11 Rory #2
Nos dirigimos a las casetas de juegos y probamos ese en el que hay que lanzar aros sobre botellas. A Luke se le da bastante bien, y a mí se me da pésimo. Uno tras otro, lanzo mis aros, chocan contra el costado de la botella con un clinc, rebotan y, al poco, se acabó el juego.
—No creo que pudiera haberlo hecho peor aunque lo intentara —comento.
Luke se ríe. —Tenemos que trabajar en tu puntería —dice y me guía hacia los tiros a canasta.
—Espero que no pienses que voy a ser mejor en esto.
—Estoy dispuesto a apostar que lo serás —afirma mientras el empleado de la caseta le entrega una pelota de baloncesto—. No soy profesional ni nada, pero puedo darte un par de consejos.
—¿Solías jugar al baloncesto? —pregunto.
—Un poco. —Luke eleva el balón, apunta y lo lanza. Swish. Pasa directamente por el aro y alza el puño en el aire—. Tu turno.
—Ay, Dios —murmuro mientras cojo la pelota del empleado—. La verdad es que no sé...
Me callo cuando Luke se coloca detrás de mí y se acerca tanto que siento su cuerpo alto y duro presionando contra mi espalda. —Vale —murmura, con un aliento cálido en mi oído—, te voy a enseñar a tirar.
Mi corazón da un vuelco en el pecho y asiento. Tengo la sensación de que hay varias cosas que él podría enseñarme a hacer.
—Lo primero es asegurarte de que tienes la colocación correcta de manos y pies.
—Vale.
—Tienes que mantener el equilibrio, y para eso necesitas una base amplia.
Cuando desliza su pierna entre las mías y separa mis piernas aún más con su pie, casi me quedo sin aliento.
—El pie derecho un poco por delante del izquierdo —indica.
Un calor me inunda la parte inferior del cuerpo cuando toma la iniciativa de mover mis extremidades exactamente como él quiere. Luego me rodea con sus brazos, empujándome el codo hacia arriba.
—La mano con la que tiras debe estar debajo del balón, y la que guía, a un lado.
Sus manos grandes colocan las mías en la posición correcta, cubriéndolas, y aguanto la respiración un momento demasiado largo.
Está tan cerca que, como cuando practicábamos defensa personal antes, me encuentro inclinándome hacia él, ladeando la cabeza para inhalar mejor su delicioso aroma masculino.
—Nada de ladear la cabeza —dice Luke, coloca una palma a cada lado de mi cabeza y me la endereza.
—¿Algo más? —murmuro.
—Puedes conseguir un buen arco asegurándote de que el codo está justo encima de la ceja y apuntando al centro del aro.
—Te lo tomas muy en serio cuando se trata de baloncesto —comento.
—Tira —dice.
Miro hacia abajo para asegurarme de que todo está como me indicó y luego lanzo la pelota. Swish. Directamente por el aro. ¡No me lo puedo creer! Suelto un chillido y me giro para abrazarlo. Seguimos demasiado cerca y termino pisándole el pie y aplastando mis pechos contra su pecho.
Me separo, avergonzada, pero Luke me agarra y me vuelve a atraer contra él. Me abraza con fuerza, me levanta del suelo y da una pequeña vuelta. —Buen trabajo, Rory —dice antes de dejarme de nuevo en el suelo.
Aunque mis pies están otra vez en el suelo, siento que camino en el aire. Luke tiene esa manera paciente conmigo, y me gusta mucho. También presta mucha atención a las cosas, incluyéndome a mí, y eso me hace sentir especial.
Tiramos unas cuantas pelotas más y luego nos dirigimos a un juego con patos móviles que hay que derribar para ganar un premio.
—¿Cómo se te da disparar patos? —pregunto.
—Nunca he disparado a un pato —admite—. Pero he practicado tiro al plato antes y he ido a algún campo de tiro local.
—¿Te sientes con suerte, señor Ryder? —No pretendo que suene tan sexual, pero supongo que sale así cuando él me lanza una mirada fogosa.
—Creo que sí —dice mientras entrega unos billetes al empleado de la atracción, sus ojos azules ardientes clavados en los míos. La conexión es abrasadora y soy incapaz de resistirme a lo que está pasando entre nosotros.
No sé cómo puede concentrarse después de ese intercambio tan caliente lleno de insinuaciones, pero coge la pistola y derriba un pato tras otro. Observo, asombrada, cómo no falla ni uno. Sonrío y aplaudo cuando el empleado de la caseta le dice a Luke que ha ganado un premio.
—¿Cuál quieres? —pregunta Luke, volviéndose hacia mí.
Miro hacia los peluches colgados y chillo de emoción. Nunca nadie ha ganado nada para dárselo antes y estoy tan emocionada como un niño en Navidad. —¿Qué tal ese? —digo y señalo a un oso de peluche rosa con un lazo en la oreja.
—Nos quedamos con ese —le dice Luke al empleado de la feria, que lo coge y me lo entrega.
Aprieto el oso contra mi pecho y sonrío de oreja a oreja. —Gracias. Nunca antes nadie me había ganado un oso rosa.
—Bueno, me alegro de ser el primero.
Sus palabras hacen que me ardan las mejillas y aparto la mirada, sin querer que vea la expresión de mis ojos.
Que Luke Ryder sea mi primera vez hace que me hormiguee la piel y solo puedo imaginar cómo sería.
Sentir su cuerpo duro y desnudo presionado contra el mío, su boca besando esos lugares secretos de mi cuerpo que ningún otro hombre ha tocado antes, imaginarlo moviéndose dentro de mí, profundo, grueso, caliente.
Trago con fuerza, comenzando a recalentarme, y reprimo las fantasías, necesitando enfriarme. Solo puedo imaginar la reacción de Luke si supiera que sigo siendo virgen. Probablemente se preguntaría qué me pasa y me dejaría por alguien con más experiencia.
Suelto un suspiro y miro al oso rosa entre mis brazos. —Creo que la llamaré Luka.
Él se echa a reír. —Eres graciosa.
—¡Oh, mira! —Señalo un puesto de funnel cake y nos acercamos. Unos minutos después, Luke y yo estamos sentados en una mesa de picnic compartiendo el enorme donut frito cubierto de nata montada y fresas. —Voy a ganar cinco kilos, pero merece totalmente la pena.
Luke clava su tenedor, da un gran bocado y gime. —No le digas a Scotch que me he comido esto, ¿vale?
—Mis labios están sellados —prometo.
Sus ojos azules descienden a mis labios y su boca se curva ligeramente.
—Quédate quieta —dice y se acerca para limpiar un poco de nata de la comisura de mi boca con su dedo índice.
Retira la mano y cuando se lame el dedo, siento una oleada de calor en mi vientre.
No estoy segura de si pretendía que fuera tan sensual, pero me muevo en el asiento, instantáneamente mojada.
—Gracias —murmuro y paso la lengua por mis labios.
Me mira con una expresión intensísima y, si no me equivoco, sus normalmente brillantes ojos azules se oscurecen. Bajo la vista al funnel cake y tomo otro bocado, sin saber si estoy colocada por el azúcar o por Luke.
Lo observo masticar y tragar lentamente otro bocado y sé que estoy colocada por él. Cuando lo conocí, lo tenía clasificado como un tipo arrogante y engreído, pero está lejos de serlo. Hay algo en él que me intriga y no sé si es su atención o lo protector que es, pero me encanta.
Después de comer, Luke me lleva a la noria y dudo. —¿Qué pasa? —pregunta.
—No me gustan mucho las alturas.
—Te abrazaré todo el tiempo —promete con una pequeña sonrisa burlona.
—Vale —cedo, con demasiada facilidad, y aprieto el oso de peluche contra mi pecho.
Una vez que estamos sentados en la cabina, rodea mis hombros con un brazo y me atrae hacia él. Hay algo tan reconfortante en tener su brazo alrededor. Nunca antes me había relajado contra un hombre así y me gusta mucho. Me siento segura y protegida.
—¿Lista? —pregunta.
—No —respondo inmediatamente cuando el movimiento se inicia con un tirón. Al instante me tenso, aferrándome al oso de peluche, mientras ascendemos en el aire y siento que su brazo se ajusta.
—Te tengo —dice, con una voz baja e increíblemente cerca de mi oído.
—¿Pero quién te tiene a ti? —pregunto. Cuando me giro para mirarlo, está tan cerca que el corazón me da un vuelco.
La atracción se detiene para que suban más pasajeros y quedamos suspendidos en el aire, pero apenas me doy cuenta.
Estoy demasiado concentrada en los labios de Luke, que parecen acercarse cada vez más.
Cuando nuestros labios se encuentran, me inclino hacia él y abro más la boca, dejándolo explorar, sintiendo su lengua bailar con la mía.
Dios mío, este hombre besa de maravilla.
No sé qué es lo que hace que me salgan escalofríos por toda la piel, pero me encanta cómo besa.
Un cosquilleo recorre todo mi cuerpo y él apoya una mano en mi cara, profundizando la conexión entre nuestras bocas, y apenas noto cuando la atracción vuelve a ponerse en marcha.
En el momento en que nos detenemos en lo más alto, me separo y siento un escalofrío de pánico. Mi mirada se dirige hacia las atracciones y estamos tan alto que es desconcertante.
—Estás bien —murmura Luke y gira mi cara hacia él. Su boca desciende y la manera en que toma el control total hace que deje de pensar en lo alto que estamos y en cambio piense en lo bien que sabe.
No estoy segura de cuántas vueltas más damos porque Luke me distrae con una interminable sucesión de besos que hacen que se me encojan los dedos de los pies dentro de las botas.
Su mano cálida cubre mi muslo y mis pensamientos toman un rumbo travieso mientras me pregunto dónde más me gustaría sentir esa gran mano suya.
La verdad es que no tengo que esperar mucho para descubrirlo porque en el momento en que bajamos de la noria, Luke me aleja de la multitud y me lleva a la vuelta de la esquina, detrás de una carpa.
Atrapa mi boca en otro beso, empujándome contra un árbol, su lengua saqueando mi boca y sus manos enredándose en mi pelo.
Gimo en su boca, encontrando su lengua, enredándome con ella y tratando de que no se me doblen las rodillas.
Las manos de Luke descienden, deslizándose por mis caderas y luego rodeándome el trasero.
Cuando me aprieta, juntándome contra su excitación, pierdo toda noción del tiempo y el lugar.
Todo lo que siento es Luke y todo lo que quiero es Luke.
Sí, estoy en un gran problema.