Sin Control (Sin dueños ni señores 1) CAPÍTULO 16
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CAPÍTULO 16

EVAN

Evan dejó la última mochila cerrada junto a la pared y se quedó un momento observando el espacio vacío que había ido quedando a medida que recogían.

Aquella mañana habían repetido pruebas, con ligeras variaciones, pero nada que contradijera lo ya visto.

Era el tipo de confirmación que no aporta emoción para limitarse a ratificar lo que ya venían haciendo desde hace días.

Por eso por la tarde habían decidido parar, ordenar y prepararse para salir al día siguiente.

Trabajar con Lena era sencillo porque ella no entraba arrasando ni pidiendo atención.

Prefería mirar, esperar y tocar lo justo.

Cuando no entendía algo, no se apresuraba a buscar una respuesta.

Se quedaba callada, porque en su interior seguramente estaría teniendo decenas de pensamientos paralelos buscando alternativas a lo que no le encajaba mientras trataba de poner orden a todas sus ideas.

No era que Lena fuera brillante. Eso lo eran muchos.

Con Lena lo que le descolocaba era esa facilidad de estar a su lado.

Con ella, las conversaciones fluían, logrando que él se encontrara mirándola más de la cuenta, solo porque le interesaba de verdad cada palabra que soltaba.

Eso, para él, era raro, pero no alarmante.

Se limitaba a interpretarlo como afinidad funcional, nada más.

Terminó de colocar el equipo y cerró el compartimento. Al girarse, Lena estaba en la mesa de la sala contigua, revisando una última anotación en su cuaderno.

Se había soltado el pelo para recogerlo de nuevo, casi sin darse cuenta.

—¿Listo? —preguntó, sin mirarlo.

—Sí.

Evan se dirigió a la mesa para recoger su cuaderno.

Lo había apartado antes para no mancharlo y se lo había olvidado allí, entre instrumentos apagados y cables recogidos.

Lena estaba inclinada sobre la misma superficie.

Tenía una mano apoyada en la mesa y la otra sujetando el lápiz con el que había estado realizando notas. El cuaderno de Evan delante de ella.

Él se acercó más de lo necesario a ella al ir a recogerlo, invadiendo su espacio personal. Se dio cuenta tarde. Su mirada quedó fija en la línea del cuello, justo donde la camiseta daba de sí y dejaba ver un poco de piel.

Percibió con claridad el olor de ella, esa mezcla de jabón limpio y el rastro terroso que se le había quedado pegado del invernadero, y aunque su cerebro le gritó que lo lógico era dar medio paso atrás para recuperar la distancia, sus pies se quedaron clavados en el suelo como si hubieran echado raíces.

Lena giró la cara un poco, sorprendida por el movimiento, y se lo encontró allí mismo, a un palmo. Sus ojos quedaron a la altura exacta de los de él. Atentos. Lena inhaló despacio y el lápiz quedó suspendido entre sus dedos.

Evan notó que la temperatura de la sala subía cinco grados de golpe.

Tenía la boca de Lena tan cerca que podía sentir el roce de su respiración en el labio, provocándole una sacudida eléctrica por toda la columna de esas que te avisan que, si te mueves un solo milímetro, ya no va a haber forma de dar marcha atrás.

Un sonido seco rompió el momento. Una puerta cerrándose en algún punto del pasillo. Lena parpadeó primero y volvió a mirar sus notas, con demasiada prisa.

Evan se aclaró la garganta, recogió su cuaderno y se largó de allí sintiendo que le pesaban las botas. Se encerró en su habitación y permaneció apoyado contra la puerta, con el pulso a mil, preguntándose en qué puñetero momento esto había dejado de ser solo trabajo.