¿Tienes algo en contra de los tíos guapos? #2
Busco con la mirada a Cristian, con la única idea de invitarlo a nuestra pequeña fiesta, pero me lo encuentro metido en su teléfono móvil.
Frunce el ceño, molesto con algo: no es una conversación agradable, desde luego.
Tan pronto la canción llega a su fin me escabullo y los dejo bailando por parejitas.
—¿Todo bien? —pregunto, con la respiración todavía alterada.
Suelta un fuerte bufido. Esa es la respuesta que necesitaba. Levanto una mano y, tan pronto el camarero se acerca, le pido dos mojitos. Le hago un gesto para que uno me lo ponga corto de alcohol y veo como me guiña un ojo con complicidad. Sé de sobra que llegó mi tope, tengo que actuar con cabeza.
—Sabes que yo no...
—Hoy sí —lo corto—. Ambos lo necesitamos.
Asiente y se echa hacia atrás.
—Sabes que a mí no me va este rollo de las relaciones así —me dice sin más—.
Cuando tú comenzaste con... —No dice su nombre, tan solo lo deja ahí, en el aire—, me prometí que yo jamás cometería tu error.
—Gracias por tus bonitas palabras, colega—.
Pero es que después de ti fue Javi y ese chico raro con el que está ahora, y…
Javi es uno de nuestros mejores amigos. O era, porque está desaparecido en combate desde hace cosa de seis meses. De todo. Ni está ni se le espera.
El camarero llega y deja sobre la mesa los dos mojitos. Me hace un gesto para notificarme que el de la pajita rosa es el mío y se lo agradezco con una sonrisa. Y, esta vez, me adelanto yo para pagar.
Sin dudarlo, me acerco a mi copa y capturo la pajita entre los labios; permito de esta forma que el líquido —mucho más suave que de costumbre— me queme la garganta. Me encanta.
—Vale, ya entiendo lo que quieres decir —expongo después de un rato. Cristian se gira hacia mí y me observa con extrañeza—. El amor es una mierda.
Asiente.
—De hecho, creo que no existe —dice sin más, como si tal cosa—. Todo son celos y más celos. ¿De verdad el amor se basa en eso? ¿En desconfiar el uno del otro? ¿En controlar cada maldito paso de tu pareja?
Niego. Para mí el amor es libertad, es compromiso, es cariño. Pero no control.
—¿Te das cuenta de que ahora mismo soy tan libre como para tirarme a ese tío? —Señalo al primer tipo que encuentro sin fijarme en nada.
Cris gira la cabeza y frunce el ceño.
—¿En serio? Primero el friki depresivo y ahora este... ¿tienes algo en contra de los tíos guapos?
Estallo en una fuerte carcajada, tanto que escupo el trago de mojito que mantenía en la boca.
—¿Qué tal el camarero rubio? —inquiero, observando su andar. El moreno es para Beka, y por lo tanto es intocable, pero este... la verdad es que no está nada mal.
Cris me observa como si estuviera mal de la cabeza. ¿En serio también le parece feo? El que tiene el problema es él, no me cabe duda. Este chico está bien bueno.
—Es el exnovio de Javi, cariño —me consuela y me aprieta el hombro con ternura—, con el que estaba antes de conocer al idiota con el que sale ahora.
Oh, vaya. Por eso me sonaba...
En fin, tanto tiempo pillada hizo que me olvidara de lo complicado que es encontrar tíos decentes.
—Pues paso de volver a abrirme la cuenta en Tinder —dictamino.
Él se ríe y niega con la cabeza, como si me diera por imposible.
—No quiero liarme con un tío como Joaquín —digo al fin. Cris me observa como si acabara de decir una barbaridad—. Sí, no es mal tipo, pero... es un aburrido, y me ponía mil y un problemas cada vez que quería veros.
Veo como hace un gesto que no consigo interpretar.
—Estaba claro que no le caíamos bien. Siempre nos ponías excusas ridículas cuando teníamos alguna cena. —Asiento. Nadie se imagina la de broncas estúpidas que tuve con él por motivos semejantes.
—Oye, ¿y si hacemos un trato?
Cris me mira, confuso. Yo me giro hacia él, como si le fuera a decir algo de vital importancia. Como si el alcohol no me tuviera los sentidos medio nublados.
—Estoy harta de los novios, de las parejas y de todo. ¿Por qué no disfrutamos juntos, como amigos, sin ataduras durante… no sé, unos meses?
—Por mí como si son diez años.
—No, que en ese caso tendríamos que hacer uno de esos pactos que hacen los americanos de «si no encuentro pareja antes de los…».
Él me frena con un movimiento de mano porque sabe que, de no hacerlo, puedo ponerme a hablar y no parar durante la próxima hora.
—Mañana me voy a Barcelona —me dice—. Tengo un congreso el sábado y, en teoría, iba con Mar. Me acaba de escribir para preguntarme a qué hora salimos, pero hace una semana que rompimos. Es ridículo, ¿no?
Tuerzo los labios y le quito el móvil de las manos, aunque sin llegar a leer su mensaje. Solo porque necesito que centre su atención en mí y en lo que le voy a decir. Un poco sin pensar. Pero, de repente, me parece un planazo.
—¿Y si me voy yo contigo? —pregunto—. ¿Es viable? No tengo ni idea de cómo funciona esto, igual no puedes cambiar el nombre del billete, ¿se puede hacer? ¿Lo sabes?
—Supongo —me corta de nuevo—. Podría probar. O, en último caso, comprar otro billete para ti —medita—. ¿Quieres venir conmigo a Barcelona, Andy?
—No tengo nada mejor que hacer —digo con guasa—. Estoy muy borracha, Cris.
Él suelta una carcajada al escucharme y estira el brazo hacia mí. Me aprieta contra su pecho.
—No debería aprovecharme entonces de tu petición, que tienes los sentidos nublados.
Me aparto y le doy un golpe en el pecho.
—¿Qué dices? Yo quiero ir a Barcelona. No he ido en mi vida. Pero no pienso ir a ninguna conferencia extraña. Vamos en plan amigos sin compromisos. No entre nosotros, en plan, sin compromisos con nadie. ¡Esto va a ser muy grande! El primer viaje en… ¿cuánto tiempo?
Parpadea, como si necesitara pensarlo, cuando, en realidad, sé que lo tiene tan claro como yo, porque nunca fuimos de viaje juntos.
—Venga, va, sellemos el trato —me dice, elevando su copa.
—Aquí y ahora.
No sé si él sabe lo que significan esas palabras que llevo tatuadas en la parte baja de mi espalda. O si lo recuerda, más bien. Pero, si lo hace, no dice nada.
Beka se acerca a nosotros y tira de mí, lo que me hace trastabillar. Cris se queda ahí, con la mirada clavada en su teléfono móvil; ahora sé —o supongo— que intenta arreglar todo para que hagamos ese viaje de amigos que hemos pospuesto tantas veces. Y sin compromisos con nadie.