Si tú supieras 95. Una noticia devastadora, una vuelta a casa, un amigo leal y una promesa sin respuesta
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95. Una noticia devastadora, una vuelta a casa, un amigo leal y una promesa sin respuesta

Una noticia devastadora, una vuelta a casa, un amigo leal y una promesa sin respuesta

Fabiola

—Candela, ¿dónde tienes el móvil? —pregunto con el pulso a punto de estallar.

—Pues en el bolso...

Veo cómo mi prima abre su pequeño bolso morado y saca su teléfono, que me enseña apagado.

—No me había dado cuenta de que se me había acabado la batería. ¿Qué pasa? Me estás asustando.

Pulso el botón de la llamada y no tardan ni medio segundo en cogerlo.

—Por fin, llevamos un buen rato intentando contactar con vosotras. ¿Estás con tu prima?

—Sí, claro.

—Bien, aún no me la pases. La tía está en el hospital. —Lo que acabo de escuchar de la boca de mi padre me ha dejado helada.

—¿Qué? —pregunto mientras el miedo me está empezando a paralizar.

Mi prima me está mirando fijamente y sabe que algo malo está pasando. En breve sabrá que se trata de su madre...

—Llevaba un par de días con dolores fuertes, pero ya sabes cómo es: poco amiga de los médicos.

La cuestión es que tu tío se ha encabronado con ella y la ha llevado a rastras al hospital, y menos mal, porque lo que empezó con una apendicitis ha derivado en una peritonitis bastante fea.

Han tenido que operarla de urgencia y, bueno, estamos esperando.

—Esperando ¿a qué?

—Parece que la anestesia no le ha sentado del todo bien, pero los médicos nos han dicho que su vida no corre peligro. Lo siento, corazón mío, pero tenéis que volver ya. Os quedaban pocos días, ¿no?

—Sí...

Claro que sí, así somos nosotras. En ningún momento se nos ha pasado por la cabeza avisar a nuestros padres de que habíamos cambiado los planes y acabaríamos la aventura en París, retrasando nuestra vuelta a casa. Ahora ya da igual, no hay nada más importante que la familia.

—Bueno, pásame a mi niña de ojos azules.

—Claro, papá. Te quiero.

—Y yo a ti, mi amorcito.

Le paso el teléfono a mi prima y le digo que es mi padre, que tiene que hablar con ella y que esté lo más tranquila posible.

—Hola, tito... ¿¡Qué!?... No, no, no... —dice mientras las lágrimas empiezan a caer.

Le cojo la mano libre por encima de la mesa y Marc la abarca con un brazo mientras le frota el hombro suavemente—.

Me voy ahora mismo... Vale, pues mañana a primera hora cojo el avión.

.. ¿Seguro que está bien? Tito, ¿no me estás engañando?

... Vale, confío en ti... ¿Y mi padre?..

. Dale las gracias a la tita... Yo también os quiero mucho. .. Llámame con cualquier novedad. Chao.

Candela corta la llamada y se pone a llorar desconsoladamente. Le aprieto más la mano y hago que se levante de su silla, venga hacia mí y se siente en mis piernas, como hacíamos cuando éramos pequeñas. Roca que sostiene a otra roca.

—Todo va a salir bien, pero hay que volver. Lo siento, chicos, pero nuestros planes han vuelto a cambiar.

—No, Fabs, por favor... Me voy yo sola, tú vete a París.

—¿Qué? No, estás loca de remate. Yo me voy contigo.

—Acompáñame un segundo fuera, por favor.

Sigo a mi prima a la salida del restaurante y, nada más poner un pie en la calle, una brisa fresca nos da en la cara al mismo tiempo que ambas suspiramos.

—Yo tengo que irme porque es mi madre, Fabs, pero tu tiempo aquí no ha terminado.

Ni tu tiempo ni tu proceso. Lo estás haciendo de puta madre, prima, y yo no estaría tranquila si te vinieses conmigo.

Te estás abriendo, Fabs, por una vez en veintiocho años estás haciendo lo que tu corazón siente realmente, sin que factores externos estén moviendo los hilos.

Estoy aterrada, pero le confiaría la vida a tu padre sin pensarlo y me ha dicho que no me preocupe, que mi madre está bien, pero que estaría mejor conmigo al lado y que solo nos perdemos un día de viaje.

Si fuese al inicio, ni siquiera nos hubiesen dicho nada.

.. Nos aman incondicionalmente, al igual que yo a ti, y quiero que lo hagas por mí, quiero que te vayas con esos dos maromos buenorros a París y disfrutes por ambas.

No te preocupes, ya que me encargaré yo de que en un futuro vayamos juntas.

Tienes que prometerme que harás lo que te dicte tu corazón.

Prométemelo. Y no te preocupes por que me vaya sola, que me las apaño.

—Cuqui, te las apañas sola estupendamente, pero yo me voy contigo —nos interrumpe Marc.

—Ni de coña.

—Ni de coña mis cojones treinta y tres. Nuestro vuelo sale a las ocho de la mañana, así que a mover esos culazos que Dios os ha regalado, que nos volvemos al hotel cagando hostias.

Izan sale ahora, que está pagando la cuenta.

Por cierto, cuquita número dos, vuestro itinerario sigue según lo previsto.

Esta noche Cande y yo dormiremos juntos para no despertaros.

Ya podéis estar al loro para no llegar tarde al aeropuerto.