Samada: la Colonia del Norte (Samada 3) EPÍLOGO
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EPÍLOGO

Isla Nessei, unos meses después

H era se despertó temprano, todavía utilizaba unas lentes tintadas tras la intervención.

Se asomó a la ventana de la cabaña donde residía desde que había llegado a la isla, que compartía con Minerva, ahora Moana.

Se la veía feliz rodeada de los suyos y aunque mantenía las distancias con Kalani, era innegable la atracción que ambos sentían.

Estaba distraída cuando advirtió unos golpes en la puerta.

—¿Estás visible? —escuchó la voz del doctor Etana.

—Sí, pasa, por favor.

—Buenos días —la saludó al entrar—. ¿Cómo estás hoy?

—Bien, si no fuera porque me molesta la claridad, podría desprenderme de las gafas.

—No hay prisa, llegará ese momento. Siéntate, déjame que vea esos preciosos ojos.

—No seas zalamero —le reprendió medio en broma. Al principio, le costó acostumbrarse a la familiaridad con que la trataba y más, al ser un hombre. Las secuelas del abuso del capitán le impedían confiar en el sexo opuesto.

—La cicatriz apenas es perceptible —le dijo, mientras utilizaba un aparato para examinarlos .

En ese momento, Minerva entró sin avisar. Estaba alterada y por su respiración, era evidente que había llegado a la cabaña corriendo.

—Hemos recibido un mensaje por radio de Casandra. —Tomó aire—. Es Nut, ha regresado. El futuro de la alianza está en peligro. Partiré mañana mismo.

—Te acompañaré —dijo decidida.

—No es recomendable en tu estado —sugirió el doctor.

—Estoy casi curada, utilizaré las lentes.

—No me refiero a eso, y lo sabes.

Hera se llevó la mano a su vientre.