74. Una mentira explicada, un rescate y un listado de películas
Una mentira explicada, un rescate y un listado de películas
Izan
—Te mentí.
Fabiola me mira fijamente, pero no dice nada, y no sé si es porque la he dejado sin palabras o porque está pensando sobre qué ha podido ser.
—Cuando me preguntaste si había habido alguien especial en mi vida, te mentí. Lo hice porque no quería que, nada más conocerme, me vieras vulnerable por culpa de lo que más me ha dolido en la vida... por esa persona en cuestión. ¿Quieres que te cuente la historia?
—Claro —dice con un hilo de voz.
—Nos conocimos siendo niños, ya que nuestros padres eran amigos.
Con Marc y Gi siempre se había llevado bien, pero conmigo tenía otro tipo de relación.
Me fui enamorando de ella perdidamente y solo vivía pensando en que quería envejecer a su lado.
Me despertaba y pensaba en ella. Me iba a dormir y lo mismo.
Y así con cada cosa de mi día a día, todo el rato con ella en la cabeza.
Viéndolo ya desde la distancia, no sé si me enamoré o me obsesioné.
Bien podría Aventura haberme dedicado su canción.
La cuestión es que me moldeó a su imagen y semejanza.
Me decía: «Amor, ponte esto, que te sienta fenomenal».
A mí me horrorizaba, pero me lo ponía porque a ella le encantaba.
Y así con todo. Hacíamos los planes que a ella le gustaban, comíamos en los sitios a los que ella quería ir.
.. Era su esbirro, al final me di cuenta.
No podía imaginarme la vida sin ella porque creía que, si eso llegaba a suceder, me faltaría el aire.
Mis padres, en alguna ocasión, me dijeron que esa dependencia no era sana, pero, claro, yo no era consciente de ello.
Lo pasaron muy mal. Y peor aún cuando me vieron no salir durante meses de mi cama después de pillarla follando con otro.
—Fabiola abre los ojos como platos—. Sí, todo lo que hacía, al final, no fue suficiente para ella y me puso los cuernos.
—No, no sigas por ahí —niega cogiéndome la cara con ambas manos para que la mire fijamente—.
Hiciste demasiado y el problema es que esa mujer es una auténtica gilipollas que no supo valorarte.
Siento mucho que te hiciese sentir inferior, pero no lo eres.
Vales mucho más que ella. Quiero que te quede claro.
—Gracias... —La voz me sale entrecortada porque el temblor de mis labios no me permite hacerlo de otro modo.
—No lo he dicho para hacerte sentir bien, lo he dicho de corazón.
—Lo sé y te lo agradezco de veras.
—Estuviste muy mal después de eso, por lo que cuentas.
—Mis padres se gastaron mucho dinero en terapia.
—No tuvo que ser fácil para ellos.
—Ningún padre o madre normal quiere ver sufrir a sus hijos del modo en el que los míos me vieron sufrir a mí.
—Eso lo tengo claro, tuvieron que pasarlo fatal, pero me refería a lo otro.
—¿A qué otro? ¿A enfrentarse a la situación con los padres de ella?
—No, ahora mismo no recordaba que eran amigos. Me refiero al tema monetario. Sé lo que cuesta una terapia y sé que no es apta para todos los bolsillos, así que imagino que tuvo que ser doblemente duro.
«Dinero. Siempre es el puto dinero el que dirige la vida de esta chica, por los comentarios que suelta demasiadas veces.
Si supiera que el dinero, en ocasiones, es un dardo envenenado.
..». Necesito no pensar en esta parte de ella que me produce bastante rechazo y trato de reconducir la conversación de alguna manera.
—Quiero besarte —digo para olvidar la última frase que ha salido de su boca.
—Me parece bien, pero a estas alturas no tienes que pedir permiso.
—No lo hago, era mera información.
Cojo su cara entre mis manos y acerco sus labios a los míos. No es un beso hambriento, no, es un beso cálido, cariñoso y vulnerable, que es justo como me siento después de confesarle lo que solo la gente especial de mi vida sabe. Cuando el beso termina, necesito decirle varias cosas.
—No sé qué me pasa contigo, Fabiola, de verdad que no. No quiero hablar de sentimientos, no te asustes, pero me gustaría que supieras que si te he contado esto es porque ahora mismo confío ciegamente en ti.
—Yo también confío en ti.
—Quién nos lo iba a decir, ¿verdad?
—Está claro que la Mamba Negra y La Máscara hacen un buen equipo. A lo mejor algún día hacen un crossover .
—No estaría mal...
La miro fijamente a los ojos y ella me regala una sonrisa.
—Podríamos ir juntos al cine a verla...
«Planes. Juntos. Futuro».
Mi corazón está a punto de explotar.
—Quiero besarte otra vez.
«Qué coño, no quiero dejar de besarla nunca. ¿Qué me pasa?».
Justo cuando estoy a punto de hacerlo, tiene lugar una aparición. No se trata de un ángel celestial ni de una epifanía divina, no. La que nos interrumpe es alguien con el pelo de colores, y yo ya no sé si estoy cabreado o aliviado. O todo junto, porque ahora mismo no puedo ni pensar.
—¡Chicos, por fin os encontramos! Llevamos más de media hora esperándoos fuera. ¡Marco! —grita la chica mariposa.
—¡Polo! —se oye el berrido de mi amigo en la lejanía.
—¡Sigue mi voz, que me he encontrado con dos personajillos que se han olvidado de nuestra existencia! —exclama Candela mirándonos a los dos.
Al cabo de unos segundos Marc aparece ante nosotros.
—Míralos... Cualquiera diría que se han metido de lleno en una buena lucha de lengua contra lengua. Me da a mí que han quedado en tablas.
—Cuqui... —Marc intenta cortar a Candela, pero no hay manera.
—Ay, los amores veraniegos, lo que me gustaban a mí en mis años mozos...
—Cuuuuqui...
—Siempre dejan rescoldo, ¿sabes? Nunca se olvidan. Cuando yo cumplí los...
—¡Candela! —grita esta vez Marc para hacerla callar de una vez—. Te adoro y lo sabes, pero estamos en medio de un laberinto, la gente que está pasando a nuestro lado nos está mirando con cara rara y creo que tu prima está pasando algo de vergüenza.
—Vaaaaale, ya me callo. Nos debéis una cena.
Unas horas más tarde, después de una rica cena en la que mi prima y Marc han pedido como si no hubiese un mañana, estamos entrando por la puerta del hotel.
—Habéis estado mucho tiempo dentro del laberinto, solos. ¿Algo que compartir con el resto ahora que ya estamos todos tranquilos? —Candela pone cara de detective en acción intentando descifrar algún gesto en nuestros rostros.
—Hemos estado charlando un poco de nuestras vidas. Siento que no sea nada trascendental —contesto entrecerrando los ojos mientras fijo mi mirada en ella.
—Pues debo decir que no corría mucho el aire cuando os he encontrado.
—Candela... —reprende Fabiola a su picarona prima.
—De verdad, no hay nada más que contar —sentencio tratando de zanjar ya el tema. Espero que esta vez entienda que no vamos a darle datos jugosos.
—Pues qué poco romántico todo. Ese escenario bien podría ser el de una de las mejores comedias románticas nunca vistas en el cine. No recuerdo haber visto ninguna escena apoteósica rodada en un sitio así.
—Se siente, pero esto no es una película romántica, es una película sobre la amistad —respondo intentando que lo deje estar de una vez por todas.
—Lo que tú digas, Izan..., lo que tú digas —suelta de una forma rara la chica mariposa.
—No quiero ser yo quien interrumpa este momento, pero, si no os importa, Cande y yo vamos a ir a preparar cosas para los próximos días.
Os invitaría a uniros, pero algo me dice que os apetece hacer otras cosas.
Y no va con segundas, no os tiréis a mi yugular —interviene Marc, que está harto de ver a Cande intentando sacarnos información jugosa sin éxito.
—Sí, claro, id tranquilos. Nosotros quizá veamos una peli. —Sonrío a mi amigo.
Ambos se han metido hace ya un buen rato en la otra habitación y ese es el tiempo que llevamos en esta en completo silencio.
Estaréis pensando que es uno de esos momentos tensos o extraños en los que se suele esperar que la otra persona diga que se va y así volver a estar cómodos, pero, no, es un silencio tranquilo en el que estamos viendo el único canal español que hemos encontrado en la televisión.
Es uno de noticias, y están dando un reportaje sobre una aplicación de ganado que nos parece la mar de interesante.
—No tenía ni idea de que se hacían subastas de vacas. ¿Y tú? —pregunta Fabiola completamente alucinada.
—Estoy tan anonadado como tú, pero la idea me parece cojonuda. Por cierto, ayer estuve trasteando un poco con la tele y podemos compartir algo desde el móvil. Tengo varias plataformas de pago; ¿quieres que echemos un vistazo y vemos una peli, tal como he dicho antes?
—Me parece genial.
Vale, esto ha sido una lucha en toda regla hasta que hemos llegado a un entendimiento.
Decidimos proponer tres opciones cada uno, de clásicos, y hacer ronda de votaciones.
Ella se decanta por Solo en casa , Señora Doubtfire y Jumanji .
Yo opto por La familia Addams , Matilda y Eduardo Manostijeras .
Como veis, la elección está complicada. ¿Solución final?
Verlas todas. Así es como hemos creado una nueva tradición llamada «Mupesila» (mezcla de música y película).
Sí, en ocasiones se hacen estas cosas, qué le vamos a hacer.
Después de discutir por cuál empezar, gana hacerlo por orden alfabético y nos dejamos de hostias.
—Esta peli es preciosa —comenta Fabiola sin despegar la vista de la pantalla.
—La verdad es que sí.
Estamos justo en el momento en que Eduardo está esculpiendo las figuras de nieve y Kim baila en círculos como si estuviese nevando. Qué obra maestra, aunque todo lo que hace Tim Burton es magistral.
—¿La has visto muchas veces?
—Cada vez que hacen una reposición. ¿No ves que siempre repiten lo mismo?
He visto como un millón de veces esta película, Pretty Woman , Titanic , Loca academia de policía , Arma letal , Poli de guardería , la trilogía de El Señor de los Anillos , Ghost .
.. Las cadenas, que no se quieren gastar la pasta en nuevas pelis y todos los años echan las mismas.
Ahora les ha dado también por Bohemian Rhapsody , pero a esa jamás le pondré un pero.
—Me ha quedado claro que la has visto muchas veces y que te gusta mucho el cine —responde riéndose.
—Es lo que tiene no tener muchos amigos, que con algo hay que matar el tiempo.
—¿No tienes muchos? —pregunta extrañada.
—No, pero porque no los quiero. Cuando pasó lo de mi ex me sentí muy solo y muy incomprendido.
Los únicos que han estado siempre han sido Marc y Gisela.
¿Sabes eso que dicen de que en los malos momentos se ve realmente quién te quiere?
Es cierto. Cuando todo son risas y fiestas, está todo el mundo.
Cuando vienen los lloros y los malos momentos, están aquellos a quienes verdaderamente importas.
Fue jodido todo: la infidelidad de Celeste, pensar que había sido culpa mía, ver que la gente no se preocupó por mí, presenciar cómo sufría mi familia.
.. Fue una época muy horrible de mi vida y quizá por eso me cuesta tanto abrirme con la gente, porque no quiero llevarme más decepciones. Creo que ya estoy servido.
—¿Tengo que sentirme privilegiada? Porque si me estás contando esto es porque un poco sí que confías en mí.
—Estás en periodo de prueba.
Después de esto, seguimos atentos a la película, aunque con la conversación nos hemos perdido un buen trozo. No pasa nada. Ya sabéis: la hemos visto mil veces ambos.
Cuando salen los créditos finales y miro hacia Fabiola, que hace un buen rato que no comenta nada ni suelta ningún suspiro viendo a Johnny Depp, compruebo que se ha quedado profundamente dormida. La arropo y me quedo a su lado. Mañana será otro día.