Sin testigos 110
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(Cartas de la tía a un destinatario no identificado, halladas tras su muerte y aportadas a la investigación. Sin fechar. Extractos.)

«…te escribo aunque no sé si echaré esta carta, como las otras.

La niña sigue rara. No es mala, no quiero decir eso, Dios me libre.

Es… callada de un modo que no es el de una niña.

Ayer encontré un pájaro muerto en el alféizar, un gorrión, y ella lo miraba con una calma que no me gustó.

Le pregunté si lo había tocado y dijo que no, que se había caído solo.

A lo mejor es verdad. Seguro que es verdad.

Una ya ve cosas donde no las hay, de tanto callar… »

«…me preguntas por qué no cuento lo que pasó aquella noche, lo que vi cuando fui a buscarla.

No lo cuento porque no lo sé, y porque lo poco que sé prefiero no saberlo.

La saqué del campo, empapada, con el pájaro vivo entre las manos, sin una lágrima, y me dijo una sola cosa en todo el viaje: "El fuego lo arregla todo, ¿verdad, tía?

". Tenía doce años. Doce. ¿Qué se contesta a eso?

Yo le dije que sí, que durmiera, y conduje toda la noche sin volver a mirarla por el retrovisor, porque me daba miedo lo que pudiera ver.

Que Dios me perdone por no haber preguntado más.

O por haber preguntado demasiado poco. Ya no sé cuál de las dos cosas es el pecado… »

«…he decidido que es mejor no remover. Lo hecho, hecho está.

La cría necesita una vida normal, y removerlo solo traería desgracias.

La he matriculado con las monjas, a ver si la enderezan.

Cierro con llave por las noches, no te voy a mentir, no por ella, por mí, para dormir.

Una madre no debería cerrar con llave para protegerse de su…

, bueno, no es mi hija, es mi sobrina, pero ya me entiendes.

Que sea lo que Dios quiera. Yo ya soy vieja y solo quiero paz.

Si he hecho mal guar dándola, que me lo demanden allá arriba.

Aquí abajo nadie va a remover lo que yo no remueva… »

(Nota de la inspectora Vega, jubilada, grapada al legajo: "La tía supo, a su manera, desde el principio.

'El fuego lo arregla todo.' Una niña de doce años lo dijo, y una mujer adulta prefirió no oírlo, y cerró con llave, y la mandó con las monjas, y no removió.

Otra más. En este caso, el único que no miró hacia otro lado fue un chico de quince años que se puso delante, y mírenlo: es el que está en la cárcel.

Hay una justicia en todo esto, pero no es la nuestra. — L. V.")