Sebastian (Romance militar de héroes alfa nº 6) Capítulo Uno #2
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Capítulo Uno #2

Kass no iba a rendirse, y ahora tenía que lidiar también con Tee.

Lo bueno era que Kass confiaba en mí para un asunto familiar tanto como confiaba en sus hermanos.

Viniendo de él, era un honor y una prueba irrefutable de que me consideraba parte de su hermandad exclusiva.

Lo malo era que se trataba de un asunto familiar.

Mierda otra vez.

—Si pensara que iba a servir de algo, me quedaría —dijo Tee, lo que confirmaba mis sospechas de que este era su plan—. Pero no servirá, y podría ser contraproducente. Primero la ayuda, luego la relación.

—Espera.

Me froté la frente, intentando frenar el dolor de cabeza que empezaba a asomar detrás de mis ojos.

—¿Me estás diciendo que no quieres que tu prima sepa que la estás ayudando?

—No te estoy pidiendo que le mientas —dijo Tee.

De un saltito, se sentó en la esquina del escritorio de Kass y, apoyándose en las manos, cruzó los tobillos en el aire.

—Te pido que des la cara por mí hasta que se recupere. Ya he pensado cómo hacerlo y lo tengo todo arreglado. Para ella eres un desconocido. No te pondrá pegas.

—Tee, no quiero meterme en medio de un asunto familiar —dije.

No podía salir corriendo lo bastante rápido de aquel puto marrón.

—No se me da bien esta mierda emocional.

—Eres perfecto para esto —respondió ella.

Cruzó las piernas y volvió a fulminarme con esa sonrisa irresistible que había convertido en su arma de persuasión.

—Eres lógico, equilibrado e inteligente. Además, tienes el perfil adecuado para el trabajo.

—Voy a decirlo sin rodeos —solté—. Hacer de niñera no es lo mío.

—Esto no es hacer de niñera —replicó Kass—. Es una misión que combina desarrollo humano y servicio comunitario, parte de los requisitos de tu puesto.

No quería poner en peligro mi puesto en Battle Brothers, pero aquella mierda me parecía un desperdicio de mis capacidades de combate y un empujón para hacer cosas que no me interesaban una mierda.

—No me gusta —dije.

Crucé los brazos, me atrincheré contra el asalto de Tee y fulminé a Kass con la mirada.

—Si no estoy por aquí, ¿quién va a liderar la Unidad de Élite?

—Pensé que querrías llevarte a algunos del equipo —sugirió Kass—. Elige a los que mejor encajen en la misión.

—No les va a gustar que los saquen de la lista de combate, igual que a mí.

—Claro, pero ellos también necesitan un descanso del combate y, como tú, acumular puntos de servicio comunitario. Además, lo harán si se lo ordenas.

Como te estoy ordenando a ti, no dijo.

Kass tenía razón en los tres puntos, pero no me hacía ninguna gracia tener que contárselo a mi equipo. Iban a odiar quedarse fuera de la acción tanto como yo.

—¿Cuándo coño pensabas contarme lo del asunto personal? —exigí.

—Pronto, en los próximos minutos, pero ya conoces a Tee —dijo Kass.

Señaló con la barbilla hacia su esposa, dedicándole un amago de mirada fulminante que ella ignoró.

—No tiene ni pizca de paciencia. Tenía que irrumpir y contártelo ella misma.

—Por favor, Seb —dijo Tee. Sus ojos color ámbar brillaban expectantes—. Sé que puedes hacerlo.

—Te toca tomarte un descanso del campo —me recordó Kass, la otra mitad astuta de aquella ingeniosa colaboración—. Las misiones de combate consecutivas pueden agotar a cualquier soldado.

—No estoy agotado —escupí entre dientes.

—Solo digo —Kass se mantuvo firme—. Dudo que Apollo te autorice otra operación si no te tomas un descanso para la salud mental.

Ahí había una amenaza velada que me volvió a revolver las tripas. Apollo Battleson era el hermano de Kass y el director médico de Battle Brothers. Sin autorización médica, me quedaría fuera de combate seguro.

—Soy Delta Force —dije—. No necesito ningún puto descanso y puedo cuidar de mi propia salud mental.

—Pues adelante, hazlo —sugirió Kass—. Toma la decisión correcta. Para cumplir esta misión, necesitarás usar tus habilidades, tu liderazgo y tu cerebro, que me temo que corre peligro de atrofiarse, con esa actitud de mierda que tienes.

Su reprimenda me dio donde más dolía. Cuando acepté su propuesta, me había comprometido a respetar la cadena de mando. Kass estaba en la cima de esa cadena, y ahora mismo estaba actuando como un mocoso malcriado, eligiendo las misiones a dedo.

Y estaba cansado, no físicamente —eso podía resolverlo con una noche de buen sueño—. Estaba cansado de sentirme una mierda. ¿Sería tan malo un cambio de aires?

Pero claro, construcción —aburrido— más hacer de niñera. Joder. Apreté los dientes.

—No me viene bien ahora —probé otra estrategia—. Como sabes, tengo otras cosas entre manos y no puedo dejar el asunto aparcado.

—Ya, sobre eso —dijo Kass—. Sé que tienes mierda que resolver.

Durante los últimos dos años y medio, había dedicado todo mi tiempo libre a una sola cosa: rastrear al hombre que había perdido, buscar los restos del soldado que había tenido que dejar atrás, el único consuelo que se me ocurría ofrecer a su familia destrozada.

Unos días antes, justo antes de embarcarme en mi última misión, había recibido una nueva pista de mi contacto en el terreno, un detective privado carísimo que había contratado para peinar la provincia más septentrional de Perú, donde Martin había librado su última batalla bajo mi mando.

Probablemente la pista fuera otra pista falsa, pero lo fuera o no, tenía que seguirla como había hecho con todas las que me habían llegado desde que Martin desapareció.

Eso significaba otra expedición en solitario al submundo sudamericano.

A efectos prácticos, mi vida estaba en pausa hasta que trajera los restos de Martin a casa.

—Kass —empecé—. Hay una pista que tengo que seguir...

—Te propongo un trato —dijo—. Aceptas esta misión y te cedo a Trev como apoyo informático, a tiempo completo, todo el tiempo que dure, para trabajar en lo que quieras, incluido el asunto de Martin.

Gracias a mi entrenamiento en Delta Force, mantuve el rostro inexpresivo, pero la oferta de Kass era enorme.

Trevor Marks era el mejor ciberguerrero del arsenal de Battle Brothers, solo superado por Max Battleson —el hermano de Kass y jefe de ciberseguridad de BB—, quien había entrenado personalmente a Trev.

Operador de inteligencia de primer nivel, Trev se había convertido en uno de los hackers más destacados del mundo. Era superinteligente, increíblemente capaz en su campo y un activo de alto valor.

También era mi amigo.

La verdad es que si les hubiera pedido ayuda a Kass y a Trev con mi búsqueda antes, lo habrían hecho, pero Martin era mi fracaso, no problema de Battle Brothers. No podía hablar de ello con nadie, así que pedir ayuda quedaba descartado. Ahora, Kass parecía decidido a poner fin a todo eso.

—Sé inteligente, Orion —Kass usó mi indicativo para recalcar el mensaje—. Acepta el trato.

Tener a Trev a bordo trabajando conmigo en el proyecto de recuperación de Martin sería el golpe maestro de mi vida. Si alguien podía conseguir la información que necesitaba, era Trev. Kass lo sabía. Su oferta casi cerraba el trato. Sería idiota si no la aceptaba.

Arqueé las cejas hacia Kass.

—¿Cómo sabes que Trev quiere unirse a la Unidad de Élite y asumir mi proyecto?

—Porque se lo pregunté, cabeza hueca —gruñó Kass, con la paciencia visiblemente al límite—. Aunque no sé por qué cojones un tipo brillante como él querría trabajar con un ángulo obtuso como tú. Entonces, ¿estás dentro o te rajas?

—Seb, por favor —dijo Tee—. Esto es importante para mí.

—Y por tanto, para mí —añadió Kass.

Estos dos estaban trabajando en equipo para apelar a mi razón y a mis sentimientos.

Al leer las emociones contradictorias en mi rostro, Kass posó una mano sobre el sobre manila que había apartado momentos antes, lo deslizó por el escritorio y lo dejó frente a mí.

—Todos los detalles están ahí.

Maldita sea, no quería ni tocar esto, ni con un palo de tres metros. Pero por otro lado, esta podría ser la oportunidad que había estado esperando, mi oportunidad de resolver el caso de Martin de una vez por todas.

Tee cogió el sobre del escritorio y me lo puso en las manos.

—No puedo confiarla a nadie más que a ti.