19 Capítulo Diecinueve
CAPÍTULO DIECINUEVE
Habían pasado cuatro días.
Meredith llevaba cuatro días sin hablar con Emily, y ese era el máximo que había aguantado en semanas, casi meses.
Cada vez que salía de su apartamento se descubría mirando la puerta del fondo del pasillo.
El pesado dolor de su pecho parecía ahondarse cada vez que evocaba la sonrisa de Emily, o el gesto con que se colocaba un mechón suelto detrás de la oreja.
Una parte de ella quería llamar a la puerta y disculparse, pero no lograba reunir el valor para hacerlo.
Echaba de menos a Emily. Echaba de menos oír su risa, o verla arrugar la cara mientras se concentraba en el portátil.
Sobre todo, Meredith echaba de menos despertarse a su lado.
Había habido mensaje tras mensaje, texto tras texto, el día que encaró a Emily.
Emily suplicaba una explicación. Que le dieran la oportunidad de que la escucharan.
Aquella noche incluso había llamado a la puerta del apartamento, pero Meredith estaba tan dolida que la sola idea de abrirle quedaba descartada. Y luego se había hecho el silencio.
Ahora, sin embargo, después de todo lo que había pasado entre ellas, suponía que debía darle a Emily al menos un poco de tiempo antes de acercarse a ella.
Claro que estaba dolida. El hecho de haber dejado que Emily se le acercara y que aun así la viera igual que todos los demás era un cuchillo en el corazón.
Déjame que te lo explique… No me puedo creer que pienses que yo te haría algo así, después de todo.
Las palabras de Emily se le repetían una y otra vez, al frente de sus pensamientos.
Nunca le había dado una oportunidad. ¿Y si la hubiera dejado explicarse?
¿Qué habría dicho? ¿Habrían acabado igualmente aquí?
Aunque para Meredith aquí no era más que «dolor». ¿Estaría Emily sintiéndose así también?
Antes incluso de llegar a su despacho, a Meredith la abordó la secretaria de Melanie, que la condujo hacia administración. Por lo visto había algo que necesitaban tratar, y Melanie quería quitárselo de encima cuanto antes.
Cuando Meredith entró, su jefa sostenía un archivo impecable en una mano y le hacía señas con la otra para que se acercara. Ella tomó asiento, observando la carpeta con curiosidad.
—¿Qué es eso?
—¿Esto? Esto eres tú. Tu evaluación se ha entregado antes de tiempo, así que quería repasarla contigo.
A Meredith se le encogió el estómago de los nervios, y tragó saliva con dificultad.
—De acuerdo.
—Tengo que decir… —Melanie bajó la vista hacia la carpeta—. Estoy impresionada.
—¿Impresionada?
—¡Es un informe excelente! Nunca había oído a nadie hablar de ti en estos términos. ¿Quieres echarle un vistazo?
Meredith se lo arrebató de las manos sin siquiera responder. Tenía que haber algún error, no había manera de que Melanie estuviera sosteniendo el informe correcto. Pero no, su nombre estaba arriba. El nombre de Emily estaba abajo.
No era el informe que había leído antes. Este no era más que elogios.
Aunque en la superficie la doctora Asquith parece brusca y difícil de tratar, es una cirujana de enorme talento y un miembro inestimable del equipo.
Debido a traumas del pasado, la doctora Asquith tiene dificultades en situaciones sociales que exigen una conexión profunda con los demás, pero eso no significa que carezca de empatía.
De hecho, sospecho que siente por sus pacientes mucha más empatía de la que ni ella misma es consciente.
A lo largo de las semanas de investigación, he comprobado que la doctora Asquith posee una gran capacidad de crecimiento y cambio, si bien se recomienda que busque algún tipo de terapia que la ayude a sanar sus traumas pasados.
—Tengo que decir, Meredith —añadió Melanie con delicadeza—, que estoy muy orgullosa de ti por haberte sincerado y haberle contado lo que pasó en Londres.
Ella ignoró el cumplido y dejó caer el archivo sobre el escritorio.
—¿Esto lo ha escrito Emily?
—Lo entregó hace un par de días, sí.
—Quiero ir a hablar con ella. Vuelvo enseguida, es solo que tengo que… —Meredith se levantó y se volvió para dirigirse a la puerta, pero la voz de Melanie la hizo detenerse.
—Yo no me molestaría, Meredith. No está aquí.
—¿Cómo que no está aquí?
—Quiero decir que no está. Presentó su dimisión junto con tu informe.
Por lo visto surgió de la nada, y todos se quedaron muy sorprendidos.
Volvió a California ayer, creo. Por suerte había terminado sus evaluaciones antes de tomar la decisión.
La idea de decirle a todo el mundo que tendría que someterse a otra evaluación psicológica con alguien nuevo no es algo que me hiciera especial ilusión.
Ayer.
—¿Tienen algún dato de contacto suyo? —preguntó Meredith—. ¿Alguna forma de localizarla?
—No facilitan los datos personales de sus empleados. —señaló Melanie—. ¿Por qué, quieres mandarle flores por haber escrito un informe tan bonito sobre ti?
Meredith dejó escapar un suspiro grave.
—No, no es eso. Es solo que… Da igual.
Al salir del despacho, Meredith sacó el móvil y llamó a Emily, escuchando el tono de llamada una y otra vez.
Saltó el buzón de voz, y con la siguiente llamada lo mismo.
Meredith lo intentó cuatro veces antes de rendirse por fin y guardarse de nuevo el móvil.
Ahora deseaba más que nada llamar a Emily y hablar.
¿Había escrito aquel informe porque era lo que de verdad sentía? ¿O solo porque había visto lo dolida que estaba Meredith por el primer informe?
¿Acababa de destruir lo único que la había hecho feliz en todos aquellos largos años?
Ahora que Emily se había ido, sin embargo, no parecía tener forma alguna de saberlo.