80. Un hobbit, una cachonda para nada celosa, un barrio judío y un conductor de primera
Un hobbit, una cachonda para nada celosa, un barrio judío y un conductor de primera
Izan
—Quedan unas cuatro horitas en las que podemos hablar de muchas cosas —apunta Marc con su mítica sonrisa—. ¿Alguien quiere empezar?
—¿Necesitamos turno de palabra? —contraataca Cande.
—No, cari, pero lo que no quiero es que os durmáis y me dejéis aquí comiendo asiento.
—O siempre puedes empezar tú felicitándome por llevarte ayer al mejor pub al que has ido en tu vida. Y mira que te he llevado a cientos —le digo a mi mejor amigo.
Hace dos días, no, pero ayer sí que los cuatro pisamos el Ice Club de Praga.
Fabiola se levantó con más ánimo y, sabiendo que yo me moría de ganas de ir, me hicieron el favor de acompañarme a cumplir ese sueño.
Realmente, no era para tanto, pero no quería seguir caminando después de ver el famoso reloj, un callejón de casas minúsculas, el castillo y un montón de cosas más a las que me arrastraron.
Además, nuestra presencia allí fue vista y no vista, ya que no te dejan estar más de veinte minutos dentro.
—Vale, la verdad es que el sitio es chulo, no pasé nada de frío y la copa estaba buena. ¿Contento?
—Mucho. —Sonrío.
—¿Queréis que os vaya dando datos sobre Berlín? —Cande, siempre dispuesta a amenizarnos los trayectos.
—Somos todo oídos.
—¿Por dónde queréis que empiece?
—¿Gente nacida allí? —lanza Fabiola.
—Hecho. Dejadme pensar... Bien. Ya lo tengo: Dominic Monaghan nació en Berlín.
—Me suena ese nombre —susurra Marc mientras se esfuerza por ponerle cara.
—Marco, ¿cómo no te va a sonar? Es Merry.
—¿Christmas?
Cande mira a mi amigo como si quisiese aniquilarlo mientras él le pide perdón con las manos porque no tiene ni la más remota idea sobre quién le está hablando.
—La madre que me parió. ¡El amigo de Frodo Bolsón! —suelta un tanto exasperada.
—Aaah, ese Merry. Vale, vale. Perdón —pide Marc de nuevo.
—Fabs, este te va a gustar. Arón Piper también es alemán.
—Es taaaaaaaaaaaaaan guapo... —Fabiola pone cara de enamorada y suelta una especie de gritito mientras la visualizo con corazones saliendo de sus ojos.
— Demasié , las cosas como son. A Marlene Dietrich también la sumamos a la lista.
No recuerdo a nadie más, así que paso a recitaros un listado de películas que fueron rodadas en las calles de Berlín.
Comienzo con la famosa Cabaret , la de Liza, en 1972.
También han rodado Capitán América: Civil War , El mito de Bourne , Malditos bastardos , la cuarta de John Wick , las dos de Sinsajo y.
.., como no podría ser de otra forma, Uncharted , de mi querido Tom.
—¿Otra vez el pequeño Holland? —Marc no quiere acabar el día con vida.
—Pequeño, dice. Serás pringao . Solo te permito llamarlo «pequeño» si te refieres a cuando se puso en la piel del gran Billy Elliot sobre las tablas. Ojo cuidao ...
—Cuqui, no te pongas salvaje.
—Es que es muy grande. —Candela se pone la mano sobre el corazón de manera teatral.
—Vale, vale.
—¿Y algún libro ambientado allí? —pregunta Fabiola para cambiar el rumbo de la conversación.
—No lo sé, prima. Me habéis jodido la inspiración.
Durante los siguientes minutos no le viene ninguno a la cabeza, pero sigue hablándonos de cine, actores, series, y de toda la filmografía del protagonista de Lo imposible.
—¿Es tu mayor crush ? —pregunto en un momento dado.
—Yo quiero ser señora de Holland o de Tatum, o de los dos; no soy para nada celosa —responde Cande con una sonrisa.
—¿Channing Tatum? —pregunto.
—Buff, ya me he puesto cachonda.
Acabamos de sentarnos en el coche de alquiler y esta vez el que conduce soy yo, con Fabiola de copiloto.
—Veamos, chicos, tras dejar las maletas, ¿qué preferís ver primero?, ¿el barrio judío o Nikolaiviertel? —pregunta Cande desde la parte trasera.
—Vemos uno y luego el otro; me parecen los dos muy interesantes —digo.
—Tranquilos, esto es solo para ir abriendo boca; aquí hay un montón de sitios por visitar. Marc, tú tenías varios sitios anotados, ¿verdad?
—Sí. Ya sabéis que estamos en una ciudad que tiene mucha historia a sus espaldas y que la mayoría de sus localizaciones me hacen dar gracias al Señor por no haber estado presente en esos años y en este mismo lugar. Uno de ellos es el monumento al Holocausto.
—¿Habéis visto la película Holocausto caníbal ? —La chica mariposa y su cinefilia.
—Corramos un estúpido velo. Sí, «estúpido»; no me hables más de semejante cosa horrorosa —suelta mi amigo tras la pregunta de Cande, sin dejar que nadie conteste—.
Está la Potsdamer Platz. En este distrito es donde se instaló el primer semáforo de toda Europa.
La de cosas que aprende uno cuando se va de viaje.
Se sitúa en el corazón de Berlín y está lleno de zonas culturales y de ocio.
Y luego he visto una especie de mercadillo. .. No he apuntado el nombre.
—El de Mauerpark —contesta Candela.
—Gracias, cuqui, no sé qué haría sin ti.
—Tener una vida más triste.
—Amén, hermana. Pues eso.
—¿No vamos a ir al Muro de Berlín? —pregunta Fabiola vacilante.
—Marco, mira a mi prima..., preguntándonos por el Muro de Berlín disimuladamente para no hacerlo expresamente por el grafiti de los dos líderes comunistas dándose el filete y en el que, por cierto, la gente se fotografía besándose.
¿No será que quiere comerle el morro a nuestro conductor de primera, acelera, acelera, sin que nadie piense cosas extrañas?
—Pero qué...
—Izan, por favor te lo pido, concéntrate en la carretera, que soy demasiado joven y bonita para morir.
—Pues déjate de decirle esas cosas a tu prima —farfullo.
—Ay, mira cómo la defiende. Qué bonito —suelta mientras le observo secarse una lágrima imaginaria por el espejo retrovisor.
Tengo que concentrarme en la carretera. Estoy sudando. Estoy nervioso. Estoy tenso. Fabiola se me ha adelantado, pero yo iba a preguntar por ese mismo muro por la razón que ha dicho Cande: para tener una excusa para besarla e inmortalizar semejante momentazo.