Secuestrada (Serie Convictos 1) 18 Lila
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18 Lila

Ash y yo permanecemos en silencio en la calidez del salón de la cabaña; el único sonido, el suave crepitar del fuego que danza en el hogar.

La luz parpadeante proyecta largas sombras sobre el rostro de Ash.

Tiene la mirada fija en las llamas, pero sé que está muy lejos, perdido en el laberinto de sus pensamientos.

La atmósfera está cargada de tensión y de una batalla silenciosa de emociones. Extiendo la mano y rozo mis dedos contra los suyos, un simple gesto de solidaridad.

—Yo... —tartamudea Ash, y aparta su mano de la mía dejando un vacío frío. Sus ojos, tormentosos y llenos de conflicto, se encuentran con los míos, buscando algo que no estoy segura de poder darle—. No puedo hacer esto. No ahora.

Extiendo la mano de nuevo; esta vez no se retira, pero la tensión en su cuerpo me dice que está al límite.

—Lo entiendo, Ash —digo con suavidad—. Esto es difícil para ti. —Hago una pausa y lo miro intensamente—. Pero puedo distraerte.

Se pone rígido al oírme usar la misma frase que él usó conmigo.

—¿Puedes?

Asiento y me subo a su regazo, frotándome contra su erección ya endurecida. Y entonces lo beso.

Me agarra la nuca con fuerza.

—Cuidado, luz de estrellas. No estoy de buen humor, así que voy a destrozarte.

Gimo ante su brusquedad.

—Si eso es lo que necesitas, destrózame.

—Joder —murmura contra mis labios—. No te merezco, pero voy a tomarte de todos modos.

Y entonces me besa con más profundidad, con más ferocidad que nunca.

Su lengua explora mi boca como si le fuera la vida en ello.

Le dejo tomar lo que necesita de mí. Ya no me pregunto por qué me siento tan atraída por un hombre tan desquiciado y psicótico como él.

Una parte de mí teme que sea por mi pasado.

¿Y si mi trauma infantil es la razón por la que me siento tan atraída por Ash?

Ni siquiera quiero pensar en eso. Algunas cosas es mejor dejarlas enterradas.

Ash rompe el beso, jadeando con fuerza.

—Juguemos a un juego. Tú corres. Yo persigo. —Sus ojos tienen un brillo peligroso que me provoca un escalofrío en la espalda—. ¿Te animas?

Me echo hacia atrás y estudio su rostro, preguntándome si estoy cruzando una línea que nunca debería cruzar, particularmente con un hombre tan oscuro y psicótico como Ash. Pero sé que necesita esto. Quizás yo también. Así que asiento y trago con dificultad.

—De acuerdo.

Sonríe con suficiencia, con una mirada oscura y depredadora que hace que la emoción me recorra las venas.

—Pero ¿cuáles son los límites, Lila? ¿Hasta dónde puedo llegar contigo? —Se inclina hacia mi oído—. ¿Qué tal no consentimiento consensuado?

—¿Qué? —Me echo hacia atrás, con la confusión reflejada en mi mirada—. ¿Qué quieres decir?

—No consentimiento consensuado. Es un juego de rol. Yo finjo ser un extraño. Tú haces de damisela. Incluso cuando digas «no», yo continúo. Pero todo es un juego. Puedes detenerlo en cualquier momento con una palabra de seguridad. ¿Qué dices?

Un escalofrío me recorre, una extraña mezcla de miedo y anticipación.

Una parte de mí me grita que corra, que me aleje de este juego peligroso y de este hombre.

Pero otra parte, una más oscura y primitiva, se siente atraída por ello.

Atraída por él y su oscuridad, por la intensidad cruda que emana de él.

—Sí —susurro—. Hagámoslo. —Respiro profundamente y me aparto de él—. No hay límites. Haz lo que quieras.

Sus ojos brillan ante eso.

—¿Estás segura, luz de estrellas?

Me tomo un momento y lo miro profundamente a los ojos.

—No exactamente —admito con la voz temblorosa—. Pero quiero esto, creo. Quiero explorar esto contigo. —Veo un destello de algo en sus ojos. ¿Sorpresa? ¿Alivio? Es difícil saberlo.

—La palabra de seguridad es Cereza —susurra en mi oído—. Ahora corre para mí.

Me bajo de su regazo de un salto y corro hacia la puerta para salir de la cabaña hacia el espeso bosque. Detrás de mí, oigo a Ash contando hacia atrás desde diez; la emoción de la persecución enciende algo crudo y primitivo dentro de ambos. Y entonces, la persecución comienza.

La noche está completamente oscura, el bosque vivo con mil sonidos diferentes.

Avanzo a trompicones por la maleza, las ramitas crujiendo bajo mis pies.

El miedo y la exaltación hacen que el corazón me lata con fuerza en el pecho.

Respiro en jadeos irregulares mientras intento silenciar mis pasos, pero las hojas crujientes bajo mis pies me delatan.

La voz de Ash resuena entre los árboles:

—¡La oscuridad viene por ti, luz de estrellas!

Sus pasos suenan demasiado cerca considerando que acaba de empezar a perseguirme.

Un repentino crujido cercano me saca de mis pensamientos. Corro hacia una sección más densa del bosque, con el corazón latiéndome como si intentara escapar del pecho. Apenas puedo ver adónde voy, pero sigo adelante, la adrenalina alimentando mi huida presa del pánico.

—Luz de estrellas, ¿dónde estás...?

Su voz está más cerca.

Y entonces lo siento. Un agarre firme en mi muñeca me envía una descarga de electricidad por todo el cuerpo.

Me giro bruscamente y me encuentro cara a cara con Ash, que lleva una máscara esquelética diferente.

Sus ojos están oscuros, llenos de un hambre depredadora que me provoca un escalofrío en la espalda.

—¡Te atrapé! —dice sin aliento, con la voz ronca de deseo y esfuerzo. Su agarre en mi muñeca se aprieta y me acerca hacia él. Su aliento me acaricia el rostro, caliente y rápido, igualando el latido acelerado de mi pulso—. Puedes correr, luz de estrellas —murmura—, pero no puedes esconderte de mí.

Me empuja contra un árbol y la corteza áspera se me clava en la espalda.

Jadeo mientras me inmoviliza las manos sobre la cabeza.

—¡Suéltame! —ordeno con la voz temblorosa—. ¡Psicópata! Suéltame.

Me mira fijamente a través de los agujeros de la máscara. La apariencia espeluznante se ve aún más realzada por el fondo del bosque oscuro. Se acerca más, con los labios rozándome la oreja.

—Voy a tomarte mientras gritas «no». Te llenaré con mi polla y te haré correrte tan fuerte que ya no podrás formar la palabra «no».

Me estremezco y niego con la cabeza. —No, no quiero esto. Déjame en paz.

—Conquistaré cada centímetro de ti, te poseeré de formas que jamás has conocido. Te haré mía en una sinfonía de placer y dolor. Cuando termine contigo, no conocerás a nadie más que a mí.

Su mano se desliza por mi costado y su tacto enciende un fuego dentro de mí a pesar del frío de la noche. Lucho contra él; nuestro pequeño juego alimenta la tensión que ha ido creciendo entre nosotros.

A pesar de mi resistencia, siento la atracción, el deseo que todo lo consume y hace que mi corazón lata con más fuerza.

Sus labios descienden sobre los míos, una invasión salvaje y brutal que me deja sin aliento.

El sabor metálico de la sangre me llena la boca cuando sus dientes rozan mi labio.

La mezcla de dolor y placer me recorre como una descarga, una sensación oscura y retorcida que aviva el fuego que arde en mi interior.

—Por favor... no... —Mis protestas son débiles, las lágrimas me escuecen en los ojos mientras lucho contra él.

Con un movimiento rápido y diestro, arranca la última barrera entre nosotros; mis bragas ceden a su tacto brusco. Se desabrocha el cinturón y libera su polla.

Se aprieta contra mí, su dureza caliente contra mi muslo.

Gimo mientras mi cuerpo tiembla contra el suyo. Sus labios encuentran mi cuello, donde muerde y succiona la carne sensible. El aguijonazo de sus dientes me arranca un jadeo.

Me retuerzo en sus brazos intentando escapar, pero su agarre es inflexible. —No, por favor, para... —Mi súplica es un susurro, un eco en la noche.

Pero la mirada en sus ojos me dice que no ha terminado ni de lejos.

—No puedo parar —gruñe contra mi cuello, un rugido bajo y peligroso que me provoca escalofríos helados en la columna—. Su mano se cierra en torno a mi cintura, con un agarre casi doloroso—. Soy un monstruo. Una bestia con un hambre insaciable. Y tú eres mi presa.

Sé que una persona cuerda estaría aterrorizada, y parte de mí lo está, pero hay otra parte, oscura y peligrosa, que anhela la intensidad salvaje de este monstruo.

Con un movimiento rápido y brutal, se clava en mí. Una descarga inesperada me recorre el cuerpo y grito: —¡No, para!

Mi voz resuena en el bosque, una súplica desesperada que se lleva el viento.

Pero no se detiene. En cambio, penetra más hondo, y el metal de su piercing golpea el punto perfecto en mi interior. Nunca imaginé lo bien que se sentiría que me follara un tío con un piercing en la polla. Y cada embestida frota el anillo de la base contra mi clítoris.

La corteza áspera del árbol me raspa la espalda mientras embiste con más fuerza. Me muerdo el labio para contener un gemido. Aprieto las manos en puños, con las uñas clavadas en las palmas, intentando mantener la ilusión de resistencia.

La sensación de tenerlo dentro es abrumadora y embriagadora. Es casi imposible no dejar que el placer tome el control, no sucumbir al deseo que corre por mis venas. Pero me obligo a continuar con la farsa y mantener la fachada de no querer esto, aunque nunca he estado más excitada en mi vida.

—Te gusta esto, ¿verdad? —gruñe con voz ronca y áspera—. Te gusta que te tome así, en medio de la nada, donde nadie puede oírte gritar.

Sus palabras me provocan un escalofrío en la columna e intensifican el placer que recorre mi cuerpo.

—No —escupo.

Su ritmo es implacable, cada movimiento un recordatorio abrasador de su control.

—Eres una mentirosa —exhala Ash—. Siento cómo tu coño me aprieta. Está jodidamente empapado. Te encanta que te viole, y quiero hacer esto todos los días durante el resto de nuestras putas vidas.

Me muerde el labio con fuerza. El dolor agudo intensifica el placer.