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Era el último día en aquella suite. Las vacaciones llegaban ya a su fin.
Eli salió de la ducha completamente desnuda. Ignacio, como no podía ser de otro modo, se la comía con la mirada. Las tetas de Eli iban dando saltitos a cada paso que daba la GILF.
—Siervo mío, me apetece tomar el Sol un poco —dijo Eli.
Ignacio asintió y fue a por la crema solar. Eli era naturalmente de piel pálida, pero con los paseos por la playa y las horas tomando el Sol en la terraza había logrado un tostado de piel muy sexy.
Eli salió a la terraza y se sentó en una silla en la zona cubierta, a la sombra.
Ignacio no tardó en llegar con la crema solar y comenzó a echarle por todo el cuerpo.
Lo primero fue echarle pegotes de crema solar en la cara, en el pecho y en el vientre.
Al estar el de pie y ella sentada, Ignacio inconscientemente se colocaba el bote muy cerca de la entrepierna.
Eso junto al color blanquecino de la loción solar, daba la impresión de que estuviera eyaculando por todo el cuerpo de la madura. Pero eso ya lo había hecho horas antes.
Con los primeros pegotes de crema solar puestos, Ignacio comenzó a masajear el rostro de Eli, extendiendo la crema por toda su cara.
Luego bajó al cuello. Tras el cuello tocó el turno del pecho de Eli.
Ignacio se recreó, masajeando las tetas de Eli aun cuando ya estaban bien embadurnadas de crema solar.
—Ya puedes seguir más abajo —dijo Eli con tono burlón al ver que Ignacio se demoraba más de lo habitual.
—A sus órdenes, marquesa —dijo Ignacio y sus manos abandonaron los pechos de la madura para comenzar a extender la crema solar por su vientre.
También en el pubis y por los labios vaginales.
Lo hizo con suavidad para no masturbarla.
Aunque sus dedos casi entran en piloto automático y se adentran en la vagina de la GILF, pero se resistió.
Terminó y tocó el turno de las piernas. Agitó el bote de crema solar y echó loción en varios puntos a lo largo de las piernas de la madura antes de extender con las manos la crema solar.
—Ya que estás, masajéame los pies —dijo Eli —. O no, mejor luego. Primero la espalda.
Ignacio terminó de poner crema solar por las piernas y Eli se levantó. Ignacio roció con crema solar la espalda de Eli y sus glúteos. Procedió del mismo modo, aunque al llegar al culo se tomó su tiempo. No tardó tanto como con las tetas, pero sí que masajeó de más el culo de la madura.
Había cubierto las piernas, pero justo la zona trasera de las piernas que estaba bajo el culo no estaba bien cubierta de loción solar, así que la repasó. Añadió un poco más de crema sola y terminó su trabajo.
Eli se sentó en la silla de nuevo.
—Coge una silla —ordenó Eli y el joven arrastró una de las sillas para quedarse cerca de Eli —. Siéntate.
Ignacio obedeció y Eli le puso las piernas encima. Ignacio se echó crema solar en las manos y comenzó a masajear los pies de la madura.
Le dedicó cerca de 15 minutos a cada pie.
—Eres buen masajista —felicitó Eli —. Aunque tus dedos son más hábiles masajeando mi coño.
Dicho esto, Eli se levantó y salió a la zona descubierta de la terraza. Se sentó en una hamaca que había al Sol y cerró los ojos.
Ignacio fue a la pequeña cocina con la que contaba la suite y preparó un zumo con naranjas que había comprado horas antes y se lo llevó a Eli.
Eli pasó algo más de dos horas ahí tumbada, dándose la vuelta de vez en cuando para tostarse por delante y por detrás.
—Ignacio —llamó Eli.
Ignacio fue corriendo a su lado.
—Mi señora —dijo Ignacio con reverencia.
—Mi coño necesita más crema solar —dijo Eli —. Tendrás que usar la especial para vaginas.
Ignacio sonrió. Estaba esperando ese momento.
Ignacio se quitó los pantalones y sacó su pene.
Sintió el calor del Sol en los testículos. No se había protegido con crema solar. Pero en ese momento en lo último que pensaba era en protegerse del Sol. Además, con su rapidez soltando la leche no tardaría demasiado en poder cobijar sus huevos bajo el pantalón de nuevo.
Eli se acarició su clítoris con una mano y con la otra apartó sus labios vaginales para abrir la entrada a el pene de Ignacio.
Ignacio clavó lentamente su pene en la vagina de la mujer que soltó un suave gemido.
Follar en aquella posición, con Eli tumbada en esa hamaca que la dejaba a una altura poco ergonómica, era incómodo, pero el placer de un buen coño podía con esas pequeñas molestias.
Ignacio tiró de las piernas de Eli, tratando de colocarla en una mejor posición, aunque no logró una mejora significativa.
Las caderas del joven comenzaron a moverse, percutiendo a la madura que respondía con gemidos más sonoros. En esa terraza gemía con más fuerza, como si el hecho de que sus gemidos resonaran en el cielo la excitara más.
Pero unos gemidos más potentes excitaban también a Ignacio y sus testículos no resistieron más de 3 minutos antes de soltar la crema solar especial en las profundidades de su jefa.
—Tu bote de crema especial siempre tan lleno —dijo Eli complacida —. Aunque ahora toca extender la crema solar.
Ignacio metió tres dedos de golpe en la vagina de Eli y no tardó en notar el semen que acababa de dejarle dentro a la madura.
Ignacio meneó con habilidad los dedos, masajeando las lubricadas paredes vaginales.
Pronto se unieron otros tres dedos más y con ellos los gemidos de Eli fueron in crescendo hasta el orgasmo final.
Un orgasmo que empapó la hamaca. Un orgasmo tan sonoro que, si alguien no había oído los anteriores gemidos de Eli por estar a tanta altura, este último lo habrían oído como un trueno de placer.
Ignacio sacó con cautela los dedos y Eli lo miró sonriente.
Eli se levantó unos minutos después para ducharse.
Ese era el último día en ese hotel. Se terminaban las vacaciones, pero no el placer. Volvería a servir a la madura en su espectacular casa. Y no solo complacería a Eli, también a su amiga Fina.
Sin duda, tenía que mostrar a Fina lo que habían mejorado sus dedos.
Ignacio fue hacia la barandilla de la terraza, pero se mantuvo a un metro de distancia por temor a las alturas.
Sonrió mirando al horizonte.
Aquel era, indiscutiblemente, el mejor trabajo que podía tener. Nunca había soñado con tener semejante chollo.