Capítulo treinta y tres
Raptor
—Todo va a salir bien —le dije, con una mezcla de miedo y orgullo de que la mujer que amaba estuviera esperando un hijo mío.
—No —sollozó—. Lo siento mucho. Quizá deberíamos interrumpir el embarazo.
—¿Qué? No. Ni hablar —le dije, horrorizado de que siquiera lo hubiera sugerido—. ¿Cómo puedes decir eso?
—No lo decía en serio —dijo, sorbiéndose la nariz—. Solo quería ver cómo reaccionabas.
Solté un gemido. Las mujeres y sus juegos.
—Lo siento —repitió—. Estaba tomando la píldora. De verdad que sí. O sea, lo intenté, ¿sabes?
—Todo va a salir bien —dije, tranquilizándonos a ambos—. Va a funcionar. Nos casaremos, te vienes a vivir conmigo y cuidaremos del bebé juntos. Dejarás la universidad y serás madre a tiempo completo.
—¿¡Dejar la universidad!? —chilló—. No puedo dejar la universidad.
—Vale, está bien también. No dejes la universidad. Ya nos las arreglaremos con esta mierda. Tranquilízate.
—No me lo puedo creer —murmuró, sonándose la nariz—. Soy demasiado joven para tener un hijo. ¿Con veintiún años?
—¿No tiene tu amiga uno? —pregunté, recordando que me lo había contado—. Quizá pueda darte algún consejo.
—Sí, Monica. —Empezó a llorar de nuevo—. ¿Qué vamos a hacer? No podemos permitírnoslo ahora mismo. Tú mismo dijiste que...
—A la mierda lo que dije. Los tíos siempre dicen eso porque saben lo que cuestan los críos y les quita dinero para sus caprichos. No te preocupes, Kitten, podemos con esto.
—¿Podemos?
—Podemos —insistí.
DESPUÉS DE COLGAR con Adriana,
llamé a Tank y le di la noticia.
—No me jodas. Acabas de empezar a asimilar que no ibas a ser padre. Debes de estar cabreado.
—No estoy... cabreado —dije—. Quiero a Adriana. Lo sabes. Así que vamos a tener un bebé antes de lo que queríamos. Es lo que hay.
—¿De verdad quieres tener hijos? —preguntó Tank, sorprendido.
—Sí, claro que sí. ¿Tú no?
—Quizá cuando tenga sesenta —dijo, riéndose—. Tendré que empezar a pensar en quién va a cuidar de mí cuando llegue a esos años dorados. Hasta entonces, me pongo chubasquero cuando estoy en las trincheras.
—Los chubasqueros pueden tener agujeros.
—Entonces quizá empiece a ponerme dos —dijo—. O me quedaré en la retaguardia, donde es seguro.
Me reí y negué con la cabeza.
—Solo te estoy vacilando —dijo Tank—. Enhorabuena, hermano. Me alegro por los dos.
—Gracias. Te lo agradezco.
—Entonces, ¿ahora le vas a poner un anillo en el dedo?
—Por supuesto. Quiero hacer esto bien.
—Asegúrate de comprárselo a Vanda, o se va a cabrear muchísimo.
—Se va a cabrear pase lo que pase —dije, sin muchas ganas de tener esa conversación.
—Ya se le pasará. Por cierto, ¿cómo se llamaba esa tía que ayudó a Adriana y a Brandy a escapar? La de las tetas grandes.
—Creo que se llamaba April —dije—. ¿Por qué?
—Puse las noticias cuando llegué a casa, y al parecer han encontrado asesinado a su hermano. Reconocí una foto de ella cuando la sacaron en pantalla. La buscan para interrogarla.
—¿En serio?
—Sí. April se fue de Hayward, ¿no?
—Se fue la noche que escaparon. Por lo que dice Adriana, ya estaba harta de Mud y del resto de los Devil's Rangers.
—Deben de estar intentando encontrarla.
—Eso mismo pienso yo.
—¿Crees que culpan a April de que volaran el club?
—No, estoy seguro de que saben que estuvimos involucrados nosotros.
—Sí. Tienes razón. Bueno, sabes tan bien como yo que van a tomar represalias de nuevo. En cuanto se reorganicen. Joder, me sorprende que no lo hayan hecho ya.
—¿Nadie vio nada fuera de lo normal mientras estábamos fuera?
—No. Nos informaban cada día. Nada extraño —dijo Tank.
No todos los miembros de nuestro club nos habían acompañado a Maui para la boda de Slammer, incluidos tres prospectos que tenían garantizada la entrada al club tras ofrecerse voluntarios para vigilar la sede, así como la de Griffin.
También habían contratado seguridad adicional de refuerzo, porque Slammer sabía que los prospectos todavía eran novatos y podrían subestimar a nuestro enemigo.
—Será mejor que vigiles de cerca a Adriana —dijo Tank—. ¿Tiene pistola?
—No creo —respondí, recordando la noche en que se puso histérica cuando le apunté con un arma al imbécil que había intentado violarla.
—Debería. Quizá esté más abierta a llevar una después de lo que pasó en Hayward.
—Hablaré con ella.
—¿Y Brandy? ¿Adónde desapareció?
—Creo que fue a casa de su madre. No he hablado con ella desde que se mudó.
—Ella también podría estar en peligro. Las tres chicas necesitan protección. ¿Alguien sabe adónde fue April?
—No lo sé. Adriana ni siquiera estaba segura. Si mal no recuerdo, April mencionó que iría al sur, pero no creo que supiera realmente adónde iba.
—Alguien la localizará a menos que haya conseguido una identificación nueva. Lástima, era una chica preciosa —suspiró—. Debería haberle pedido el número. Podríamos haberla advertido.
—Me sorprende un poco que no lo hicieras.
—Estaba agotado en ese momento. No pensaba con claridad.
—Justo la única vez que deberías haber pensado con la polla, y no lo hiciste.
—Me aseguraré de que la próxima vez piense más duro —se rio de su propio juego de palabras.
Solté un gruñido y miré el reloj. Eran casi las once y todavía arrastraba el jet lag.
—Me voy a la cama. Te veo mañana en el club. ¿Sobre las diez?
—Tenemos reunión a las tres. Lo sabías, ¿no?
—Sí. Slammer ya me lo dijo.
—Puedes darles la noticia a todos. Lo del crío.
—Quizá esperemos hasta que esté más avanzada. Por si hay algún problema —dije.
—¿Qué tipo de problema?
—Ya sabes. Como un aborto espontáneo o algo así.
—No va a tener un aborto espontáneo —dijo Tank—. Adriana parece una mujer fuerte. Solo sé más delicado cuando os revolquéis.
Se me abrieron los ojos como platos.
—¿Eso es un peligro?
—Creo que sí. Espera, se supone que debes ser delicado en el último trimestre.
—¿Qué es un trimestre? —pregunté.
Me lo explicó.
—¿Cómo demonios es que tú, precisamente tú, sabes de estas cosas? —le pregunté.
—Estaban hablando de ello en un programa llamado «The Doctors».
—Déjame adivinar, ¿televisión diurna?
—Sí.
—Hermano, tienes que levantarte más de ese sofá.
—Lo creas o no, estaba en mi elíptica cuando lo vi —respondió, riéndose.
—¿Cuándo te compraste una elíptica?
—Hace unas semanas. Oye, me está llamando otra persona. Hablamos mañana.
—Me parece bien.
Después de colgar, llamé a Slammer, preocupado por la seguridad de Adriana.
—Te has enterado, ¿eh?
—Sí —dije—. Obviamente, son los Devil's Rangers.
—No lo sabemos con certeza y le dije a Tank que no sacara conclusiones precipitadas, pero ya lo conoces.
—Entonces, ¿no crees que estén involucrados? —dije, sorprendido de que él no estuviera demasiado preocupado. Slammer era el que solía sacar conclusiones precipitadas.
—No lo sé, pero cuando los miembros restantes del Capítulo de Mud intenten vengar la muerte de Mud, vendrán a por nosotros.
—Y a por nuestras mujeres —murmuré.
—Las están vigilando ahora mismo. Si alguno de ellos cruza la frontera de Iowa, recibiré una llamada.
—Bien.
—Ahora, deja de preocuparte y duerme un poco.
—Nos vemos en la reunión mañana.
—No llegues tarde —dijo, y colgó.