Capítulo 61
Como un niño que se aísla de la vida
he construido una cabaña donde no existen las lágrimas. [...]
Aquí puedes volar, hablar cuando te nace
porque aquí sí se valora cuando un corazón se abre
porque da igual pequeño o grande.
Ambkor, Errecé
Miércoles, 19 de agosto. Diez y trece de la noche.
Ádriel
¿Sientes lo mismo?
¿Sigues queriendo casarte conmigo?
Alexis
Incluso más fuerte, mi amor. Solo tengo a una mujer en mente. Y eres tú. Nunca dejaré de querer casarme contigo. Grábatelo. Eres lo que necesito para que mi vida vaya bien.
Alexis
No soy capaz de vivir sin verte, hablarte o tocarte. Lo necesito como el aire que respiro, cariño. Estoy deseando volver.
Ádriel
Pensé que tal vez con la distancia, y que tienes tiempo de pensar, podrías cambiar la forma de ver nuestra relación y lo mío con Gelo y Angelito.
Alexis
Nunca cambiaré de opinión respecto a nosotros. ¿Y tú? ¿Has cambiado de opinión?
Ádriel
No. Te echaba de menos después de todo el día sin hablar.
Alexis
Y yo a ti, mi vida.
Muero de ganas por verte.
A pesar de que hablábamos a menudo y nos llamábamos una vez al día, se me hacían eternos los días sin él. Alexis estuvo la mañana del jueves algo desaparecido y supuse que estaría liado.
Por la tarde me senté junto a Gelo en el sofá mientras el crío jugaba en el suelo a nuestro lado.
—Gelo. —Llamé su atención. Él desvió la vista del libro de Reverte—. Quiero que Alexis viva con nosotros.
—Ya vive con nosotros. —Mi mejor amigo rodó sus ojos.
—Me refiero a que se venga a vivir a nuestra parte de la casa.
—Si te hace feliz, estoy de acuerdo.
Sonreí a mi mejor amigo y le besé la mejilla.
—Me hace mucha ilusión —admití.
—Y si Alexis acepta, ¿qué hacemos con la buhardilla? —preguntó Gelo.
Nos pasamos un buen rato dándole vueltas a su pregunta.
Tras una lluvia de ideas locas, decidimos que se convertiría en una biblioteca.
Una zona donde reinaría el silencio. Pondríamos un sillón, una estufa de pellets que asemejara ser una chimenea, un escritorio y librerías por todas las paredes.
Sería mi sueño hecho realidad. Un lugar de paz.
Jueves, 20 de agosto. Seis de la tarde.
Ádriel
Mi amor, tengo una buena noticia.
Jueves 20 de agosto. Siete de la tarde.
Ádriel
Hoy estás muy liado, ¿no? Apenas me has hablado.
Jueves, 20 de agosto. Ocho menos veinticinco de la tarde.
Alexis
Dime.
Ádriel
He hablado con Gelo y cuando vuelvas a casa, eres bienvenido a vivir con nosotros. ¡Estoy deseando empezar esta nueva experiencia contigo!
Jueves, 20 de agosto. Ocho de la tarde.
Alexis
Lo vamos viendo cuando vuelva, fea.
Ádriel
Pero qué soso eres, cariño. Te lo perdono porque estás con tu familia. ¿Me llamas después?
Alexis
Lo intento, pero no lo sé.
«¿Sus primos y su hermano tendrán algo que ver con que esté así de distante conmigo?
». Ni siquiera se alegró ni un poquito de mi mensaje.
Detesté que se comportara así. Aborrecí que no se diera cuenta de que estaba haciéndome daño con sus escasas palabras.
Se me cerró el estómago y experimenté una leve punzada de dolor en el corazón.
Sentí que empezaban a salir pequeñas grietas en el refugio que habíamos construido juntos y no me gustaba nada esa sensación.
Me estrellé en el sofá junto a Gelo y no pude evitar llorar. Tenía demasiados pensamientos que amenazaban mi estabilidad y confianza.
—¿Ari? —se preocupó Gelo—. ¿Qué ha pasado?
—Le quiero y le odio a partes iguales —estallé.
—¿Te ha dicho que no quiere vivir con nosotros?
Negué, abrí la conversación con Alexis y se la mostré.
—Y no es solo lo de ahora. Hoy está raro. Casi no me escribe. —Sentí otra punzada de dolor en el corazón—. Tengo miedo.
—Ari, Alexis está disfrutando de unos días en familia. ¿Que hoy está más distante? Pues será que está más liado. No entres en pánico por eso.
—¿Estoy siendo una melodramática? —pregunté entre hipidos—. Lo siento. Yo… No sé qué me pasa.
Gelo me abrazó y me animó como mejor pudo y yo se lo agradecí en el alma. Tenerle en mi vida era un regalo.
Viernes, 21 de agosto. Doce y veinticinco de la madrugada.
Alexis
Estoy cansado, me voy a dormir. Te llamo mañana si puedo.
Alexis
Buenas noches.
Ádriel
Vale. Hoy te vas prontito. Buenas noches, cariño. Duerme bien y descansa. Te quiero. Y te echo de menos. Menos mal que ya queda poco para que vuelvas.
Le vi en línea veinte minutos más, leyó mi último mensaje y no me contestó.
Se me cerró la boca del estómago y me entraron ganas de vomitar.
Algo no iba bien. Algo empezaba a ir fatal.
Quise preguntar a Alexis, pero me dio miedo su respuesta.
En su lugar, me puse a leer para despejar un poco la mente, hasta que los ojos se me cerraron y caí en los brazos de Morfeo.
Al despertar por la mañana y no ver ningún mensaje de Alexis, mi cabeza volvió a dar vueltas una y otra vez a lo raro que estaba.
Las náuseas que contenía mi estómago no me dejaron desayunar, y me fui directa a Finca Deva.
Esperaba que los caballos me quitaran las ganas de meterme en la cama y no salir.
Pero ni siquiera ellos me subieron el ánimo.
Hice de tripas corazón y me dispuse a contarle a Alexis mis miedos. Mi corazón latía desbocado mientras tecleaba en mi móvil. Me temblaban las manos y tuve que centrarme en mi respiración porque si no tendía a cortarla, conteniendo todo el aire en mis pulmones.
Viernes, 21 de agosto. Tres y media de la tarde.
Ádriel
¿Está todo bien? Te noto raro.
Alexis
Ya te lo contaré en persona.
Ádriel
Dímelo ahora. Me tienes preocupada.
Alexis
En persona. Decirlo por aquí sería de cobarde.
Ádriel
¿Qué está pasando? ¿Pasa algo con tu familia? ¿Con nosotros? ¿Qué es? Estoy acojonada porque cuando me llamaste el miércoles todo estaba bien.
Alexis
Eres muy impaciente.
Ádriel
¿Me estás vacilando? Parece que no me conoces. Estoy mostrándome insegura, ¿y tú me vacilas? Contesta a mi pregunta.
Alexis
No sé qué decirte porque primero tengo que hablar contigo. Por eso te estoy pidiendo que esperes a estar uno delante del otro, por favor.
Ádriel
Ok.
Alexis
¿Te has enfadado? ¿O estás bien?
Ádriel
¿Te has fumado un porro y me sigues vacilando? Hostia, estoy entre cabreada y acojonada ahora mismo.
Alexis
Ya. Creo que las cosas no van a salir como pensábamos.
Ádriel
¿Por qué?
Alexis
Porque han pasado algunas cosas.
Alexis
Y circunstancias…
Ádriel
¿Qué ha pasado? No entiendo nada, ¡joder! ¿Dónde está el Alexis que conozco?
Alexis
Mañana te veo y te cuento.
Ádriel
Ok.