Seres de leyendas de Madrid Leyenda 2.
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Leyenda 2.

Raimundita, el fantasma del Palacio de Linares

"Nunca creció, y sin embargo nunca dejó de caminar por los salones que un día fueron su jaula."— Testimonio anónimo recogido entre los trabajadores del Palacio de Linares

F rente a la gloriosa fuente de la diosa Cibeles, se alza el majestuoso Palacio de Linares, un edificio decimonónico de fachada imponente que cualquiera que pase por allí admira sin sospechar la tragedia que habita en su interior.

Sus muros de piedra y sus dorados salones no evocan la grandeza de una época, sino que se han convertido en la prisión eterna de Raimundita, la niña fantasma que, según la tradición, vaga por sus estancias desde hace más de un siglo y cuyos lamentos infantiles, según los trabajadores y los visitantes, aún siguen resonando en la noche.

No estamos ante un simple relato de miedo, sino ante una leyenda con un espeluznante poso de realidad, pues existe documentación que apunta a un oscuro secreto familiar y, cómo no, a un macabro crimen que la historia oficial nunca terminó de esclarecer.

La historia de este inmueble es, desde sus cimientos, una novela trágica.

El marqués de Linares, José de Murga y Reolid, era hijo del acaudalado Mateo Murga, un potentado que había hecho fortuna en América.

El joven marqués se enamoró perdidamente de Raimunda de Osorio y Ortega, una humilde joven, hija de una cigarrera del barrio de Lavapiés.

El padre, que prohibió enérgicamente esta relación por desigualitaria, fue tajante y envió a su hijo a estudiar a Londres.

Al regreso de José, y tras la muerte de su padre, el amor pudo al fin consumarse; la pareja contrajo matrimonio.

Fue entonces cuando, revisando los papeles del difunto, José encontró una carta que lo cambió todo y cuyo contenido era demoledor: Raimunda no solo era la hija de la cigarrera, sino que era también la hija ilegítima de su propio padre.

La feliz pareja de recién casados acababa de descubrir, con horror, que eran hermanos por parte de padre.

Desesperados, y para evitar el escándalo social que supondría para la alta sociedad de la época semejante unión incestuosa, la pareja recurrió al Papa León XIII, quien les concedió una bula papal titulada «Casti convivere», que les permitía vivir juntos, pero manteniendo la castidad y sin poder consumar el matrimonio.

Así, el marqués mandó construir el actual palacio de Linares con una disposición muy particular: para él era la primera planta y los semisótanos; para ella la planta superior.

A diario les llevaban la comida de Lhardy, la famosa casa de comidas madrileña.

Sin embargo, el amor pudo más y la pareja rompió el tabú, consumando su incesto.

Fruto de esa unión nació una niña a la que llamaron Raimundita.

Y entonces llega la parte más atroz de la leyenda.

La niña creció durante sus primeros años de vida en aquel palacio, pero cuando rondaba los tres años de edad, el miedo a que un posible escándalo destapara la verdad fue demasiado grande.

Para evitar que la verdad sobre su nacimiento saliera a la luz y manchara el apellido Murga, decidieron eliminar a la pequeña.

Las versiones sobre cómo acabaron con su vida son tan horribles como variadas.

Unas cuentan que fue asesinada por asfixia una mañana cualquiera, mientras que otras, las más extendidas entre la tradición oral, afirman que la ahogaron en una de las lujosas bañeras de mármol del palacio.

Lo que sí parece unánime es que su cadáver fue emparedado en algún lugar dentro del propio palacio y, desde entonces, su espíritu no ha encontrado descanso y vaga por las estancias.

Pero la leyenda no se queda solo en la tradición oral, pues cuenta con unos inquietantes añadidos documentales.

En la década de los noventa, cuando el palacio fue rehabilitado para convertirse en la Casa de América, los obreros encontraron elementos enterrados en la capilla del edificio, lo que llevó a muchos a pensar que los restos de la pequeña aún permanecían allí sepultados.

Además, en 1990, un equipo de psicofonistas realizó una serie de grabaciones en el interior del inmueble, logrando captar una voz infantil que, entre sollozos, parecía pronunciar las palabras: «Mamá, nunca me hice mayor».

La psicofonía, que dio la vuelta al mundo y fue difundida por numerosas radios y medios de comunicación, se convirtió en la prueba sonora de que la pequeña Raimundita todavía seguía habitando el lugar y clamando por la vida que le fue arrebatada, por mucho que posteriormente algunos pusieran en duda su autenticidad.

Hoy en día, las visitas guiadas al Palacio de Linares, hoy sede de la Casa de América, son especialmente populares entre los curiosos y los aficionados al misterio, pues los trabajadores aseguran que en el silencio de la noche siguen escuchándose los lamentos de una niña jugando por los salones vacíos y llamando a sus padres.

Porque quienes se adentran en sus salones dorados no solo se topan con la historia oficial, sino con un tormentoso pasado que late en cada rincón.

Raimundita es el fantasma más famoso de Madrid, un espíritu que nos recuerda que el lujo y la apariencia no son sino un frágil espejismo que oculta los pecados y las miserias que la tierra, y la memoria, nunca dejan de reclamar.