Capítulo 1
—Running Bear, ¿me recibe? —preguntó Christina Samson desde la central.
Lani Running Bear pulsó el botón del micrófono de su radio. —Recibido.
—Acabamos de recibir una llamada de Mattie Lightfoot. Necesita que vaya a su casa en Willow Creek cuanto antes.
Lani suspiró. Llevaba trece horas de un turno de doce, estaba cansada y lista para dar por terminada la noche.
O, en este caso, la mañana. —Entendido —dijo, y dio la vuelta con su vehículo del Servicio Policial Pies Negros en mitad de la carretera para regresar por donde había venido de camino al cambio de turno.
Mattie Lightfoot vivía con su nieto, Tyler, en una casa móvil junto a Willow Creek.
Había criado a Tyler desde que tenía cuatro años, cuando su madre se marchó de la reserva para hacer fortuna en Las Vegas.
Su hija, Stella Lightfoot, no sabía quién era el padre de Tyler.
Ninguno de los hombres con los que se había acostado lo reconoció.
La hija de Mattie había prometido mandar a buscar a Tyler cuando hubiera ganado suficiente dinero para mantenerlos a los dos.
Stella nunca mandó a buscar a Tyler. Nunca volvió a visitar a su hijo y, al cabo de un par de años, dejó de llamar.
Mattie hacía lo que podía por Tyler. Trabajaba en una tienda de veinticuatro horas en Browning, y ganaba justo lo suficiente para pagar las facturas y la comida.
Los cupones de alimentos y los bancos de alimentos se habían convertido en una necesidad.
Se aseguraba de que Tyler tuviera comida, incluso cuando ella no la tenía.
Mattie, una matriarca pies negros ferozmente orgullosa, era un miembro respetado de la tribu. Si pedía ayuda, es que era algo muy grave.
Lani podría haberse negado a aceptar el aviso y dejar que se encargara el agente de policía tribal del siguiente turno. Pero, cuando juró el cargo, había prometido respetar y cuidar de los miembros de su tribu, de su familia.
El trayecto hasta la casa de Mattie duró quince minutos, por una serie de caminos de grava, hasta que Lani finalmente se desvió por el sendero lleno de baches que conducía a la casa móvil de Mattie.
Había varios vehículos aparcados en el jardín, junto a la vieja camioneta Ford roja y blanca de Mattie, con los pasos de rueda oxidados y los neumáticos lisos.
Lani se tensó al reconocer el Denali nuevo de color gris marengo, un todoterreno grande que pertenecía al anciano de la tribu Raymond Swiftwater.
En su opinión, Swiftwater era un cretino engreído, lleno de ínfulas.
Le gustaba pensar que podía tomar decisiones por toda la tribu sin consultar a los otros ancianos.
Y coaccionaba a los demás, que eran mayores y más sabios que él, para que estuvieran de acuerdo con su forma de pensar.
Al hombre lo acompañaban Stanley y Stewart Spotted Dog, sus esbirros y los matones que mantenía cerca para intimidar. Stan y Stew tenían hombros anchos y cuellos y brazos gruesos. Eran elementos disuasorios eficaces y lo bastante fuertes como para reducir a cualquiera que molestara a su jefe.
Swiftwater se cruzó de brazos. —Ya era hora de que apareciera la policía tribal.
Lani ignoró al hombre y caminó hacia la casa móvil. —¿Dónde está Mattie?
—Dentro —dijo Ray—. No es nada bueno. ¿Seguro que tiene estómago para esto?
Como no sabía qué era «esto», no pudo responder. En su lugar, pasó de largo a Swiftwater, subió los destartalados escalones y llamó a la puerta. —Mattie, soy yo, Lani Running Bear.
Desde dentro llegó el sollozo de una mujer. —Se ha ido. Mi niño se ha ido.
Lani frunció el ceño, con el pecho oprimido por la desesperación en la voz de la anciana. —Mattie, ¿puedo entrar?
—La puerta está abierta —dijo Mattie con voz ahogada.
Lani entró por la estrecha puerta al oscuro interior de una casa móvil que había visto más lunas de las que Lani llevaba sobre la faz de la tierra.
Mattie Lightfoot estaba en el suelo junto al cuerpo inerte de su nieto, Tyler. Yacía boca arriba, con la cara destrozada, los brazos maltrechos y el pecho y el vientre acuchillados por lo que parecían múltiples puñaladas.
A Lani se le encogió el pecho. Le caía bien el chico. Iba a llegar lejos. Tyler estaba decidido a terminar la carrera y a seguir con su vida tan pronto como pudiera. Pero, sobre todo, había sido amable con todo el mundo y nunca había tenido una mala palabra para nadie, nativo americano o no.
Mattie acarició el pelo largo, grueso y negro de Tyler, apartándoselo de la frente, mientras las lágrimas le corrían por la cara y se mecía hacia delante y hacia atrás. —Se ha ido.
Lani no necesitaba tocarle la base del cuello para saber que no le encontraría pulso, pero lo hizo de todos modos. Como sospechaba, su piel ya estaba fría al tacto y por más que buscase no encontraría pulso. —¿Qué ha pasado, Mattie? —preguntó en voz baja.
Mattie cerró los ojos y siguió meciéndose. —No lo sé. No sé quién ha podido hacerle esto a mi Tyler.
Lani odiaba hacerle preguntas a la mujer en un momento de tanta angustia. Pero tenía que saber todo lo posible para ayudar a encontrar a quien había matado a golpes al pobre chico. —¿Lo encontró usted aquí? ¿O alguien lo trajo en este estado?
—Estaba aquí cuando volví del trabajo —dijo Mattie—. Debería haber estado aquí para él. Quizá nada de esto habría pasado. Si yo hubiera estado en casa, él no estaría muerto.
—Eso no lo sabe. Podrían haberla herido a usted también.
—Preferiría que me hubiera pasado a mí que a él —dijo Mattie—. Tenía tanto por lo que vivir.
Lani echó un vistazo al interior de la casa móvil.
Aunque era vieja, Mattie la mantenía limpia.
Un conjunto de platos desiguales estaba apilado ordenadamente en un escurridor junto al fregadero.
La colada yacía cuidadosamente doblada en el sofá de obra.
No había charcos de sangre bajo el cuerpo de Tyler, ni cristales rotos o muebles en las inmediaciones del cadáver.
El joven había sido golpeado y apuñalado varias veces.
El crimen no se había cometido dentro de la casa móvil, lo que significaba que quien lo había matado lo había traído hasta allí.
—¿Vio a alguien marcharse de su jardín?
De nuevo, Mattie negó con la cabeza. —No había nadie cuando llegué a casa, y no me crucé con nadie por el camino. —Miró fijamente a su nieto—. ¿Quién le haría esto a Tyler? Era un chico tan bueno.
—Lo siento, Mattie. No sé quién ha hecho esto, pero lo voy a averiguar.
Encontraremos a quien le ha hecho esto a Tyler.
—Esperaba no estar mintiendo. Con demasiada frecuencia, los crímenes en la reserva quedaban sin resolver—.
Mattie, el FBI participará en la resolución de este crimen.
Tienen muchos recursos a su disposición de los que nuestra propia policía tribal carece.
Probablemente realizarán una autopsia y determinarán qué armas se utilizaron y cuál fue la hora exacta de la muerte de Tyler.
—Bien. Quiero que utilice todos los medios posibles para encontrar al asesino de Tyler y llevarlo ante la justicia.
Lani asintió. —¿Cuándo fue la última vez que vio a Tyler... vivo?
Los ojos de Mattie se llenaron de lágrimas. —Ayer por la tarde. Tenía el turno de noche en la tienda.
—¿Pensaba ir a algún sitio después de cenar? ¿Ver a alguien?
Esbozó una leve sonrisa. —Iba a ver a Natalie Preston, su novia de Conrad. Tenían una cita. Iba a llevarla a cenar al nuevo restaurante. Había estado haciendo horas extra en el rancho K Bar L para poder invitarla a algo especial.
—¿Sabe si llegó a casa de Natalie?
Mattie negó con la cabeza. —Yo tenía que trabajar. Estaba deseando que me contara todo sobre su cita. —Más lágrimas resbalaron por el rostro de la anciana.
Lani le cogió la mano a Mattie, se la apretó y se puso en pie. —¿Llamó a Raymond Swiftwater después de llamar a la policía?
Mattie negó con la cabeza. —No. Apareció unos minutos antes que usted.
Lani apretó la mandíbula.
Swiftwater era conocido por aparecer en las escenas de crímenes de la reserva.
—¿Podría hacer que se fueran? —preguntó Mattie, alzando la vista hacia ella.
Lani apretó los labios en una fina línea. —Haré lo que pueda. Mientras tanto, tengo que hacer algunas llamadas en la comisaría. Volveré. Intente no tocar el cuerpo de Tyler ni ninguna prueba. El FBI querrá examinarlo todo muy de cerca.
Mattie asintió y siguió acariciando el pelo de Tyler, a pesar de que le habían dicho que no tocara el cuerpo.
Lani salió de la casa móvil. Mientras bajaba los escalones, Swiftwater se le acercó.
—Y bien, ¿qué le parece?
—No sé qué pensar. Habrá que llevar a cabo una investigación exhaustiva.
—Uno de los nuestros ha muerto —dijo Swiftwater—. ¿Qué va a hacer al respecto?
Lani cuadró los hombros. —Voy a hacer aquello para lo que me pagan, que es investigar y averiguar quién lo mató. Ahora, si me disculpa, tengo que hacer que el FBI venga aquí.
Cuando intentó rodear a Swiftwater, él se interpuso en su camino, bloqueándole el paso. —¿Por qué tiene que llamar al FBI? Esto ha ocurrido en la reserva.
—Sabe perfectamente que el FBI tiene la responsabilidad de investigar los asesinatos en la reserva. —Levantó la barbilla—. Sabe que no tenemos la formación ni los recursos para llevar a cabo una investigación exhaustiva dentro del Servicio Policial Pies Negros.
Swiftwater se mofó. —Entonces, ¿para qué sirven? ¿Para poner multas por exceso de velocidad y llevar a casa a los borrachos?
—Como también sabe, no tenemos la capacidad de realizar autopsias. Necesitamos saber la causa y la hora de la muerte.
—Yo puedo decirle cómo murió —dijo Swiftwater—. Un hombre blanco entró en la reserva y mató a Tyler Lightfoot.
Lani apoyó los puños en las caderas. —¿Y eso cómo lo sabe? ¿Estaba allí? ¿Lo vio ocurrir? Y si estaba allí y lo vio, ¿por qué no hizo algo para detenerlo, o al menos para avisar?