Samada: la Colonia del Sur (Samada 4)
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PRÓLOGO
Diario de Hera
T ras cien años de sumisión, la liberación de los rangos ha fortalecido la unidad de las colonias.
Durante generaciones, la ignorancia marcó nuestro porvenir, y creímos que alterar el orden establecido supondría un desafío a la propia supervivencia.
Ahora debemos aprender a construir un futuro sin jerarquías y rehacer los lazos rotos entre hombres y mujeres.
Mi estancia en Nessei es una prueba de que hay esperanza. Minerva cumplió su deseo: reunirse con su familia, quienes, a pesar del tiempo transcurrido, la han acogido sin cuestionar sus actos pasados como patrona. Entendieron que solo se adaptó a la civilización que la salvó de una muerte segura.
Casandra, a quien he delegado el mando en el norte, trabaja cada día para restablecer la normalidad. Gaia, su hijo Amil y sus custodias ayudaron sin descanso hasta que, transcurridas unas semanas, marcharon hacia el oeste. Ella debía cumplir su promesa y regresar junto al pequeño Milán.
Artis, el líder del este, ejecuta el mayor proyecto conocido desde los primeros tiempos; un acueducto. Mano a mano con su marido, Omari, y los recursos de Asim, dirigente de la Comunidad, ahora nuestro aliado.
En cuanto a mí, gracias a las experimentadas manos del doctor Etana, pude operarme del problema de visión.
Aunque la recuperación avanza poco a poco y sigo convaleciente.
Aquí he encontrado la manera de sanar no solo mis heridas físicas, sino también las mentales.
Reconozco que, cuando llegué a la isla, mi primera idea era volver a la colonia.
Incluso ahora sé que podría quedarme en este lugar, pero me inquieta la amenaza que Nut representa, cuyo paradero sigue siendo desconocido; así como el de sus custodias más fieles.
Huyeron con ella en mitad del desierto, después de ser apresadas por su traición.
Irem, quien arrebató el sur a Nut, gobierna con equidad y respeto.
La paz y la libertad reinan en todos los territorios.
Ruego al Samada que así perdure en los tiempos venideros.