Si tú supieras 75. Unos planes aceptados, unas coronas checas, un gilipollas y un callejón oscuro
65%

75. Unos planes aceptados, unas coronas checas, un gilipollas y un callejón oscuro

Unos planes aceptados, unas coronas checas, un gilipollas y un callejón oscuro

Fabiola

En poco menos de una hora estaremos en la República Checa, más concretamente en Praga, ese lugar que me fascina por completo.

Ayer desperté con Izan a mi lado tras quedarme dormida viendo una peli, y también sobresaltada, ya que mi prima y Marc hicieron acto de presencia en la habitación como si fuesen a encontrarse algo jugoso.

No, no pasó nada después de que Candela, seguida de Marc, apareciera en el laberinto.

.. No sé qué hubiese pasado si no nos llegan a interrumpir.

El resto de nuestro tiempo en Viena lo pasamos haciendo turismo.

Nos montamos en el trenecillo del parque del Danubio, fuimos al Museo del Prater y acabamos en el Prater de Viena, el parque de atracciones más antiguo del mundo.

Tienen una noria gigante, donde, lógicamente, no me monté.

Realmente, no me subí al ochenta por ciento de las cosas.

Después de eso, nos fuimos a descansar y aquí estamos, en el tren con destino a una nueva parada.

—¿Qué os apetece ver en Praga? —Marc nos mira esperando a que alguno de nosotros diga algo.

—A mí me encantaría ir al muro de John Lennon. Lo he visto por Instagram y creo que podemos hacernos fotos muy chulas. Es supercolorido y podemos dejar nuestra huella en forma de dibujo o de firma. Es un sitio que me muero por ver de cerca.

—Me parece bien, prima. Yo también le tenía el ojo echado. Apuntado. ¿Algo más?

Río por dentro porque Marc y Candela hacen un buen tándem de trabajo. Uno pregunta, la otra apunta.

—También me encantaría ir a Karlovy Vary.

—¿Y eso qué es? —Esta vez la que hace la pregunta es mi prima, que me mira mientras se recoge el pelo con una pinza de estampado de vaca. Ella, la reina del animal print.

—Es una ciudad balneario. Tiene un montón de fuentes de aguas termales y unas casas muy cuquis. Mira qué chulada —añado mientras le enseño una foto desde mi móvil.

—Esto tiene una pinta de postín. Entiendo que te guste este lugar; es precioso. ¿Cómo se me ha podido pasar por alto? —comenta mi prima con una sonrisa.

—¿Pues sabes lo que dicen del paseo principal? —la pico haciéndome la misteriosa.

—Sorpréndeme —contrataca entrecerrando los ojos, como si de un reto se tratase; yo no puedo evitarlo y me da la risa.

—Que se podría escribir una novela de cada casa.

Bien, he conseguido que mi prima vea con otros ojos el lugar. Ahora sé que está deseando conocer cada rincón. Sus palabras me lo confirman.

—Marco, apunto Karlovy Vary en la lista de cosas prioritarias, debajo de ir a cambiar dinero por coronas checas y luego buscar transporte para poder pasar allí el día.

—Tenemos contratado un coche de alquiler, como siempre —dice Marc conteniendo la risa porque sabe tan bien como yo que, si a mi prima le das libros como parte de la ecuación, estos siempre van a pasar a ser una prioridad.

—Bien, pues ve poniendo a punto el Google Maps.

—Tengo un sitio al que quiero que vayamos —interviene Izan.

—Pues ya tiene que ser un sitio especial para que tú digas de ir a algún lado. En lo que llevamos de viaje, prácticamente no has propuesto nada. Desembucha —le vacila Marc poniendo cara de curiosidad.

—No sé si vas a estar muy contento con mi propuesta, teniendo en cuenta lo friolero que eres.

—Ni de coña, no. —Marc empieza a negar con el dedo acusador y no entiendo a qué se refieren.

—Oh, sí...

—Tronquis, ¿podéis compartir con nosotras ese sitio al que tú quieres ir y al que mi Marco no? —indaga Candela.

—Este mamonazo quiere llevarnos al Ice Pub.

—Izan, te amo... Reconozco que yo también quería visitarlo, pero me daba miedo que me tachaseis de loca por querer ir a un bar que es de hielo.

Candela, que se une a todos los planes poco convencionales del mundo.

—¿Me estáis diciendo que queréis ir a un bar que está hecho de hielo? —pregunto incrédula.

—Sí, Fabiola, eso es exactamente lo que hemos dicho.

—Vale, vale...

—Puedes estar tranquilo, Marc. No dudo de que has oído hablar de él y doy por hecho que sabes que para entrar te dan una chaqueta térmica y unos guantes, así que estarás tan caliente como acostumbras... —concluye Izan entre risas.

—Sí, como una fragua..., no te jode. No voy a luchar por esto porque sé que es una guerra perdida y que voy a ir, así que voy a mirar horarios y reservar entradas.

Hace dos horas que hemos llegado a Praga y ahora mismo nos encontramos en una cola esperando para que nos cambien dinero.

—Arturo estuvo aquí hace tres meses por una cosa del curro y me dijo que esta es la mejor oficina de cambio de moneda —comenta Marc—.

Y ya os digo que me fío de él porque el mamonazo es de los que dicen que pasa de gastarse el dinero que gana en una novia.

Vaya, que es de la cofradía del puño cerrado.

—¿Ese gilipollas es tu amigo? —Mi prima, que es más suave que el algodón.

—No, querida, es un subordinado que hace bien su trabajo y al que daremos las gracias por que no nos timen.

—¿Lo dices en serio? No me gustaría que algún día me presentases a tal cavernícola.

—Lo digo, lo digo. Ni siquiera se acerca a conocido. De verdad, solo lo trato en el trabajo, pero es que lo casca todo a la hora del café.

—Me dejas más tranquila.

Mientras siguen con su conversación, yo no puedo quitarle los ojos de encima a Izan.

Hoy no sé qué me pasa, pero es como si tuviese un magnetismo oculto que me fascina.

Desde que comenzó el viaje es la primera vez que me siento así.

Más bien... No quiero decirlo, pero me siento en proceso de ebullición.

Vamos, que estoy cachonda perdida, cosa poco dada en mí.

—Deja de hacer eso o no respondo. —De pronto me doy cuenta de que tengo a Izan delante; no he sido consciente del momento en el que se ha movido y ha venido hacia mí.

—Que deje de hacer ¿el qué?

—Morderte el labio inferior mientras me miras.

—¿Qué...? No, yo no... Solo te miraba eso que llevas ahí. Es la primera vez que te veo con eso. —Señalo el artilugio metálico que adorna una parte de su cara.

—¿Nunca has visto un pendiente en la nariz?

—Mi prima lleva uno.

—Estaba siendo sarcástico, por si no te habías dado cuenta.

—No soy imbécil. —Izan suelta una carcajada en cuanto pongo los ojos en blanco.

—No, eres muy mona. En serio, deja de hacerlo.

—Que no me muerdo el labio mientras te miro. Estás loco...

—Sí, sí que lo haces. Mucho, por cierto, y como sigas haciéndolo no respondo de mis actos. Por mucho que me digas lo del piercing , sabes que esa no es la razón por la que me miras tanto. Repito: no respondo.

—¿Qué quieres decir con que no respondes? —Parece ser que hemos venido a jugar.

—Pues que te voy a besar sin importarme absolutamente nada y te voy a llevar a un callejón oscuro. A partir de aquí, te dejo que imagines el resto, Mambita.

Y creo que él va a resultar el ganador.