Capítulo 64
L os dedos de Jake sobrevolaban el gatillo.
—No —dijo—. No lo haré. Creo que deberíamos hablar sobre ti y tu hermano.
El reloj mental en su cabeza seguía avanzando.
Habían pasado cinco minutos desde la última vez que Jake vio a Tyler, y esperaba que su compañero regresara pronto; se estaba quedando sin temas de conversación para entretener a Moshat.
—¿Qué te gustaría saber, detective?
—¿Qué fue lo último que te dijo? ¿Cuál fue el poder que te confió?
Moshat dudó antes de responder. Su expresión parecía confusa. —Me dejó a cargo del detonador.
—¿Qué te dijo sobre el detonador?
—Que haría volar el Gatwick Express. La voz de Moshat se volvía cada vez más tenue. Se alejó arrastrando los pies del cañón de la pistola de Jake.
—Y mira qué ha pasado. En su lugar, ha explotado el Heathrow Express.
Jake sabía que había levantado una piedra que liberaría todo un mundo de dudas en la mente de Moshat—.
Te mintió. Te dijo que tu iniciador estaba asignado para Gatwick, pero no era así.
Imagina que hubieras detonado mientras estabas a bordo del Heathrow Express.
Tú y todos los de dentro habríais acabado incinerados.
¿Por qué crees que lo hizo, Moshat? ¿Por qué crees que te mintió y te convenció para que te suicidaras?
—¡Mientes! Fue una confusión. Tuvo que ser eso. Él no habría hecho algo así.
—Es verdad, Moshat, y lo sabes. Pero quiero que me digas por qué lo hizo. ¿Por qué tomaría tu hermano medidas tan drásticas?
—¡Cállate! —gritó Moshat, visiblemente frustrado.
—Te diré por qué, Moshat. Te traicionó porque te odiaba.
Martha no fue la única culpable de la muerte de vuestros padres.
Fuiste tú . Tú los mataste. Tu hábito de fumar a escondidas los mató justo antes de que te fueras a defender a Adil de aquellos matones la noche en que murieron.
Admítelo. Tú y yo sabemos que, en el fondo, tras muchos años de haberlo reprimido, te has convencido de que nunca tuviste la culpa.
—¡Cállate! ¡Cállate! ¡Cállate!
Antes de que Jake se diera cuenta, Moshat se lanzó de nuevo contra él, cubriendo la distancia que los separaba en un segundo.
Los reflejos de Jake fueron demasiado lentos.
Para cuando su dedo estaba a medio camino de apretar el gatillo, Moshat había desviado el brazo extendido de Jake de un golpe, había tirado la pistola al suelo y le había propinado un puñetazo en el pecho.
Moshat usó la palma de la mano, y Jake sintió que su caja torácica se aplastaba bajo su inmensa fuerza.
Jake tropezó hacia atrás y cayó al suelo.
Al golpear la tierra con dureza, su cabeza sufrió un latigazo contra la raíz de un árbol y soltó un grito de dolor.
Joder, Dios bendito.
A través de los ojos entreabiertos, vio a Moshat lanzarse a por el arma. Jake se puso en pie a duras penas y placó a Moshat contra el suelo. Era demasiado tarde. El arma ya estaba oculta en las manos de Moshat. Jake se pasó de frenada y su cuerpo rodó por el suelo.
En un instante, Moshat estaba de pie. Aún tendido en la tierra seca, Jake vio con la visión borrosa un trozo de la camiseta de Moshat que colgaba.
Lo agarró y tiró con fuerza hacia abajo, haciendo que Moshat perdiera el equilibrio.
Solo había una brevísima oportunidad para que Jake saliera vivo de esta.
Y la aprovechó.
Lanzó un puñetazo hacia el abdomen de Moshat. Pero falló. Moshat, sereno y más alerta que Jake, se agachó y le propinó un potente gancho de izquierda en la parte de atrás de la cabeza, derribándolo contra el suelo.
Antes de que Jake pudiera moverse de nuevo y prepararse para otro asalto, oyó el clic de la pistola, seguido de un silencio absoluto. «Se acabó», pensó. «He fallado».
Moshat estaba de pie sobre Jake, con las piernas a ambos lados de su cuerpo y la pistola apuntando a su frente.
—Por favor, no lo hagas —suplicó Jake, mientras la parte posterior de su cabeza palpitaba sin control.
—Dame una buena razón —respondió Moshat.
—Yo, yo... —A Jake no se le ocurría nada que decir. Su mente iba demasiado rápido para comprender nada—. Tengo familia. Me necesitan. Tú no quieres hacer esto.
—Demasiado lento.
Todo se detuvo. Jake cerró los ojos. A lo lejos, oyó voces llamando. No estaba seguro de si ya estaba muerto e imaginaba cosas o si era la realidad.
Entonces las voces se hicieron más nítidas. Y después hubo silencio.
Un disparo resonó por todo el bosque.