Leyenda 40.
Los fantasmas musulmanes del Palacio Real
"El Alcázar árabe ardió, pero sus almas no. Bajo el Palacio Real, aún se escuchan voces en árabe que celebran la desgracia de los cristianos."— Leyenda popular del Madrid de los Borbones
Las crónicas de la época ya advertían que en las inmediaciones de la fortaleza se escuchaban voces en árabe, risas y lamentos que parecían surgir de entre las piedras.
Los más supersticiosos aseguraban que se trataba de los espíritus de aquellos musulmanes que habían caído defendiendo su ciudad, condenados a vagar eternamente por el terreno que un día fue su hogar.
Cuando el rey Felipe V ordenó la construcción del nuevo Palacio Real sobre los restos calcinados del antiguo Alcázar, los trabajadores comenzaron a sufrir todo tipo de percances inexplicables.
Los obreros juraban haber visto sombras que trataban de escalar los muros ya levantados, y aseguraban haber escuchado conversaciones en árabe procedentes de las estancias vacías en mitad de la noche.
El propio capataz de las obras llegó a declarar ante la Santa Inquisición que uno de sus compañeros había caído desde lo alto de un andamio empujado por una fuerza invisible, a la que identificaron como un fantasma musulmán.
El miedo cundió entre los albañiles, y la construcción se paralizó en varias ocasiones porque los trabajadores se negaban a seguir levantando un edificio que consideraban maldito.
Felipe V, harto de lo que consideraba patrañas supersticiosas, ordenó que se exorcizara el palacio. Los ritos se llevaron a cabo, pero la leyenda continuó creciendo.
Cuando su hijo, Carlos III, se convirtió en el primer monarca en habitar el nuevo Palacio Real el 1 de diciembre de 1764, lo hizo con un ojo entreabierto, temiendo encontrarse cara a cara con aquellos espectros de los que tanto había oído hablar.
Nadie sabe si llegó a verlos, pero el rumor persistió durante décadas: en las galerías del ala norte, en las proximidades de la capilla, aún pueden oírse voces musitando en árabe y las risas de quienes, desde el otro mundo, celebran no haber sido olvidados.