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(De la investigación privada de C. J., hija de la psicóloga M. J. Notas personales, no destinadas a publicación.)
«No me creo la versión oficial. Lo escribo aquí, en este cuaderno que no enseñaré a nadie, porque necesito verlo por escrito para no volverme loca: no me creo que el hombre del pódcast, David Salinas, matara a mi madre.
»He leído el libro de Nora Vidal tres veces.
Es brillante y es tramposo. Cuenta todo con datos reales y, sobre esos datos, monta una conclusión que no se sostiene si una mira de cerca.
Mi madre murió de un fallo cardíaco a los cuarenta y un años, sin antecedentes, justo cuando trataba a una paciente que, según el propio libro, era la hermana de Salinas, la que se hacía pasar por muerta.
¿Y la conclusión del libro es que el culpable es él, el hermano, que ni siquiera vivía en nuestra ciudad?
¿Que la mató "a través de ella"? Por favor.
La mató ella. La paciente. La mujer a la que mi madre dedicó tres años de su vida y de su paciencia.
Lo sé como se saben las cosas que duelen: con el cuerpo antes que con la cabeza.
»He localizado a la inspectora que llevó el caso, una tal Vega, ya jubilada.
Me costó que aceptara un café. Habló poco.
Pero cuando le dije a la cara que no me creía que Salinas matara a mi madre, no me contradijo.
No dijo "se equivoca, señorita". Removió el café, miró por la ventana y dijo: "Hay confesiones que son la última mentira de un hombre, y son las más difíciles de desmontar, porque nadie quiere desmontar a alguien que se acusa solo.
" Y luego me miró y añadió: "Si de verdad quiere entenderlo, no le pregunte al expediente.
Pregúntele a él. Pídale verlo. Es el único que le dirá la verdad, porque es el único que ya no tiene nada que perder ni nadie a quien proteger.
Su hermana está muerta. Ya solo le queda la verdad, y a los hombres como él la verdad, al final, les pesa menos dicha que callada. "
»Voy a pedir verlo. A Salinas. Al monstruo de mi libro, al asesino de mi madre según todos.
Voy a sentarme enfrente del hombre al que medio país odia y voy a hacerle la única pregunta que me quita el sueño: ¿Mi madre entendió, al final, quién la mataba?
Necesito saber si murió engañada o si murió sabiendo.
No por él. Por ella. Por mi madre, que se pasó la vida enseñando a otros a mirar de frente lo que duele, y que merece, al menos, que su hija la mire así a ella. »