Sobreviviendo en el mundo gay 1. Descubre quién eres
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Sobreviviendo en el mundo gay

Sobreviviendo en el mundo gay

Por Adrian Chico

© inepub.com

1. Descubre quién eres

DESCUbrE QUIÉN ERES

El objetivo de este capítulo es construir una visión global del proceso por el que pasa un chico homosexual desde el inicio de su vida , atendiendo a los detalles y sentando las bases de muchas instancias que veremos más adelante.

En general, tendemos a ser reduccionistas y pensar que el gay solamente sufre o empieza su camino en el momento en el que se desarrolla su sexualidad, es decir, la adolescencia.

Muchas veces los profesionales se centran en esto, y el resto de la gente que no lo vive en primera persona no alcanza a entender la magnitud de lo que sucede .

La desaprobación empieza en casa

Nos dan una sola opción y todas las preguntas que nos hacen nos acorralan para tener que seguir ese único camino.

Recuerdo cuando tenía cinco años que al volver de clase me preguntaban: «¿Te gusta alguna niña del cole?

», y a mí en aquel momento sí me gustaba una (o eso creo), pero sé de otros chicos que ya se fijaban en niños de su clase a esa edad.

¿Cómo entiende tu cabeza y empieza a sentirse cuando ni siquiera es una opción posible aquello que te está pasando ?

¿Qué habría pasado en mi caso si me hubieran preguntado por un chico?

Puede que nunca lo sepa, pero lo que sí sé es lo que me cuentan mis pacientes, que, cada vez que en su inocencia decían que les gustaba un niño, sus padres los corregían, ponían miradas de desaprobación y les decían que eso no podía ser, que no se referían a los amigos .

Desde el minuto uno en el que vienes al mundo tu principal referencia de lo que es una pareja se está construyendo lejos de lo que va a ser tu pareja en un futuro, por desgracia.

Ya desde ese momento, y de muchos otros similares en los que mostramos actitudes que quizá se salen de lo que se espera de un «niño» —como pedir una muñeca, bailar de forma femenina o ponerse los zapatos de mamá—, recibimos una mirada de desaprobación (generalmente del padre) que no entendemos muy bien qué significa ni llegamos a comprender el porqué, pero sí sabemos que estamos haciendo algo «mal» de lo cual nuestro padre se avergüenza.

De hecho, esto influye en nosotros mucho más de lo que pensamos.

Si has leído mi primer libro, Tu camino hacia el amor , sabes que me encanta hablar del apego.

John Bowlby y Mary Ainsworth, en su teoría del apego, sostenían que los seres humanos necesitamos crear vínculos seguros con nuestras figuras de referencia para poder desarrollar una autoestima saludable, seguridad emocional y una buena capacidad de vinculación en la edad adulta.

En el caso de los niños gais, aunque muchos padres no sean explícitamente homófobos o ni siquiera sepan que sus hijos son gais, pueden, como decíamos, proyectar reproches o incomodidad al niño cuando este muestra signos que no se ajustan a las normas de género .

En ocasiones ese rechazo puede ser muy sutil y casi imperceptible, como una mirada cómplice entre los progenitores, un silencio o una cara de desprecio, pero en otras puede ser más agresivo y explícito como «No seas maricón» o «Eso no es de hombres, hijo».

Y, aquí, el niño toma dos mensajes claros:

Debo ser de una cierta manera si quiero que me quieran.

Si me muestro como me sale ser, mi vínculo con mis padres peligra.

Y todo esto crea una gran disonancia emocional , porque por un lado el niño necesita el amor de sus figuras de apego para sobrevivir emocionalmente, pero por otro también necesita ser auténtico y sentirse libre para explorar y desarrollarse .

Así, desde ese momento, el niño empieza a controlar sus comportamientos, reprimir sus gustos e internalizar un sentimiento de vergüenza hacia sí mismo.

• Disonancia emocional: es un concepto introducido por Arlie Russell Hochschild en 1953 (en su libro The Managed Heart ), que describe la incongruencia entre la emoción que una persona siente internamente y la emoción que «debe» expresar externamente, ya sea por exigencias familiares, sociales, laborales o relacionales.

Es, por ejemplo, ese trabajador que se siente deprimido, agotado y exhausto, pero debe sonreír al cliente porque trabaja de cara al público.

Además, diversas investigaciones muestran que esta disonancia tiene consecuencias psicológicas, tales como agotamiento emocional, estrés, ansiedad, depresión y sensación de inautenticidad acompañada de la pérdida de identidad.

Recuerdo que una vez, de niño, estaba sentado con las piernas cruzadas y alguien me dijo que eso era de chicas, que debía sentarme de otra manera para ser más masculino.

Desde ese día, cada vez que me sale de forma natural cruzar las piernas, me viene a la mente ese mensaje taladrando mi cabeza y haciéndome sentir incómodo.

Hoy en día me siento como me da la gana, pero inevitablemente viene ese pensamiento , y es una experiencia que comparto con muchos amigos cercanos.

Todo esto a largo plazo puede provocar:

• Desconexión emocional: cuanto menos expresivo seas, correrás menos riesgo y recibirás menos críticas o rechazo. Al final acabas viviendo en lo que yo llamo la «fase de páramo», en la que te encuentras como muerto en vida, anestesiado.

• Homofobia interiorizada: hace referencia al proceso de aprendizaje por el cual una persona LGTBQ+ adopta y dirige hacia sí misma actitudes, prejuicios y estigmas negativos de la sociedad hacia la homosexualidad.

En esencia, es odiar profundamente tu parte más real, sensible o vulnerable porque la has asociado a algo negativo y que genera el rechazo de la gente que quieres.

• Dificultades de vinculación: se trata de un miedo atroz a mostrarse como uno es al mundo porque, en primer lugar, no hay práctica previa y, en segundo, no has podido explorar quién eres y no tienes ni idea de cómo saberlo.

¿Cómo muestras tu yo real si nunca has tenido la libertad de poder experimentar al cien por cien con tu personalidad?

Más adelante, en el capítulo dedicado a la familia, exploraremos por qué la relación con el padre en los homosexuales suele ser tan conflictiva, y por ello se aborda en terapia; pero como ves nada es casualidad y todo se construye a partir de pequeños momentos en la infancia.

Así, ya desde pequeño, el niño gay va construyendo su vida sin pararse a pensar en cosas que el resto de sus iguales heterosexuales sí piensan.

Quizá con siete años no tienes una sexualidad desarrollada, pero sí pueden haberte gustado varias personas de tu entorno e incluso pueden haberte dado un primer beso.

De hecho, Alejandro Villena —psicólogo experto en adicción a la pornografía (y profesor mío en la universidad)— apunta en su libro ¿POR qué NO?

: Cómo prevenir y ayudar en la adición a la pornografía que la edad media en la que se comienza a ver porno en la actualidad es, por desgracia, a los ocho años.

Aunque está claro que un cerebro de entre siete y diez años no tiene la capacidad analítica y el insight para cuestionarse a sí mismo, es adecuado buscar opciones fuera de las que te han ofrecido y entender (a pesar de los comentarios) que no tiene nada de malo ser diferente y comunicarlo .

Es una locura pensar que un niño ha de tener esa capacidad cuando muchos adultos ni siquiera lo consiguen, ¿verdad?

Y, con esto, muchos niños censuran todo ese lado de sí mismos , fingiendo desinterés por el amor o la sexualidad, o repitiendo discursos que les convienen para sobrevivir como «Odio a las chicas» o «Todas son iguales, soy muy joven para eso», intentando aguantar el máximo de años posibles sin explorar esa parte de su vida.

En el lado opuesto, puede existir un refugio en el porno , que lleva a la masturbación compulsiva y al deterioro del concepto de vinculación.

Crecer con falta de referentes

Cuando el niño llega a la adolescencia la cosa se complica mucho más.

Es importante aclarar que la orientación sexual no va ligada a con quién te acuestas o a la experimentación propia de la edad .

Digo esto porque es bastante común que probemos cosas en esas edades en las que intentamos encontrar nuestra identidad y descubrir quiénes somos, lo cual no tiene nada de malo y no tiene por qué definirnos.

Por ejemplo, es común y curioso a la vez escuchar en terapia cómo muchos chicos han experimentado de jóvenes con un primo y se avergüenzan al contarlo.

No me sorprende, ya que muchas veces es el mejor amigo y otras, a falta de este,una persona de edad similar que es cercana y con la que se comparte algún vínculo .

No es para nada raro escuchar el relato de que esa otra persona ahora es heterosexual o tiene novia, es algo del día a día.

Precisamente de esto estoy hablando: tener una relación sexual no define de manera completa tu orientación , de hecho, puede agobiar mucho el hecho de creer que es así e impedir que muchos chicos jóvenes experimenten por el miedo a tener que etiquetarse a posteriori.

Por ello, es más correcto hablar de orientación sexoafectiva ,haciendo referencia no solo a la atracción física y sexual, sino también a la parte emocional. Por ejemplo:

• ¿Con quién te gustaría compartir tu vida en el futuro?

• ¿Hacia quién sientes ternura, conexión o deseo de intimidad y cariño?

• Si tuvieras que visualizarte con alguien en el futuro, ¿con quién te ves teniendo un vínculo real? (Aquí se ve la proyección de vida).

Por desgracia, hay una problemática común que muchos profesionales no abordan adecuadamente y que me encuentro a menudo en consulta, así que vamos a explicarla en profundidad para desgranar la confusión.