Capítulo 56
E l caos estalló en la sala. Jake dejó de respirar. Lucy gritó. Mamadou se pasó los dedos por su ralo cabello. Luke se quedó paralizado, con el brazo aún suspendido en el aire.
—¿Qué cojones has hecho? —le gritó Jake a Luke, empujándolo por el hombro y tirándolo sobre la mesa de centro—. ¡Pedazo de idiota!
Lucy cruzó el salón corriendo y se metió en el cuarto de baño, donde vomitó.
—Lárgate de aquí —le espetó Mamadou a Luke—. No te quiero cerca de esta escena del crimen. Si alguien te habla, diles que tuviste que usar fuerza letal porque se abalanzó sobre ti. ¡No lo empeores más de lo que ya está!
Como Luke no se movía, Mamadou lo empujó en el pecho, obligándolo a retirarse del piso.
Jake necesitó de toda su fuerza de voluntad para no salir tras su insolente colega y tirarlo por las escaleras a patadas. Estaba furioso. Apretó los puños hasta que las uñas se le clavaron en las palmas.
Se oyó la cisterna del váter y, un segundo después, apareció Lucy. Tenía los ojos y las mejillas hinchados. Las lágrimas le resbalaban por la cara. Va a necesitar muchísima terapia después de esto , pensó Jake. Todos la necesitaremos.
—¿Estás bien? —le preguntó él, pasándole un brazo por los hombros, sabiendo de sobra que no lo estaba—. Está bien, ¿de acuerdo? Te pondrás bien. ¿Quieres que alguien venga a buscarte?
Lucy negó con la cabeza y Jake le dijo que esperara en la cocina, donde no pudiera ver nada más que pudiera angustiarla más. La culpa lo envolvió como un edredón mientras la veía desaparecer tras la esquina; ella había visto demasiado, y no era justo. No era justo para ninguno de ellos.
Centrándose de nuevo en el caso, Jake se sentó al escritorio y dijo:
—¿Qué cojones vamos a hacer ahora, jefe?
Mamadou se volvió hacia Jake, lo miró con sus enormes ojos grises y dijo:
—Sinceramente, Tanner, no tengo ni puta idea. En mis más de treinta años de servicio jamás he visto algo tan amateur y estúpido como eso. Vamos a tener que avisar al equipo de la científica. Lo que significa que tenemos que dejarlo todo tal como está.
—No podemos hacer eso, jefe. Necesitamos acceder a los ordenadores —dijo Jake, mirando los tres monitores que tenía delante.
—Ya has oído lo que ha dicho, Jake —interrumpió Tyler—. Si nos equivocamos, corremos el riesgo de borrar permanentemente todo lo que hay dentro.
—Puede que haya otra forma —dijo Jake. Se le había ocurrido la idea cuando Adil mencionó por primera vez el problema del cortafuegos que tendrían que superar si querían acceder a su PC.
—¿Cuál?
—Lucy. —Jake señaló con la cabeza hacia la cocina—. Ha estudiado informática forense. Además es abogada, así que es consciente de las implicaciones.
—No podemos involucrarla en esto —dijo Tyler—. Necesitaríamos una orden judicial.
—¡No tenemos tiempo para una orden! —gritó Mamadou.
—Es la única opción que ten...
—No importa —interrumpió Lucy. Estaba apoyada en el marco de la puerta de la cocina—. Yo lo haré.
—Vale, de acuerdo. De acuerdo —bufó Mamadou, dando un paso al frente—. Tyler, quiero que llames al CTC y traigas a un equipo de la científica aquí cuanto antes. Lucy, quiero que... bueno, siéntate y veamos qué puedes hacer.
Tyler asintió y se intercambió el sitio con Lucy. Jake se levantó del asiento para dejar que ella ocupara su lugar. Lucy movió el cursor y esperó a que la pantalla se activara. En cuanto apareció la imagen de fondo, Jake preguntó:
—¿Es posible?
—No será fácil, pero creo que puedo. Después de que me atara, vi cómo escribía su contraseña. No puedo creer que esté... —miró hacia la puerta del piso y se quedó paralizada.
Jake se agachó a su altura y tapó con su cuerpo el cadáver de Adil. —Oye, escucha. Si no puedes hacerlo, no pasa nada. Buscaremos una alternativa.
Lucy tragó saliva, reflexionó por un momento y luego miró fijamente a Jake a los ojos.
—No. Puedo con ello.
Girando sobre la silla, Lucy tecleó frenéticamente. Jake miró su reloj. Eran las 17:18. Tenían poco menos de cuarenta y cinco minutos para rescatar a todo el mundo a tiempo.
Jake se puso en pie.
—Jefe, tengo que explicarte algo. —Jake llevó a Mamadou a un lado de la sala mientras Lucy seguía tecleando en el ordenador.
Le contó todo lo que Adil había dicho. Jake explicó que Moshat tenía un detonador en las manos, que el tren Gatwick Express debía ser evacuado lo antes posible, y que Martha y el hermano Hakim restante estaban en el Heathrow Express.
—¿Qué necesitas, Tanner? —preguntó Mamadou.
—Un helicóptero de emergencia. Si Moshat Hakim ha asesinado a mi suegra a sangre fría, quiero ser quien lo encierre.
—Vale, Tanner. Veré qué puedo hacer. —Mamadou marcó un número y, antes del segundo tono, ya hablaba rápidamente por el auricular.
Lucy lo llamó. Jake se acercó y se detuvo a su lado. Ella tenía una sonrisa radiante en el rostro.
—He conseguido entrar —dijo.
—¡Fantástico! ¿Y ahora qué?
Lucy le hizo un gesto pidiéndole un momento, hizo clic en unas cuantas aplicaciones, tecleó algo y luego se volvió hacia él.
—Mira esto —dijo, mostrándole las imágenes de las cámaras de seguridad de los trenes desde el exterior.
Martha , pensó Jake. Si podían ver el exterior, quizá también podrían ver el interior.
—No, Jake. No puedo. Ya lo he intentado —dijo Lucy, respondiendo a sus pensamientos—. No hay ninguna señal de CCTV en la que pueda hackear el acceso. Sé que quieres ver si tu suegra sigue allí, pero no puedo.
Jake bajó la cabeza. —Gracias por intentarlo. Al menos podremos vigilar los trenes desde fuera. ¿Qué más has encontrado?
Lucy se dio la vuelta y cargó otra aplicación informática. Esta mostraba los números de móvil de todos los que iban a bordo de los tres trenes.
—¿Eso es todo? —preguntó Jake, impaciente porque el tiempo se les agotaba.
—No —espetó Lucy—. Deja que te enseñe esta. —Lucy cargó la última aplicación, que mostraba el interior de los paneles de control del tren—. Desde aquí, podemos desbloquear las puertas y liberar a todos los que están dentro.
—Necesitamos a Theo —dijo Tyler, sorprendiendo a Lucy y a Jake. Acababa de terminar su llamada con el CTC—. Él sabe para qué sirven todos esos botones y palancas. Puede ayudar. ¡Menos mal que le pediste que se quedara cerca, Jake!
—No podemos —dijo Jake—. Sería demasiado obvio para Moshat Hakim mientras está ahí sentado esperando para escapar.
Todo esto ha sido planeado meticulosamente; cualquier cosa fuera de lo normal lo haría entrar en pánico, y podría tener la tentación de usar su detonador.
Tendremos que hacerlo cuando falte menos tiempo, ser más inteligentes al respecto.
—¿Qué propones? —preguntó Tyler.
—No lo sé. Aún tengo que pensarlo bien. —Jake se aisló de ellos dos para poder concentrarse.
Jake volvió a prestar atención a los ordenadores.
Le pidió a Lucy que buscara el software que contenía todos los números de teléfono móvil y, después de que ella lo cargara, Jake escaneó los datos.
Al principio de la lista estaban los mensajes de texto más recientes que se habían enviado a los móviles a bordo de cada uno de los trenes.
Jake recorrió la lista. En la trigésima celda, Jake vio un mensaje diferente a los que se repetían por toda la pantalla.
Era sencillo. Era una genialidad. Era la forma que tenía Adil de comunicarse con su hermano sin levantar sospechas.
Si Adil solo podía comunicarse con su hermano cuando contactaba con el resto de los pasajeros, eso significaba que Jake, Lucy y Tyler podían seguir el mismo patrón.
Jake les explicó su teoría a los otros dos.
—Creo que funcionará —dijo Tyler, observando la pantalla como si validara el punto de Jake—. Tenemos que dar con el tono adecuado antes de enviar nada a nadie.
—¿Qué les vamos a decir al resto de los pasajeros? —preguntó Lucy, con voz cargada de preocupación.
—Que van a ser rescatados.
Durante los siguientes minutos, los tres redactaron un mensaje de texto para enviárselo a Moshat Hakim. Decía:
HERMANO PEQUEÑO, EL DINERO HA SIDO RECAUDADO Y ESTÁ A SALVO. ESPERO QUE TÚ TAMBIÉN. TANNER EN GATWICK. BOMBAS DESACTIVADAS. ABORTA DETONADOR. SAL Y CORRE HACIA MÍ. ESTE DEL OESTE, OESTE DEL ESTE. MANTENTE A SALVO. A.
El silencio llenó la habitación mientras los tres leían el mensaje y sopesaban sus implicaciones.
—¿Estás seguro de que podría funcionar? ¿No es muy arriesgado? —preguntó Tyler.
—No, piénsalo: por lo que nos dijo Adil, Moshat hará cualquier cosa que él le diga. Si quiere esa parte del millón de libras, hará lo que se le ordene. Sin mencionar que, si Moshat logra eludirnos de alguna manera, sabemos a dónde va...
—¡A Upminster! —exclamó Lucy.
—Exacto.
Los pesados pasos de Mamadou sobre las tablas del suelo les alertaron de su regreso. —La evacuación del Gatwick Express está en marcha, y el helicóptero está fuera, en los Jubilee Gardens. Bajad rápido, no se quedará ahí todo el día.
Sin decir nada, Jake y Tyler se miraron, asintieron y salieron del piso. Justo cuando estaban a punto de salir, Jake se detuvo en seco y se volvió hacia su jefe.
—Mamadou, contacta con Theo. Tiene que ayudar a Lucy con el panel de control del tren.
Necesitarán desactivar los cierres de las puertas para que podamos sacar a todo el mundo de allí con la mayor calma posible.
Y Lucy, envía a los pasajeros el mensaje que quieras.
Solo asegúrate de que parezca algo que diría Adil Hakim. Confío en ti.
—Entendido —dijo Mamadou—. ¡Ahora, lárgate de aquí de una puta vez!
Jake asintió, sintiendo que la adrenalina regresaba a su torrente sanguíneo, y se unió a Tyler, que lo esperaba al final del pasillo.
—Vamos a por ese hijo de puta.