Sin Control (Sin dueños ni señores 1) CAPÍTULO 10 #2
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CAPÍTULO 10 #2

» Con Lena es todavía más protector. Cuando informa, casi siempre es porque ya lo ha solucionado antes.

No le carga nada que pueda evitar. Y con Alex te diría que es hasta peor, si es eso posible.

Si tiene que ir hasta la Luna por algo que implique protegerlos, se subiría a un cohete sin pensarlo dos veces.

—Lo he visto.

—Y aun así lo hace parecer un chiste. Es su manera de sostenernos. Y lo hace sin pedir nada a cambio.

Evan se quedó callado cuando Vera se apartó.

Hasta entonces había entendido la supervivencia como algo individual, una línea recta que se recorría solo.

Bruno hacía lo contrario: se interponía, absorbía el impacto, cargaba con lo que no quería que los demás sintieran, y lo hacía sin esperar reconocimiento.

Evan no sabía si eso era protección o desgaste voluntario.

Lo único que tenía claro es que no era una estrategia que quisiera replicar.

Sabía lo que acarreaba. Proteger así implicaba amar.

Y amar significaba aceptar el miedo constante a perder a alguien.

Y en un mundo que te quita todo, para él, era inviable.

La noche avanzó y Evan no hizo rondas solo. Se turnaron entre todos, salvo Alex. Nadie lo dijo en voz alta, pero el reparto había sido natural. Un equilibrio provisional.

Al amanecer, Evan ya estaba despierto. El campamento se deshizo sin palabras.

Fuego apagado, mochilas cerradas, agua repartida con cuidado.

Evan ajustó correas, revisó ruedas y marcó el orden de salida con gestos breves, casi automáticos.

Cuando arrancaron, el ritmo era diferente al del día anterior.

Hicieron menos paradas y tramos más largos, imponiendo una velocidad sostenida que no admitía dudas.

El viento traía un olor distinto y el asfalto bajo las ruedas vibraba con una frecuencia irregular.

Evan sentía esa punzada en la base del cuello que aparecía cuando el margen de error empezaba a estrecharse.

En Orialis, la improvisación era un lujo que se pagaba caro, y él llevaba años sin permitirse ese gasto.

Lena fue la primera en notarlo.

—¿Cuánto falta? —le preguntó por puro cálculo.

—Llegaremos a Sorda casi por la noche.

Ella procesó el dato un segundo.

—Entonces no salimos mañana al amanecer.

—No —confirmó Evan—. Sería precipitado. Mañana reponemos agua, ajustamos equipo y salimos al siguiente.

Además, necesitamos información antes del próximo tramo.

A Bruno le tranquilizará saber que tiene tiempo para conectarse a la red y ver qué está pasando.

Cuando no tiene datos, rellena los huecos… a su manera.

Lena ladeó la cabeza, divertida pese al cansancio.

—Eso no es del todo falso. Pero hay que reconocer que la hipótesis de las babosas alienígenas tenía su punto.

Evan soltó aire por la nariz, en algo parecido a una risa.

—Lo que tenía era entusiasmo… —añadió él con resignación—. Pero al menos cuando tiene información completa delante, se queda callado un rato.

Lena asintió, todavía sonriendo y entendiendo lo que no se decía. Para Bruno, la información era protección. Saber qué pasaba en los caminos de Orialis le daba margen para actuar.

—Y a Alex también le sirve —añadió Evan, tras una breve pausa.

Lena miró hacia el sidecar. Alex seguía recto y atento, con la mirada fija en el horizonte, vigilando cada cambio del terreno.

—Sí. Saber qué viene después, lo tranquiliza bastante.

No tardó en comprobarlo. Unos kilómetros más adelante, cuando el terreno empezó a cambiar y el camino se volvió más abierto, Alex se inclinó ligeramente hacia delante desde el sidecar.

—Sorda… ¿es la comunidad que formaron antiguos asaltantes de caminos?

—Algunos —admitió Evan—. No todos.

Alex procesó la información sin apartar la vista del camino.

—¿Siguen siéndolo?

—No. Decidieron dejarlo.

—¿Entonces por qué importa?

—Porque no se empieza de cero. Cambiaron de vida, no de historia.

—Eso los vuelve impredecibles —añadió Lena.

Alex asintió despacio, procesando la información.

—Variable inestable. Para tener en cuenta.

Lena esbozó una sonrisa breve.

—Correcto. No son estables—le confirmó—, como casi todo el mundo. Solo que ellos no lo esconden.

—Entonces no fingirán ser otra cosa —sentenció Alex.

El camino empezó a mostrar irregularidades claras. Vieron zonas donde el terreno había sido trabajado para algo que ya no estaba allí. Lena lo notó enseguida.

—Has mencionado que la primera zona irregular se encuentra más adelante. ¿Cuándo llegaremos allí luego de salir de Sorda?

Evan respondió sin girarse.

—Dos días de viaje. Una noche en intemperie. La siguiente, si todo va como debería, bajo techo.

—¿Y luego?

—Luego, analizas lo que hay allí.

Era una respuesta completa y, a la vez, un cierre. Evan lo sabía y Lena también. El día se les había ido entre trayectos largos y paradas para descansar. Para Evan, guiarlos durante el camino había sido fácil, lo difícil empezaba ahora.

Evan apretó el agarre en el manillar. Siempre supo que moverse solo no había sido una decisión del todo consciente, sino una costumbre. Y que este viaje, quisiera o no, estaba a punto de ponerla en cuestión.