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(Carta de un oyente, recibida por N. V. años después de concluir el pódcast. Conservada por la destinataria. Sin firma legible.)
«Señora Vidal:
»No le escribo para felicitarla ni para reprocharle nada, sino para decirle que la he entendido, y sospecho que somos pocos, y que necesitaba que al menos una persona se lo dijera.
»Escuché Sin testigos como todo el mundo, enganchado al monstruo.
Pero soy de un pueblo parecido al de su historia, y en mi familia hubo una casa que ardió despacio, sin fuego, durante años, con un padre y unos silencios, y aprendí pronto a reconocer cuándo a una le tiembla la mano y cuándo la sostiene.
Y oyéndola a usted, episodio tras episodio, noté que le temblaba.
Que cada vez que afirmaba que el hermano era el monstruo, le temblaba un poco la voz, como a mi madre cuando defendía a mi padre.
Y entendí que usted no se creía su propia historia.
Que estaba protegiendo a alguien. Que el verdadero relato no era el que contaba, sino el que callaba.
»No le pido que me confirme nada. Sé que no lo hará, y hace bien.
Solo quiero decirle que, gracias a usted, gracias a lo que NO contó, una noche miré a mi propia familia de manera distinta.
Llamé a una hermana con la que no hablaba.
Le pregunté, por primera vez en mi vida, qué le había pasado de verdad en aquella casa.
Y me lo contó. Y lloramos. Y no ardió nadie, señora Vidal, porque alguien, por una vez, no apartó la cara.
Usted me enseñó eso sin querer, escondiéndolo en una historia de monstruos: que detrás de cada monstruo hay una pared que construimos entre todos, y que la pared se puede derribar a tiempo si alguien pregunta.
Yo pregunté. Llegué a tiempo. Por los pelos, pero a tiempo.
»Así que gracias. No por el monstruo que vendió. Por la verdad que escondió tan mal que algunos la vimos. Esa verdad salvó a mi familia. Espero que le sirva de algo saberlo, las noches en que el cajón le pese. No está usted tan sola con lo que guarda. Al menos un oyente lo oyó. Y le hizo bien.»
(Anotación de N. V. al pie: "Guardo esta carta junto a la libreta que no abro. Es la única reseña que me importa. La única que perdona lo que hice contando lo que conté. Un oyente lo oyó. Con uno basta. Él me lo enseñó.")