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(Páginas de un cuaderno hallado por la policía entre los efectos calcinados del piso del patio. Letra inclinada, idéntica a la del condenado salvo por el tamaño. Se transcriben las entradas legibles.)
»Día (sin número, última legible). Sé cómo termina.
Lo supe antes de venir. Uno de los dos sobra, y no voy a permitir que sobre él, porque él es el bueno, siempre lo fue, el que se ponía delante.
Solo le pido a quien lea esto —y alguien lo leerá, los cuadernos siempre los lee alguien, lo sé porque él también lleva uno— que entienda una cosa: no vine a hacerle daño.
Vine a que me viera. Y que si al final el fuego nos coge a los dos, que conste que fui yo quien encendió la cerilla, como la primera vez, como siempre.
Él solo abre puertas. La que cierra, soy yo. »