CAPÍTULO 7 #2
Me dejo caer en la cama sin tomarme la molestia de desmaquillarme. Tan solo he tenido fuerza para quitarme las lentillas.
No quiero pensar en la resaca que me acompañará durante todo el domingo, ni en la máscara de pestañas en la funda de la almohada, ni en que pareceré un oso panda cuando me despierte.
Tampoco quiero pensar en que he acabado con mis labios sobre los de Kyle con el pensamiento de que era Iván a quien estaba besando.
Pero es la primera noche en mucho tiempo que me quedo dormida nada más tocar la cama.
◆◆◆
La luz que entra por la ventana se clava como agujas en mis ojos.
Dichosa manía de no tener persianas.
Me acuesto sobre mi pecho y escondo la cabeza bajo la almohada tras soltar un bufido. Me parece escuchar dos golpecitos en la puerta de mi habitación. Una vez más, a pesar de no haber consumido apenas alcohol, la resaca del día posterior es horrorosa .
—Gabi —musita una voz.
—No estoy —balbuceo contra el colchón.
Por favor, me va a estallar la cabeza.
—Gabi...
Mi nombre resuena esta vez manchado por una risa. Al momento, siento ambos lados de la cama hundiéndose. El edredón desaparece de mi cuerpo y gruño contra la almohada. Un segundo después, esta tampoco está.
—Mi cabeza —refunfuño—. ¿Qué mal he hecho yo para que me despertéis?
—Toma esto. —Esa es la voz de Amelie, ignorando mis quejas.
Abro sólo un ojo. El sol que ilumina el cuarto lo único que hace es darme razones para no levantarme en todo el domingo.
Tiene un vaso y en la otra mano sostiene no-sé-el-qué. Vuelvo a resoplar, pero acabo incorporándome. Parece que esta mañana nos hemos intercambiado los papeles.
Me trago el antiinflamatorio que me ofrece y me bebo el resto del agua del tirón. No era consciente de que tenía tanta sed. Al apoyar la cabeza en el cabecero, todo mi interior parece rebotar con burla.
—¿Qué hora es? —me froto el ojo con el talón de la mano y se mancha de color negro—. Agh, genial...
—Pasado mediodía —responde Cass. Tampoco puede decirse que esté fresca como una rosa, pero estoy segura de que tiene mejor aspecto que yo. Comienza a sonreír mientras niega con la cabeza—. Mira que te lo dije...
Frunzo las cejas.
Su sonrisa vacila.
—¿No te acuerdas?
—¿Acordarme de qué? —cuestiono.
Ayer fui a entrenar por la mañana, cené con ellas en el piso antes de irnos a la fiesta que se celebraba en...
La fiesta que se celebraba en casa de Kyle.
Mi rostro se descompone.
Ay, no.
Kyle.
Me he liado con Kyle.
—Vale, sí se acuerda —concluye antes de estallar en carcajadas.
Amelie le sigue con una risa más sutil.
—Pero ¿en qué momento...? —Me cubro la cara con las manos.
—Dime al menos que besa bien… —Cass se acomoda a mi lado—. Porque su hermana puedo asegurarte que fue uno de los mejores besos que he tenido.
—No me acuerdo —admito con una vergüenza descomunal sobre mis hombros—. Por favor, qué desastre... Ay, jolín —protesto al darme otra vez contra el cabecero.
—Bueno... —Amelie se toquetea el flequillo con la punta de sus dedos. Bajo sus ojos también se extienden unas marcas del mediocre sueño que habrá reunido esta noche—. Es una forma curiosa de terminar tu primera semana en Bruselas, no te voy a mentir.
Es la peor manera en la que podría haber concluido.
No entiendo, o más bien, no me acuerdo de en qué momento accedí a bailar con él. Tengo el vago recuerdo de que lo sugirió y que yo, lanzada, dije que sí. Después me acompañó a por algo nuevo de beber y... Y no me acuerdo de más.
Y creo que lo prefiero.
Pero es que estaba tan guapo con la sudadera de color azul y el pelo rubio y rizado, tan parecido a... Iván.
Oh, venga ya. No puedo ser más tonta.
Menos mal que, según le dije a Finn el viernes, lo llevo bien; genial, dije.
Saliendo de mis pensamientos, la puerta vuelve a entreabrirse y distingo su cabello chocolate en el hueco entre la madera y el umbral.
—¿Queréis tortitas? Iba a hacer para nosotros, pero...
Llevo más de una semana aquí y aún no he terminado de comprender por qué Caleb y Noah se pasan más tiempo aquí que en su piso. Aunque, lo cierto es que en todas las ocasiones que hemos coincidido he acabado desternillándome con sus idioteces.
Amelie alza una ceja en dirección a su hermano.
—Tú lo que quieres es enterarte de qué estamos hablando .
Finn asiente sin vergüenza alguna y desaparece de nuevo en cuanto las tres accedemos al trato. Y, después de que me hayan dado su punto de vista, tengo la cabeza aún más embotada.
—¿Con Kyle? —protesta Noah como si no pudiera creer lo que está escuchando.
Estamos sentados alrededor de la isla, Caleb a mi lado y cada uno con un plato de tortitas frente a nosotros. El reloj está a pocos minutos de marcar la una en punto, pero qué más da.
—No si desde luego, por mi buen gusto en tíos no me caracterizo —les doy la razón a pesar de estar completamente resignada.
—No hace falta que lo jures —se ríe Caleb por lo bajo, negando al mismo tiempo con la cabeza, antes de darle otro bocado a su tortita ahogada en sirope de arce—. Joder, si estuviese aquí Sommers se iba a reír poco de ti...
—¿También le cae mal Kyle? —curiosea Cass.
—La pregunta es quién le cae bien a Sommers —dice Noah.
Tras lo poco que escuché ayer, todo lo que sé respecto a ese chico es lo que Amelie añadió cuando se marcharon; los cuatro llevan siendo amigos muchísimos años pero con quien tiene una amistad más cercana es con Caleb.
—Bueno, rubia, a ti te caerá bien —prosigue este—. Si con Kyle no has tenido problema, con Sommers tampoco —se ríe antes de darme un codazo juguetón para hacerme entender que está de broma.
—Qué reafirmante —ironizo.
Que alguien me sume un punto en la competición de cometer cuantas más estupideces posibles, gracias.
Si durante este desayuno improvisado llego a una conclusión es que lo de anoche no puede repetirse.
No cuando es su rostro el que aparece en mi mente.
No cuando son sus labios los que creo que estoy besando.
No cuando a pesar de la distancia le siento tan cerca y me aseguré que iba a sepultar su recuerdo.
Mucho menos cuando me prometí a mí misma que me centraría en mí.
Ni con él, ni con nadie.