No pienses así. No va a ser así. Nos casaremos, tendremos a este bebé y viviremos para ver a nuestros nietos hacer lo mismo. Joder, no debería haber abierto la boca. Los Devil's Rangers no merecen que te preocupes por ellos.
Sabía que lo decía para que no me preocupara, pero no era ingenua. Nuestras vidas seguían en peligro y siempre sería así mientras existieran los Devil's Rangers.
—Le prometí a tu madre que te protegería, y lo haré —dijo, volviéndome a estrechar entre sus brazos—. Solo no me apartes nunca de tu lado, Gatita.
—No lo haré, Trevor. —Cerré los ojos y dejé que me abrazara. Por muy preocupada que estuviera, lo amaba y jamás me alejaría. Esta era ahora mi vida y no había vuelta atrás.