Sanar el Corazón (City General Series 6) 9 Capítulo nueve #3
28%

9 Capítulo nueve #3

—Vale, vale. —Su madre la alcanzó, jadeando de la misma forma que Emily solo unos minutos antes. Le puso una mano en el hombro a su hija —probablemente para que dejara de correr, más que nada— y les dedicó a Emily y a Meredith una sonrisa agotada.

—Buenas. —Emily sonrió, mirando de una a otra—. Menuda velocista está hecha.

—Ah, desde luego que sí. Sobre todo cuando hay una cena en el iHOP en juego. —La madre se rio, zarandeándole con suavidad el hombro a su hija mientras pasaban. Emily las vio irse con una pequeña sonrisa, antes de mirar a Meredith, que también seguía a la pareja con los ojos.

—Yo hacía lo mismo —dijo—. Para mí era el Denny's, sin embargo. Si veía un cartel de Denny's a lo lejos, nadie habría podido pillarme. Oye, si quieres motivarme para seguirte el ritmo, quizá deberías ponerte una pegatina de Denny's en la espalda. Seguro que correría más rápido entonces.

Meredith seguía observando a la madre y la hija alejarse, como si estuviera en trance. Era casi como si ni siquiera hubiera oído a Emily, y no se giró hasta que Emily le dio un toquecito en el hombro con suavidad.

—Oye, ¿Meredith?

—¿Eh? —Se giró de golpe, apartando la mano de Emily mientras daba un paso atrás. Parecía sobresaltada, como si se hubiera olvidado de que Emily siquiera estaba ahí a su lado—. ¿Qué?

—¿Estás bien? —Emily miró más allá de ella a la madre y la hija, que se desvanecían en la oscuridad de la tarde, fundiéndose entre las sombras—. ¿Qué, conoces a esas dos o algo?

—¿Conocer a quién?

—Las… —Señaló camino abajo—. Ellas. La madre y su hija, las que acaban de pasar.

—No —dijo rápidamente—. ¿Por qué lo piensas?

—Porque tú… —Emily dejó la frase en el aire, confundida. La voz de Meredith era curiosamente defensiva para una pregunta tan inocente, como si estuvieran de vuelta en el hospital en medio de una de sus entrevistas.

¿Habré tocado una fibra, quizá?, se preguntó, mirando a la mujer mayor de arriba abajo despacio. Desde luego parecía alterada por algo, pero Emily no estaba segura de qué era.

—¿Estás bien?

—Estoy bien. Estaré aún más bien si de verdad empezamos a movernos otra vez, ¿sabes?

Su voz era cortante y afilada, como si cada frase fuera un ataque, y el cambio repentino de humor pilló por sorpresa a Emily.

Solo unos momentos antes, las dos se habían estado llevando bien, pero de la nada parecía que Meredith solo estaba molesta con ella.

Sabía que no iba a ser buena idea presionar más a Meredith.

La mujer mayor ya la miraba como si estuviera entrometiéndose en algo, y sabía que, si seguía presionando, solo acabaría molestándola aún más.

Déjalo, se dijo con severidad. Puedes hablar con ella de eso en otro momento.

Emily aspiró hondo, y se encogió de hombros como si no hubiera pasado nada en absoluto.

—¿Sabes qué? Da igual. Creo que tienes razón, no voy a poder seguirte el ritmo, así que voy a solo… volver al edificio.

—Me viene bien.

—¿Tú también vienes?

—No. —Meredith negó con la cabeza—. Nos vemos.

Y, con eso, sin siquiera esperar a que Emily respondiera, salió disparada camino abajo, y enseguida se desvaneció en la distancia.

Emily se quedó ahí en el camino en silencio, viéndola encogerse mientras corría alejándose y luego, despacio, giró la cabeza para mirar de vuelta por donde habían venido, la dirección hacia la que habían caminado la madre y la hija.

Despacio, empezó a desandar sus pasos, dirigiéndose de vuelta hacia su apartamento.

Meredith no estaba de tan mal humor cuando hemos salido esta noche, pensó.

En realidad tampoco estaba de muy buen humor; no iba cantando y bailando, pero, por otro lado, nunca lo hace.

Pero luego ha visto a esas dos, y algo en ella ha cambiado.

¿El qué, sin embargo? ¿Qué podría haber hecho que se pusiera tan fría y distante de repente?

Emily recogió una piedra suelta del camino y la tiró al río, deteniéndose un momento para poder escuchar el chapoteo cuando dio contra el agua. Luego, continuó por el camino, echando un vistazo por encima del hombro al sitio donde las dos habían estado juntas.

—¿Le habrá recordado una de ellas a alguien? —se preguntó en voz alta—. ¿A una paciente, quizá?

Pero entonces, ¿por qué habría reaccionado como lo hizo?

Meredith estaba orgullosa de su historial de éxitos en el quirófano, su historial era impecable.

A diferencia de algunos de los otros médicos cuyos expedientes estaban plagados de demandas por negligencia y quejas sobre ética de otros miembros del personal, Meredith estaba impoluta.

No había nada ahí que fuera a remover malos recuerdos para ella.

A menos que haya uno enterrado muy al fondo de su expediente que todavía no hayamos visto.

O quizá uno de su época en Inglaterra. Dado que tiene tan pocas meteduras de pata en su historial, las que sí tiene probablemente le resalten.

Quizá podría preguntarle a otra persona, conseguir algo de información sobre ella.

Con eso, Emily decidió que era hora de irse a casa. Cogió otra botella de agua para ella del colmado por el que pasó, y luego volvió a su apartamento.