Sean (Dublín 1) EPÍLOGO #2
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EPÍLOGO #2

Un romance de película que, como se habían prometido hacía cuatro meses y medio en la barra del bar de The Liberties, estaban viviendo al máximo, sin cortapisas, sin miedos y sin fisuras,

siendo un equipo compacto y unido que se llevaba de maravilla y disfrutaba de cada segundo de su afortunada vida juntos.

Del sexo, la pasión y la intimidad más divertida y extraordinaria, porque además de amor, compartían una química fuera de serie que no eran capaces de desaprovechar.

Y de hecho, nunca desaprovechaban.

Les había tocado la lotería, solía decir Sean y parecía que era verdad, tal vez por esa razón ella había soltado amarras muy pronto y a los tres meses de estar saliendo juntos, se había ido a vivir con él a su dúplex de Liberties, que era su barrio y el de la catedral de San Patricio.

La mejor decisión que había tomado en toda su vida tras haberlo intentado besar en los jardines de Farmleigh House. El desencadenante de todo lo que había pasado después.

─¿Me llevas directamente al Bewley's o le digo a tu padre que me recoja en vuestra casa? ─Quiso saber su madre y ella volvió al presente y la miró de soslayo─. Inclusive, podría aparcar en el garaje de Sean como otras veces, porque el centro a estas horas estará imposible.

─¿No te lo he dicho?, hemos quedado en que te recogía en The Liberties, allí hay aparcamiento de sobra para los clientes.

─Ah, vale, me parece perfecto, desde allí podemos coger un taxi hasta O’Connell Bridge.

─O ir andando.

─También es buena idea… ─sacó el teléfono─. Tengo un mensaje de Xavier, parece que ha salido bien la inseminación. Gracias a Dios.

─¿Ya está embarazada la gestante?

─Aun no lo saben, pero creen que ha ido de maravilla. Espero que esta vez sea la definitiva porque con lo que están pagando…

─Es lo que pasa cuando se acude a una gestación subrogada en los Estados Unidos, hay que preparar la chequera.

─Seguro que valdrá la pena. Voy a llamar a tu hermano, a lo mejor ya ha salido del trabajo.

─No, déjalo.

Posó la mano sobre su brazo llegando al The Liberties y le señaló el parking.

─Míralo, ahí está con papá, ¿los ves? Podrás felicitarlo personalmente.

─¿Y qué hace Liam aquí?

Aparcó el coche y se bajó ya nerviosa por la sorpresa, pero lo disimuló bien y se acercó a saludar a su padre y a su hermano como si tal cosa. Miró de reojo el móvil, comprobó que su hermana Shannon le daba el Ok y les hizo un gesto hacia el restaurante.

─¿Qué tal si os tomáis un coctel de champagne ante de ir a cenar? Los de aquí os encantan.

─¿No será muy tarde? ─Preguntó su padre mirando la hora.

─¡No! para nada ─opinó Liam llevándoselos hacia la puerta─, aun es pronto y si se hace tarde os podéis coger un taxi. Tenéis tiempo de sobra.

Los dos accedieron sin sospechar nada, entraron en el recibidor, entregaron los abrigos a Pilar, la encargada del guardarropa, y cuando les indicaron el salón principal se detuvieron en seco, porque había demasiado silencio.

Liam y ella los animaron a seguir como si no pasara nada, avanzaron un par de pasos y en ese momento estalló la algarabía.

─¡SORPRESA!

Vítores, aplausos, gritos y muchas emociones que los hicieron llorar a todos. Los cuatro hermanos los abrazaron en grupo y después empezó el verdadero jolgorio, cuando se encontraron con amigos y vecinos de toda la vida, que habían acudido en tromba para celebrar con ellos su aniversario.

─¿Parece que ha funcionado la sorpresa?

Le preguntó Sean abrazándola por detrás y ella se giró para comérselo a besos.

─Es la primera vez que lo conseguimos. Siempre nos han descubierto las sorpresas, pero este año los hemos engañado bien.

─Me alegro mucho, amor ─La estrechó contra su pecho─. ¿Qué tal en Malahide?

─Mucho frío, un viento muy irlandés y la casa creo que al final puede quedar preciosa, pero, de momento es un caos. Éire ha amenazado con abandonar el proyecto.

─A Éire le fascinan los retos, no te preocupes por ella porque no es de las que abandonan ─la sujetó por la nuca y le pegó un beso hipnótico de los suyos─. ¿Sabes que hemos contratado una banda que toca clásicos de los setenta y ochenta para tus padres?

─¿En serio?, les va a encantar.

─Lo sé y todo gracias a Pam.

─Qué maja es, ahora le doy las gracias.

─¿Vamos a tomar algo?

La cogió de la mano para llevarla a buscar las bebidas a la barra y ella de repente se detuvo y se le puso delante para mirarlo a la cara.

─He tenido una conversación muy rara con mi madre en el coche.

─¿Sobre qué?

─Cree que debería comprarme un test de embarazo.

─¿Por qué?

─¿Por qué va a ser?, cree que estoy embarazada.

─¿En serio?... y… ¿es posible?

─Es probable, aunque tenemos cuidado nunca se sabe.

─De acuerdo, vamos a buscar una farmacia.

─Sean, ahora no, podemos esperar hasta mañana.

Lo detuvo agarrándolo por el brazo y él la miró muy serio.

─¿Crees que puedo esperar hasta mañana para saber si voy a ser padre? Ni de coña… te quiero y puedes esperarme aquí, pero yo me voy a buscar una farmacia.