Sin Control (Sin dueños ni señores 1) EPÍLOGO
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EPÍLOGO

VICTOR

En Valere, la oficina de Victor olía a café recalentado.

Él no era un hombre que esperase milagros, pero sí esperaba señales.

Se frotó la cara con las manos, sintiendo el mapa de cicatrices que contaban su propia historia, mientras se sentaba frente a su ordenador.

Llevaba horas esperando una comunicación de posición por parte de Lena y Bruno.

Los ordenadores siempre le habían parecido cajas caprichosas que se rompían cuando más los necesitabas, pero sabía manejar el censo. Tenía que cuadrar las raciones de la semana que viene y necesitaba saber cuántos créditos había utilizado Lena en la red de suministros exterior.

Pulsó la tecla de búsqueda y el cursor parpadeó rítmicamente.

Calder, Lena.

«No se han encontrado resultados».

—¿Qué demonios...?

Victor frunció el ceño. Tecleó de nuevo, más despacio. Quizá había escrito algo mal.

Russo, Bruno.

«No se han encontrado resultados».

Se quedó quieto, con el dedo índice suspendido sobre las teclas gastadas. El corazón le dio un vuelco lento y pesado al comprobar que, aunque los perfiles personales de Lena, Alex y Bruno seguían allí, la unidad en tránsito se había desvanecido.

No era un error de carga. Al forzar el registro general de la ruta, Victor sintió un escalofrío: las autorizaciones de salida no existían.

No había rutas aprobadas, ni tránsitos activos, ni siquiera el rastro de las raciones de suministros asignadas para el viaje.

A ojos del sistema, era como si nunca hubieran abandonado las murallas de Valere.

Sin embargo, al buscar a Vera Novak, se encontró con que figuraba con el código de "baja por fallecimiento en ruta", un informe que él mismo había validado cuando recibió la confirmación del grupo días atrás.

El registro de su muerte permanecía intacto, pero los de quienes habían sobrevivido habían sido alterados.

—Cabrones… —masculló Victor, apretando los dientes—. Solo borráis lo que os conviene.

Si mañana Victor contactaba a Nexus para preguntar por su equipo, la capital respondería que no había registro de que Evan Costa hubiera aceptado esa ruta.

Se levantó de la silla y caminó hacia la ventana, mirando hacia el horizonte donde el cielo se volvía más oscuro.

—Si han llegado a este nivel de borrado —dijo para sí mismo, apretando el marco de madera de la ventana—, es que lo que habéis encontrado es más grande que vosotros.

Victor sabía que Nexus no movería un dedo si no había pruebas de que un enlace había sido atacado. Y sin registros en la red, no había pruebas. No había nada. Alguien acababa de aislarlos del mapa de Orialis, y lo habían hecho sin disparar una sola bala, solo cambiando datos en el archivo correcto.

No sabía quién había ejecutado la limpieza. Pero entendía el efecto. Para la red oficial, Lena, Evan, Bruno y Alex nunca habían salido de Valere. Y si nunca habían salido, nadie tendría motivo para ir a buscarlos.