Sangre muerta
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PRÓLOGO
Quise gritar de dolor o por miedo, no sé, pero algo me paralizaba. Tal vez fue el terror o tal vez fue que, en el fondo, una parte retorcida dentro de mí no quiso romper ese momento con él. Quizás era el último.
«Esto es por mi culpa», pensé. «Yo abrí la puerta.
Yo jugué con fuego. Nadie me obligó». Me dejé llevar por las ganas, por la idea de vivir algo distinto.
Sabía que no debía. Humanos y vampiros no se mezclan.
Y ahí estaba yo, frente al incendio de mi mundo, sin extintor y sin salida, con el olor a madera quemada pegado a la piel. ¡Qué fucking genio!
Aunque la realidad era otra. Me usaron. Fui una pieza más de un plan y ni siquiera lo vi venir.
Cuando por fin habló, mi cuerpo reaccionó antes que mi cerebro. Su voz me dejó el pulso desbocado y el corazón subió al cuello. Sí, justo ahí. En el cuello. Qué ironía.
—Tú decides, Lucas —dijo—. ¿Vivir o morir?
No era una pregunta. Era mi última decisión, un ultimátum que se me metió bajo la piel y me dejó tieso, a nada de partirme.
Quise responder, lo juro, pero seguía atrapado entre el pánico y otra cosa que no sabía nombrar. Algo peor.
«¿Vivir o morir?». ¿Qué clase de broma era esa?