SECRETOS QUE NOS SEPARA Capítulo 1 LAS CONSECUENCIAS #3
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Capítulo 1 LAS CONSECUENCIAS #3

Los pasos comenzaron a escucharse desde el exterior. Lentos.

Cada vez más cercanos.

El corazón de Claudia golpeaba con tanta fuerza que apenas podía respirar.

Habían pasado más de veinte años.

Más de veinte años sin verlo.

Más de veinte años intentando convencerse de que aquel capítulo estaba cerrado.

Y ahora el destino parecía decidido a demostrarle lo contrario.

—Claudia.

La voz de Gabriel fue suave.

Preocupada.

Ella levantó la mirada.

Los ojos llenos de angustia.

—No puedo hacer esto.

Susurró.

Gabriel sintió un dolor profundo al verla así.

Porque jamás la había visto tan vulnerable.

Jamás.

Y lo peor era que no sabía cómo ayudarla.

No sabía qué decir.

No sabía cómo protegerla.

Porque él mismo estaba intentando comprender todo lo que acababa de descubrir.

Los pasos seguían acercándose.

Cada vez más.

Cada vez más cerca.

La madre de Gabriel parecía igual de nerviosa.

Como si también temiera aquel encuentro.

Como si supiera que nada bueno podía surgir de él. —Tal vez deberías irte.

Dijo finalmente.

Claudia la miró.

Sorprendida.

La mujer bajó la mirada.

—No porque no tengas derecho a estar aquí.

Lo tienes.

Pero esto ya es demasiado para una sola tarde.

La sinceridad de aquellas palabras sorprendió incluso a Gabriel.

Porque por primera vez su madre parecía dejar de pensar en sí misma.

Y comenzar a pensar en Claudia.

Pero el daño era demasiado profundo.

Demasiado antiguo.

Demasiado grande.

Los pasos llegaron al porche.

Claudia sintió que el aire desaparecía de sus pulmones. Un recuerdo cruzó su mente.

La primera vez que vio a aquel hombre.

La primera vez que se enamoró.

La primera vez que imaginó una vida junto a él. Y después llegaron otros recuerdos.

Las mentiras.

Las lágrimas.

La traición.

El abandono.

Todo mezclado.

Todo al mismo tiempo.

La puerta comenzó a abrirse.

Gabriel reaccionó.

Instintivamente.

Se acercó a Claudia.

Tomó suavemente una de sus manos. Ella lo miró.

Sorprendida.

—No tienes que quedarte.

Le dijo.

—Ni por mí.

Ni por nadie.

La emoción atravesó el pecho de Claudia. Porque incluso en medio de aquella tragedia... Gabriel seguía pensando en ella.

Seguía intentando cuidarla.

Seguía intentando protegerla.

Y eso hacía todo mucho más difícil.

Porque la hacía recordar cuánto lo amaba. Cuánto había llegado a significar para ella. La puerta terminó de abrirse.

Y Claudia supo que ya no quedaba tiempo. Tenía que elegir.

Quedarse.

O marcharse.

Enfrentar el pasado.

O escapar de él una vez más.

Y mientras una sombra aparecía al otro lado de la entrada... Tomó una decisión.

Una decisión que cambiaría el rumbo de todo lo que estaba por venir.

Sin pensarlo más.

Claudia soltó la mano de Gabriel.

Giró sobre sus talones.

Y caminó hacia la salida.

Rápido.

Casi desesperadamente.

—¡Claudia!

La voz de Gabriel resonó detrás de ella.

Pero no se detuvo.

No podía.

Si se detenía...

Se derrumbaría.

Las lágrimas comenzaron a acumularse en sus ojos. Mientras cruzaba la puerta principal.

Mientras descendía los escalones.

Mientras sentía que el pasado entero intentaba atraparla. Detrás de ella escuchó otra voz.

Una voz que no había oído en más de veinte años.

Una voz que reconocería incluso después de una vida entera.

Y el corazón le dolió.

Porque seguía siendo la misma.

Porque el tiempo no había conseguido borrarla de su memoria.

Porque durante años había fingido que ya no le importaba. Y en ese instante descubrió que todavía quedaban heridas abiertas.

No se giró.

No quiso hacerlo.

No podía hacerlo.

Siguió caminando.

Mientras las lágrimas comenzaban finalmente a caer. Detrás de ella se escuchaban voces.

Preguntas.

Confusión.

Pero todo sonaba distante.

Lejano.

Irreal.

Gabriel salió tras ella.

Corrió hasta alcanzarla antes de que llegara a su automóvil. —Claudia.

Ella cerró los ojos.

Necesitaba reunir fuerzas.

Necesitaba respirar.

Necesitaba dejar de sentir.

—Por favor.

Mírame.

Ella lo hizo.

Y el dolor que encontró en los ojos de Gabriel fue casi tan insoportable como el suyo.

Porque él tampoco había pedido nada de aquello. Él también era una víctima.

—Lo siento.

Susurró él.

Claudia negó lentamente con la cabeza.

—No.

Tú no tienes nada que lamentar.

Gabriel tragó saliva.

—Entonces no te vayas.

La súplica rompió algo dentro de ella.

Porque una parte de sí quería quedarse.

Quería abrazarlo.

Quería decirle que todo estaría bien.

Pero no sabía si eso era cierto.

Ya no.

—Necesito tiempo.

Dijo finalmente.

—Necesito pensar.

Necesito entender qué hacer con todo esto.

Gabriel sintió que el miedo se instalaba en su pecho. Porque comprendió lo que aquellas palabras significaban. Distancia.

Silencio.

Dudas.

Y tal vez algo peor.

Claudia abrió la puerta del automóvil.

Lo observó por última vez.

Y entonces pronunció unas palabras que dejaron a Gabriel completamente inmóvil.

—No sé si podamos superar esto.

El rostro de Gabriel perdió el color.

Y antes de que pudiera responder...

Claudia entró al vehículo.

Arrancó el motor.

Y se alejó.

Dejándolo solo.

Con preguntas.

Con dolor.

Y con la sensación de que la mujer que amaba acababa de escapar de algo mucho más grande que ambos.