Sanar el Corazón (City General Series 6) 13 Capítulo trece
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13 Capítulo trece

CAPÍTULO TRECE

Meredith vio a Emily irse y, cuando la puerta se cerró, se dejó caer de nuevo contra el sofá con un suspiro agotado.

—¿Qué cojones ha sido eso? —susurró—. ¿Qué cojones, Meredith?

Desde el accidente, solo le había contado a una persona lo que había pasado en Londres, y esa era Melanie.

Nadie más sabía nada de su vida personal, ni de su historia familiar, y así era como a Meredith le gustaban las cosas.

No le interesaba congraciarse con el resto del personal y ganarse su compasión, así que se lo había guardado.

Había gente con la que había trabajado codo con codo durante años que no tenía ni idea del accidente pero, de algún modo, se lo había soltado todo a Emily, que todavía era prácticamente una desconocida para ella.

Y, mientras miraba fijamente al techo, Meredith no lograba entender por nada del mundo por qué lo había hecho.

Y luego estaba el otro problema. El beso.

Meredith no era ciega. Sabía que Emily era atractiva, y lo había podido ver desde el día en que se habían conocido. Pero había encontrado atractiva a mucha gente en el pasado, y ninguna de ellas la había afectado así. Ninguna se las había arreglado para acercarse tanto a ella, no desde Jennifer.

Se removió incómoda en el sofá, y miró hacia su estantería.

Estaba abarrotada de historias de amor que había leído de cabo a rabo, una y otra vez hasta que las páginas quedaban arrugadas.

Ahí era donde se había enterrado durante ocho años, porque era muchísimo más seguro solo leer sobre ello desde la distancia.

No había posibilidad de salir herida si solo leía un libro.

Meredith frunció el ceño, y se rozó con las yemas de los dedos con suavidad la curva de los labios, pasándolos por el sitio donde Emily la había besado.

Había sentado bien que la besaran de nuevo.

Por muy confundida y nerviosa que la pusiera el pensamiento, Meredith tenía que admitir que había sentado bien.

—Debería haberle dicho que se fuera a casa anoche sin más. —murmuró para sí, dejando que la cabeza le cayera contra el respaldo del sofá con un gemido.

Emily no se pasó la noche siguiente, ni la de después. De hecho, pasaron tres días sin que las dos volvieran a verse, aunque Meredith se descubría buscando a la mujer más joven con la mirada cada vez que salía del apartamento.

Volvía a casa sorprendentemente temprano, tres días después de que se hubieran besado en su apartamento, cuando se topó con Emily en el hueco de la escalera. Ninguna de las dos miraba por dónde iba, y casi chocaron.

—¡Meredith! —Emily soltó una risa nerviosa—. ¿Cómo estás?

—Estoy bien. —Ladeó la cabeza, mirando a Emily de arriba abajo despacio. Iba vestida con su ropa de correr de siempre, con una botella de agua en la mano—. ¿Sales?

—Yo, eh… sí.

—En realidad me apetece una carrera a mí también, si te esperas voy contigo.

—En realidad… —Emily se trabó con las palabras—. No creo que sea tan buena idea.

—¿Por qué no? —Meredith subió hasta quedar de pie en el mismo escalón que Emily otra vez. Se inclinó un poco, hasta que quedaron a centímetros y, aunque Emily parecía nerviosa, no se echó atrás—. ¿Te preocupa volver a besarme?

—¡No lo hice! —Emily hizo una pausa, y miró alrededor del hueco de la escalera como si le preocupara que alguien la oyera—. No te besé. Tú me besaste a mí.

—No es así como yo lo recuerdo.

—Meredith. —siseó—. Va en serio, no es buena idea.

—¿Por qué no?

—Te estoy auditando, ¿recuerdas? Lo que pasó en tu apartamento fue un error, y lo siento. No deberíamos… ya sabes, volver a hacer eso.

Meredith se inclinó un poco más. Emily todavía no se había echado atrás, y ahora estaban tan cerca que la punta de su nariz rozó la mejilla de Emily cuando le susurró al oído.

—¿De verdad fue un error?

—Meredith…

Se apartó de golpe, mirando bien a Emily unos momentos.

Si era sincera consigo misma, Meredith no acababa de identificar exactamente por qué estaba tan empeñada en perseguir esto.

Ni siquiera había pensado en ir detrás de nadie en mucho tiempo, pero era como si Emily le hubiera dado a un interruptor por dentro, y quería más.

—Si de verdad crees que el beso estuvo mal, no pasa nada. Si no quieres que vuelva a pasar, si quieres volver a jugar a médica y paciente sin más, entonces me parece bien. Pero… si sí quieres que vuelva a pasar, entonces lo único que tienes que hacer es decirlo.

Emily tragó saliva con nerviosismo.

—No se supone que debamos…

—No te estoy preguntando si crees que deberíamos. Te estoy preguntando si quieres.

Un largo silencio siguió a las palabras de Meredith, y el hueco de la escalera estaba tan silencioso que oían a la gente moverse en la planta de arriba.

Una puerta se abrió de uno de los apartamentos, y oyeron a alguien acercarse al hueco de la escalera.

Los pasos se hacían cada vez más cercanos y, mientras empezaban a bajar las escaleras, Emily asintió.

—Bien. —Meredith sonrió, dando un paso atrás mientras uno de sus vecinos aparecía a la vista—. Supongo que nos vemos, entonces.

—¿No vienes a correr? —le llamó Emily, mientras ella empezaba a subir hacia su planta.

—No, me siento bastante cansada, creo que solo te veo luego. —Devolvió el saludo con la mano, antes de desaparecer al doblar la esquina. Cuando se metió en el apartamento, fue con una sonrisa de satisfacción.

Sé que ella me besó, pensó, mientras se dejaba caer en el sofá y se quitaba los zapatos de una patada.