Salvando lo que es mío (Jugando con el Peligro 4) 9 Rory
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9 Rory

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RORY

Miro mi reflejo en el espejo, intentando decidir si este es el atuendo adecuado para esta noche.

Ya me he cambiado diez veces y empieza a ser ridículo.

No tengo mucha ropa deportiva, pero conseguí reunir unos leggings, pantalones cortos, chándal y camisetas.

Después de mezclar y combinar todo, creo que por fin he encontrado la combinación perfecta.

Girándome de un lado a otro, me aseguro de que la camiseta y los leggings me favorecen.

Ver hoy a Luke sin camiseta casi me da un infarto.

Está en tan buena forma, completamente musculado, y lo último que quiero es parecer desaliñada.

No hago mucho ejercicio, pero como bastante bien, así que al menos tengo eso a mi favor.

Como horneo todo el tiempo, podrías pensar que estoy picando constantemente, pero sorprendentemente no es así.

Cuando horneo, siempre es para los demás.

Después de decidir mi ropa, me siento en el tocador y retoco mi maquillaje. No es mucho, pero suficiente para hacer resaltar mis ojos verdes y que mi piel luzca impecable y radiante. Lo último que quiero es que piense que me estoy esforzando demasiado. Uf, qué vergüenza.

Mientras me aplico un poco de brillo labial, oigo que se abre la puerta principal y me pongo tensa.

Es solo Travis, me digo a mí misma. Pero cuando oigo las pesadas botas subiendo las escaleras, el corazón me da un vuelco.

Encontrarme antes con Nico aquí me afectó mucho y no es algo que quiera que vuelva a ocurrir.

—¿Trav? —llamo.

—¿Sí?

Mis hombros se relajan al oír su voz y lo veo detenerse en el marco de la puerta detrás de mí a través del espejo. —Tenemos que hablar —digo y me giro en el banco para enfrentarme a él.

—¿A dónde vas? —pregunta, con tono sospechoso—. ¿Tienes una cita o algo así?

Me sonrojo al instante y siento cómo mi cara se calienta. —¿Qué? No. ¿Por qué piensas eso?

—Porque te estás arreglando para salir.

—No —digo y niego con la cabeza—. Quiero decir, sí, pero no es para tanto.

—¿Entonces voy a cenar solo esta noche?

Lucho por no ponerme a rodar los ojos. —Quedan sobras del guiso en la nevera—. Dios, mi hermano puede ser tan inútil. —Sabes calentarlo, ¿verdad?

Capta mi tono sarcástico y me hace una mueca. —Sí, por el culo.

—Ah, eso suena delicioso.

—Si no vas a revelarme tu cita secreta, ¿de qué quieres hablar?

—De Nico Morello.

—Oh, mierda —maldice Travis—. ¿Qué pasó?

—¿Por dónde empiezo? —pregunto y fruncio el ceño—. ¿Con cuando unos de sus matones aparecieron en la panadería para amenazarme o cuando llegué a casa y lo encontré en nuestro salón?

Sus ojos verdes se ensanchan. —Oh, Jesús —dice y se pasa una mano por el pelo castaño—. Me va a matar, lo sé.

Me levanto y suspiro. —Tranquilo, Trav. Nico me ofreció un trato.

—¿A qué te refieres?

—Hay un luchador de MMA contra el que uno de sus peleadores se va a enfrentar. Morello quiere que lo convenza de perder para que él pueda ganar un montón de dinero. Y entonces estarás libre de problemas.

Sus ojos se entrecierran. —¿Y le crees?

—¿Qué otra opción tengo? Si no lo consigo, van a matarte. Si no lo hago yo primero —añado.

Frunce el ceño.

—¿Sabes lo furioso que me puse cuando Nico me dijo que intentaste pedir más dinero prestado? ¿Cómo pudiste?

—¡No sabía que ese tipo trabajaba para él!

—¡Esa no es la cuestión! Tienes que dejar de pedir dinero que no puedes devolver. Nos estás hundiendo, Trav.

—Es la única manera —se queja.

—Ya no más. Ahora tengo que convencer a Luke de que pierda contra Enzo. Así Morello perdonará tu deuda y podremos olvidar que todo esto sucedió. Pero tienes que dejar de apostar, ¿me oyes?

Asiente con la cabeza, parece apenado.

Bien, debería sentirse como un auténtico canalla por arrastrarme a sus estupideces.

—¿Crees que este tipo, Luke, perderá a propósito?

—No lo sé. Espero que sí porque, a estas alturas, es lo único que salvará tu culo.

—Pero si no lo hace, estoy jodido.

—Los luchadores pierden todo el tiempo, ¿no? ¿Qué es una derrota? Seguro que no es para tanto. —Intento justificarlo, pero no me convence. Para ser sincera, no sé absolutamente nada sobre Luke Ryder. Si es un tipo honesto, recto, con un estricto código moral, puede que me mande a paseo.

Supongo que esta noche lo conoceré un poco mejor.

Cuando llego al gimnasio, todavía hay algo de actividad porque la gente acaba de salir del trabajo y busco a Luke con la mirada.

Está charlando con un tipo y en cuanto me ve, se acerca, con una sonrisa atractiva que le ilumina la cara.

Me saluda levantando una mano con un gesto tan adorable que me llega al corazón.

—Hola —dice—. ¿Lista para aprender a dar una buena paliza?

Asiento, no preparada del todo para el brillo en sus ojos azules.

—Vamos —dice—. He reservado una sala para nosotros.

Trago saliva y lo sigo hasta una habitación privada. Cierra la puerta y me hace señas para que lo acompañe al tapiz en el centro de la sala. —¿Qué sabes? —pregunta—. ¿Alguna noción de defensa personal o artes marciales?

Niego con la cabeza. —Trabajo en una panadería —le recuerdo—. El otro día fue mi primera experiencia desagradable, aparte de quemarme de vez en cuando algún pastel.

—Bueno, siempre es bueno conocer algunas técnicas básicas para poder defenderte. —Adopta una postura de combate y levanta los puños—. Ponte en posición. Así.

Se me ocurren varias posturas en las que me gustaría estar con Luke, pero hago lo que dice e intento despejar la mente. Ahora no es el momento para pensamientos subidos de tono, porque vamos a estar muy cerca y necesito concentrarme.

Mmm. Se supone que debes poner en marcha tu plan para seducir a Luke, tonta —me recuerdo a mí misma—. Ahora es el momento perfecto para subir el nivel.

—Siempre debes enfocarte en las zonas vulnerables de un atacante —me dice—. Ojos, nariz, garganta e ingles. No muestres miedo y sé ruidosa y agresiva.

Cuando se lanza hacia mí, doy un grito de sorpresa y retrocedo.

—Si un atacante viene hacia ti así, de frente, le vas a dar una patada en los testículos.

Mi traicionero rostro se sonroja y asiento.

—No puedes ser tímida cuando luchas por tu vida.

—Lo sé. Y si fuera una situación de vida o muerte, no lo sería.

—Vamos a practicar.

Oh, mierda. Asiento un poco y no estoy segura de estar lista para eso aún.

—Quiero que te estabilices —dice—. Luego vas a levantar la pierna dominante y empujar la rodilla hacia adelante, extendiendo la pierna y pateando tan fuerte como puedas, haciendo contacto con la parte baja de la espinilla o con la bola del pie. ¿Tiene sentido?

—Creo que sí.

Él demuestra el movimiento. —Ahora hazlo conmigo.

Lo practicamos juntos varias veces hasta que me siento más cómoda. Tiene una manera muy tranquilizadora y es un excelente profesor.

—¿Lista para intentarlo? —pregunta—. Solo no completes la patada —añade con una sonrisa burlona.

Me pongo en posición y asiento. Luego, Luke repite el ataque a cámara lenta y cuando está lo suficientemente cerca, levanto la pierna y pateo hacia arriba. Justo antes de hacer contacto con él, bloquea mi pie con la palma de su mano.

—Bien. Ahora más rápido.

Inmediatamente simula un asalto frontal, pero se mueve mucho más rápido y, automáticamente, pateo hacia arriba para detenerlo.

—Excelente —me felicita. Practicamos el movimiento un poco más hasta que me siento bastante cómoda. —Aprendes rápido.

—Gracias. —Cada vez que se acerca, fingiendo intentar agarrarme, percibo su aroma. Y es absolutamente delicioso. Noto que acaba de ducharse porque huele a limpio y a jabón, y me está provocando sensaciones extrañas por dentro.

Maldita sea. Se supone que soy yo la que debe seducirlo a él, no al revés. Voy a tener que darle la vuelta a la situación.

—¿Lista para seguir? —pregunta, y asiento—. Vale, lo siguiente que deberías aprender es el golpe con la base de la palma. Levanta la mano, mantén la palma plana y golpea recto hacia adelante.

—¿Así? —pregunto, intentando imitarlo.

—Exactamente así. Debes apuntar a la nariz del atacante o justo debajo de la barbilla. Y, después del golpe, recupera el brazo rápidamente. Debe ser un movimiento rápido y certero. Como una serpiente. Si lo haces bien, lo desequilibrará y entonces podrás golpearle con el codo.

Practicamos y él se lo toma tan en serio, dedicando tiempo a asegurarse de que entiendo cada movimiento a la perfección.

—¿Segura que no has hecho esto antes? —bromea.

—No, lo juro. Es mi primera vez. Ups. No quería decirlo exactamente así, y la parte traviesa de mí se pregunta cómo sería que mi verdadera primera vez fuera con Luke Ryder. Qué nombre tan apropiado, pienso, y aprieto los muslos. Este hombre podría montarme toda la noche y más.

Me doy cuenta de que está explicando un nuevo movimiento, y asiento, fingiendo haberlo escuchado. Capto el final de sus instrucciones y él levanta un dedo y lo hace girar en círculo. —¿Lista?

—Eh, claro. No, pienso. Mierda. Me he perdido la primera mitad de lo que ha dicho.

A pesar de ello, me giro y lo miro por encima del hombro mientras se coloca detrás de mí y me rodea con sus brazos, apretándome fuerte justo sobre los pechos.

No puedo moverme, no tengo ni idea de qué hacer, y durante un instante demasiado largo nos quedamos así.

Yo, atrapada en su abrazo, con el corazón a mil por hora.

Cierro los ojos y mi respiración se acelera cuando noto su aliento cálido en mi oreja.

—¿Rory?

Vuelvo a abrir los ojos de golpe y siento su cuerpo duro pegado al mío. Dios, está construido como un gladiador, todo músculo firme y duro como una roca. Me recuesto en su pecho y oigo cómo inhala bruscamente.

—Se supone que debes intentar liberarte —dice, con la voz ronca.

—Mmm, cierto —respondo, haciendo un pequeño sonido gutural. Cuando me suelta y da un paso atrás, me giro—. Lo siento, creo que olvidé lo que tenía que hacer.

Nuestras miradas se encuentran y el aire entre nosotros parece cargado de electricidad.

—¿Me lo enseñas otra vez? —pregunto.

Lo veo tragar con dificultad. —Sí, claro.

Su voz suena un poco tensa y me vuelvo, esperando a que vuelva a rodearme con sus brazos. Cuando se acerca, vuelvo a oler ese aroma limpio a jabón y me obligo a escuchar su voz baja mientras explica de nuevo el movimiento. Entonces, sus fuertes brazos rodean mi pecho y aprietan.

—Recuerda —dice al oído—. La primera reacción es impedir que los brazos del atacante suban más para hacerte una llave.

Así que gira las caderas hacia un lado. Eso creará una abertura para golpearle en la ingle.

Luego, levanta el codo contrario y gírate hacia el agarre.

Mantén los brazos pegados al pecho mientras te giras y deshaz el contacto.

Sigo sus instrucciones varias veces, moviéndonos a cámara lenta, y luego lo intentamos más rápido. Mi confianza crece con cada escape exitoso y diez minutos después, paso con facilidad de estar atrapada en sus brazos a liberarme y repartir algunos golpes, patadas y puñetazos.

—Muy bien —dice, apartándose, con sus ojos azules bajando hasta mis labios.

Está pensando en besarme. El pensamiento me impacta y mi boca se abre un poco. Ni siquiera lo hago a propósito, pero me paso la lengua por los labios y un músculo de su mandíbula se tensa.

—Creo que hemos terminado —dice.

—Gracias por ayudarme. Te lo agradezco mucho.

—No hay problema. Son solo técnicas básicas, pero si quieres aprender más a fondo, puedo recomendarte una clase para principiantes aquí.

Sonrío y sé que debería irme, pero por alguna razón mis pies parecen clavados en el suelo y se niegan a moverse.

—¿Rory?

—¿Sí? —pregunto, completamente sin aliento.

—¿Qué estás haciendo ahora?

Imaginándote desnudo. —Eh, nada.

—¿Quieres ir a tomar algo conmigo?

Mi estómago da un vuelco. —Me encantaría.