SEAL JUSTICE (Brotherhood Protectors nº 13) Capítulo 6 #3
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Capítulo 6 #3

Puso el pie en el estribo y se deslizó fuera del asiento. Le fallaron las rodillas y se habría caído, pero su mano en la puerta ralentizó su descenso.

Sam extendió la mano y la ayudó a bajar hasta el suelo. —Suficientemente bien, un cuerno —masculló.

Ella le lanzó una mirada fulminante. —Lo estoy. Es solo que… he dado un mal paso. —Reggie enderezó los hombros y se dirigió hacia el porche.

Sam abrió de un tirón la puerta trasera y dejó salir a Grunt. Luego se apresuró a alcanzar a Reggie, con una mano lista para agarrarla si volvía a «dar un mal paso».

Cuando se acercaron al porche, Sam le sujetó el codo y la ayudó a subir los escalones.

Sadie le tendió la mano libre. —Debes de ser Ginnie. —Le guiñó un ojo—. Sam nos ha hablado tanto de ti que siento como si ya te conociera.

Reggie estrechó la mano que le ofrecía y sonrió. —No puedo creer que le esté dando la mano a Sadie McClain.

—Sadie Patterson por aquí. —Sonrió a su marido—. Mi marido hizo de mí una mujer honesta.

—No sé yo si honesta, pero si te refieres a que te hice mi mujer… —Hank apretó su agarre alrededor de su cintura y se inclinó para besarle los labios—. Yo diría que vas bien. Mmm. Y sabes a galletas de azúcar.

Sadie rio. —Porque Emma y yo acabamos de hacer unas. —Sonrió a Sam y Reggie—. Entrad. Tengo galletas recién salidas del horno. ¿Queréis leche, limonada, té o café?

—Café, si no es molestia —dijo Sam.

—Leche para mí —dijo Reggie con una media sonrisa—. Me gusta mojar las galletas.

—A mí también —dijo Sam—. En mi café.

Hank sostuvo la puerta abierta.

Sam se giró hacia Grunt. —Bleib —dijo, dándole la orden en alemán de «quieto».

El perro se sentó en el porche, su único ojo brillante y alerta.

—Buen chico —elogió Sam al animal y siguió a Reggie al interior.

—Llevaré las bebidas y las galletas a la sala de operaciones. —Sadie le entregó a Emma a Hank y cruzó el enorme salón hasta la entrada de lo que parecía ser una cocina.

Hank le hizo cosquillas en la barriga a su hija.

—¿Qué tal, pequeña? ¿Quieres llevar a Sam y a Ginnie escaleras abajo para ver lo que hemos descubierto?

—Se adelantó hacia una puerta, presionó el pulgar en un escáner biométrico y esperó a que la puerta se abriera.

Unas escaleras descendían a un pasillo fresco y blanco.

Sam se hizo a un lado y dejó que Reggie siguiera a Hank hacia el sótano.

El pasillo blanco se abría a una amplia habitación. Una pared estaba llena de ordenadores, teclados y una serie de monitores.

Un hombre corpulento de pelo rubio platino estaba sentado frente a una de las hileras de monitores, tecleando.

—Swede —dijo Hank—. Te presento al último en llegar a los Brotherhood Protectors. Sam Franklin, antes conocido como Talon.

Swede levantó la vista y tendió una mano. No se levantó y mantuvo la otra mano en el teclado. —Encantado de conocerte.

Sam se acercó al hombre y le estrechó la mano. —¿Swede es tu nombre o tu apodo?

—Axel Swenson —dijo Swede—. Pero todo el mundo me llama Swede. ¿Te llamo Sam o Talon?

—Ahora que soy civil, uso Sam. —Sam se asomó por encima del hombro de Swede a los monitores que tenía delante. La mitad de ellos estaban llenos de imágenes del campo de Montana. Un río atravesaba el centro de cada pantalla—. ¿Son esas imágenes del río en el que estaba pescando?

Swede asintió. —Kujo y Molly están subiendo el río en kayak con un dron sobrevolando.

—Tecleó en el teclado y cuatro de los seis monitores cambiaron a imágenes de mujeres.

Dos eran fotos del carné de conducir, dos eran instantáneas.

Todas eran mujeres jóvenes y guapas. Una de las instantáneas era de una mujer con una niña pequeña.

—Las he sacado de las denuncias por desaparición —dijo Swede.

Sam se inclinó más y leyó los nombres debajo de las fotos. —Beth Snow. Marly Miller.

Reggie se acercó a Sam y continuó, con la voz temblorosa: —Kayla Long y Terri Thompson. —Se llevó un puño a los labios y las lágrimas le rodaron por las mejillas—. Todas desaparecidas.

—La familia de Kayla ofrece una recompensa por información que conduzca a su regreso —dijo Swede—. Lleva una semana desaparecida. Marly lleva más de un mes desaparecida. Beth, tres semanas, y Terri, más o menos lo mismo. —Swede pasó los dedos por el teclado de nuevo y sacó una foto más.

Reggie ahogó un grito cuando la foto de su carné de conducir apareció en un monitor.

—Aparentemente, alguien denunció tu desaparición —dijo Swede.

Sam la rodeó con un brazo.

Reggie se apoyó en él, con el cuerpo temblando. —Desaparecida durante dos semanas —susurró—. Pareció una eternidad.

Swede sacó un mapa con puntos iluminados. —Los puntos resaltados son donde se llevaron a cada una de las mujeres. —Tocó un dedo en el monitor y dibujó un círculo alrededor de los puntos—. Parece ser constante en secuestrar mujeres dentro de esta área.

—Es una zona bastante amplia —dijo Sam—. Cubre varios condados de Montana.

Swede tamborileó con el dedo sobre el escritorio, mirando fijamente las imágenes. —Ha atacado a mujeres desde Bozeman hasta Kalispell.