SEAL JUSTICE (Brotherhood Protectors nº 13) Capítulo 7 #2
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Capítulo 7 #2

Aunque no la miraba directamente, Sam pudo ver por el rabillo del ojo cómo el rostro de Reggie palidecía y las sombras oscurecían sus ojos.

Su corazón se encogió con fuerza en su pecho.

Después de lo que Reggie había pasado, dudaba que alguna vez quisiera volver a tener relaciones sexuales.

Cualquier mujer que hubiera sido violada múltiples veces desconfiaría con razón de los hombres.

Se alegraba de que ella no se hubiera apartado de él cuando solo había querido ayudarla y protegerla.

Intuitivamente, sabía que ella necesitaba cuidados tiernos y ser tratada con guantes de seda para superar lo que era su propio infierno de síndrome de estrés postraumático o TEPT.

Encontrar y detener al cabrón que le había hecho esto a ella y a la otra mujer ayudaría en su camino hacia la recuperación.

Cogió una galleta para Emma y miró a Sadie. —¿Puede tomar una?

Sadie asintió. —Solo una, o no se comerá su comida.

Después de darle una galleta a Emma, Sam cogió un vaso de leche y una galleta de la bandeja y se los dio a Reggie. —Siéntate y cómete una galleta. —La condujo a una silla y la instó a sentarse.

—Pero quiero una pistola —protestó ella.

—Puedes elegir desde aquí. Yo te las llevaré.

—Sam se apresuró hacia una pistola ligera y elegante del calibre .

40, la levantó con la mano libre y sintió su peso en la palma—.

Esta debería servir. —Se la llevó a Reggie y esperó mientras ella dejaba la galleta y la leche a un lado y cogía el arma con la mano.

—¿No es mejor cuanto más grande? —preguntó ella.

Hank se rio entre dientes. —Solo si puedes mantenerla firme.

—Le trajo una pistola del calibre .45, un poco más grande y definitivamente más pesada—.

Sujeta esta frente a ti durante treinta segundos.

—Le quitó la del calibre .40 y esperó mientras ella sostenía la otra pistola como le había dicho.

Tras los primeros segundos, le temblaron los brazos y ella asintió—. Ya veo a qué te refieres.

Hank le entregó la H&K del calibre .40.

La sostuvo frente a ella más tiempo que la otra antes de que le temblaran los brazos. —Sí, esta es mejor. ¿Pero detendrá a un hombre o a un rottweiler?

—Depende de dónde le des —dijo Sam.

—Si le das en el corazón, caerá fulminado en el sitio. Si le das en un costado, aún podría venir a por ti.

—Vale —dijo Reggie—. Necesito practicar.

—Y lo haremos, en cuanto lleguemos al río —prometió Sam. Miró a Hank—. ¿Tienes una pistolera de hombro para esta arma?

Hank rebuscó en un armario y sacó lo que necesitaban, entregándoselo a Reggie.

Ella se pasó las correas por el hombro.

Sam sostuvo a Emma en un brazo y ajustó las hebillas con la otra mano para que las correas se ajustaran cómodamente al cuerpo de Reggie. Sus nudillos rozaron accidentalmente el lateral de su pecho.

Reggie inspiró bruscamente.

—Lo siento —dijo Sam y retiró la mano de un tirón.

—No. De verdad. No pasa nada. —Le dedicó una sombra de sonrisa y deslizó la pistola en la funda.

—No te servirá de mucho sin munición —señaló Sadie. Le entregó a Reggie una caja de balas.

Reggie dio una palmadita al arma, con las mejillas sonrosadas. —Cierto. Me las llevo, pero no la cargaré hasta que haya tenido la oportunidad de familiarizarme con el disparo.

—Y con el uso del seguro —dijo Sam, frunciendo los labios—. Termínate la leche y las galletas. Me gustaría ir al río.

Reggie mojó su galleta en la leche y le dio un bocado. Luego levantó el vaso y se bebió toda la leche. Cuando terminó, se limpió la cara con el dorso de la mano. Sonrió a Sadie. —Gracias, Sadie. Las galletas están buenísimas.

—Me alegro de que te hayan gustado. —Sadie envolvió cuatro galletas en una servilleta y las puso en las manos de Reggie—. Toma, llévate algunas más. A veces, los chicos siguen trabajando y se olvidan de que tenemos que comer para mantener las fuerzas.

Sam le sonrió a Sadie. —Hank tiene suerte de tenerte, Sadie.

—¿Estás de broma? La suertuda soy yo de tenerlo a él.

Hoy no estaría viva si no fuera por Hank.

—Le quitó a Emma a Sam—. Y Emma no estaría aquí si Hank no hubiera aparecido cuando lo hizo.

Ambas tenemos suerte de tenerlo en nuestras vidas.

—Le hizo una pedorreta en la barriga a Emma—. ¿A que sí, cariño?

Emma se rio y agarró la cara de Sadie, intentando hacerle una pedorreta en la mejilla. Hizo un fuerte gruñido y llenó de babas la mejilla de Sadie, pero acabó riéndose a carcajadas.

Sadie rio y se limpió la mejilla. —Le estoy enseñando todo lo que no debo.

—Le estás enseñando a divertirse y a reír —dijo Hank—. En mi opinión, eso es todo lo correcto. —Le pasó una mano por la cintura y las atrajo a ella y a Emma en un abrazo—. Tengo suerte de teneros a las dos en mi vida.

Sam observó la muestra de amor y devoción y los envidió por aquello que les salía tan natural. Había conocido a Hank cuando estuvieron desplegados juntos hacía muchos años. Nunca había visto al hombre tan feliz como ahora. Le daba a Sam esperanza para su propio futuro.

Si Hank podía encontrar la felicidad, también podía Sam. Solo tenía que darle tiempo.

Se volvió hacia Reggie y la estudió mientras ella estaba ocupada ajustándose la pistolera de hombro debajo de una chaqueta que Sadie le había prestado con el montón de ropa que le había enviado ese mismo día.

Estaba asombrado de que hubiera pasado de yacer desnuda y casi muerta en la orilla del río a ser la tía dura, tranquila y serena que parecía tener delante.

Cuando estuviera listo para elegir a una mujer con la que compartir su vida, esperaba encontrar a alguien tan valiente y decidida como Reggie.

¿Por qué estaba siquiera pensando en esa dirección?

Porque esa era la razón por la que había dejado el servicio activo.

No se estaba haciendo más joven. Se haría a un lado para que la nueva hornada de Navy SEALs recogiera el guante, para que la vida que había dejado en suspenso mientras servía a su país pudiera comenzar.

Quería lo que Hank y Sadie tenían. Ese mismo nivel de amor y compañerismo.

Y ahora que había sostenido a Emma en sus brazos, tenía que admitir que quería hijos.

Quizás porque estaba tan preparado para este siguiente paso en su vida, se estaba fijando en Reggie.

Demonios, podría ser cualquier mujer la que estuviera considerando para la futura señora Franklin.

Pero en el fondo de su corazón, sabía que eso no era cierto.

Quería a alguien como Reggie. No la conocía desde hacía mucho, pero su instinto le decía que era el tipo de mujer que necesitaba en su vida. Y su instinto nunca le había fallado.

Reggie no estaría lista ni dispuesta a explorar ningún tipo de relación durante un tiempo.

Tenía que superar el trauma físico y emocional de haber sufrido abusos sexuales.

Hasta que no tuviera tiempo para ello, estaría estrictamente fuera de límites.

No querría empezar algo que estuviera condenado al fracaso sin ser culpa suya.

La belleza de estar fuera del ejército era que ahora tenía su propio ritmo.

Nada decía que tuviera que precipitarse en una relación.

Si alguien valía la pena, él podía esperar.

Esperar no solo le daría a Reggie tiempo para recuperarse y obtener cualquier ayuda que sintiera que necesitaba, sino que también le daría a él tiempo para decidir si ella era realmente la indicada.