UNA VISITA INESPERADA
Nos quedamos solos un momento, en silencio. Hasta que yo noté que la ropa seguía mojada por el sudor.
—Me tengo que duchar y cambiar de ropa —le dije a Paty.
—Sí. Te hace falta —dijo riéndose y tocándome la nariz con el dedo índice.
Aquello me hizo sentir algo de vergüenza. Pero era cierto, había sudado mucho y llevaba cuatro días sin ducharme.
Traté de ponerme en pie pero aún me costaba sostenerme.
—¿Te ayudo? —se ofreció Paty.
—Sí, por favor. Aún no me tengo bien de pie.
—Agárrate a mí.
Entonces eché un brazo por encima del hombro de Paty y nos pusimos de pie, yo apoyándome en ella, y comenzamos a andar hacia la puerta del baño de la habitación.
Una vez en el aseo, me ayudó a desnudarme y meterme en la ducha. Me senté en el suelo por si acaso, abrí el agua y empecé a ducharme bajo la atenta mirada de Paty. Podía notar como disfrutaba de verme y el sentirme deseado hizo que comenzara a excitarme.
—Ahora no —bromeó Paty—. Si quieres no te miro. Mira que eres travieso.
Giré la cabeza para mirarla y me reí.
Acabé de ducharme con parsimonia. Paty me ayudó con la espalda y a erguirme cuando acabé, mientras me envolvía con una toalla. Fuimos hasta la habitación donde pude sentarme otra vez en la cama y secarme. Luego fui hasta mi maleta, que estaba en una esquina, a por ropa y me vestí.
—¿Vamos al salón? —pregunté cuando estaba acabando.
—Sí —concedió Paty.
Acabé de vestirme y Paty me ayudó a ir hasta el salón. Allí estaban todos. Ella me llevó hasta un sillón, donde me senté y quedé hundido, disfrutando de su comodidad.
Paty fue y se sentó en un sofá al lado de Helena.
—Tienes mucha mejor cara —dijo Helena.
—La verdad es que sí —concordó Mina—. Pasaste momentos malos, pero ya se acabó todo.
—La verdad es que tienes un cuerpo bastante resistente —intervino João—. Tuviste una transformación bastante larga y, aún en tu estado, la resististe bien. Me sorprendiste.
—Sí… Pero aún no me sostengo bien en pie. —Aquello me preocupaba algo.
—Es normal. Mañana ya estarás mejor. Has ingerido dos veces en doce horas. Mañana por la mañana deberías volver a hacerlo y por la tarde creo que ya te manejarás bien. Los próximos días ya irás alcanzando todas tus capacidades máximas —explicó João.
Asentí.
—Yo realmente te veo y te noto bien —finalizó.
Entonces me di cuenta de que no sabía ni que hora era.
—¿Qué hora es?
—Las doce menos cuarto. Pero no creo que tengas mucho sueño todavía, así que podemos estar otro rato aquí. Ponte cómodo —dijo Mina.
La noche fue pasando, a veces en silencio y otras con animadas conversaciones en las que yo apenas intervenía. Los otros cuatro recordaban anécdotas de su pasado. Experiencias de transformaciones que habían visto, unas que acabaron bien, otras no, incluso de las suyas propias.
Yo escuchaba con atención, todo aquello me resultaba curioso. Además nunca habían hablado de esas cosas delante de mí. Pero ahora, parecía que siendo del clan, ya no había reservas.
Estaba siendo una noche de historias mientras fuera, la tormenta seguía retumbando y la lluvia golpeaba con furia.
Todos estábamos ensimismados contando y escuchando anécdotas hasta que, en mi interior, una sombra comenzó a crecer.
Como una gota de tinta que cae en un estanque, una mancha apareció y se extendía suavemente por mi mente.
Era como un sonido que empieza muy suave y no se percibe hasta que alcanza cierta intensidad.
Pero una vez que uno se da cuenta de él ya no puede ignorarlo.
Aparte de las emociones de los que estábamos allí, comencé a percibir una cacofonía todavía indescifrable de emociones que provenían de otro lugar, pero que no eran de aquella sala, desde luego.
Paty, al notar eso en mí, se alertó. Cerró los ojos. Yo notaba su preocupación en su rostro y por nuestra conexión mientras escrutaba el entorno.
Los demás, al notar aquello, se quedaron callados y en alerta.
Yo por mi parte comencé a notar más intensas aquellas emociones y a distinguirlas.
Todas eran muy parecidas, pero provenían de diferentes personas.
Había un sentimiento de saña y ganas de hacer daño en todas ellas, mezclado con ambición, ganas de dominación y ejercer poder y dominio.
Estas últimas emociones manaban principalmente de una persona que parecía ser el líder.
Las otra eran más de seguidismo y ganas de satisfacer al líder.
Podía distinguir lo que parecían siete fuentes.
Entonces Paty rompió el silencio.
—Se acercan siete personas. No sé muy bien quién o qué son. Hay un nublante entre ellos.
—¿Qué hacemos? —preguntó Helena mirando a Mina y João—. ¿Nos vamos?
—¿Sabes sus intenciones? —preguntó Mina dirigiéndose a Paty.
Paty negó con la cabeza.
—No, el nublante me lo impide. Arturo y yo solo pudimos percibir como vienen con intención de imponer su voluntad y exigir rendición de cuentas. Pero no logro ver por qué, quién son o qué los motiva.
Entonces se tocó el collar y se quedó en silencio con la boca semiabierta.
Por mi conexión podía notar su sorpresa y como iba cambiando a preocupación y luego a una determinación férrea. Entonces lo soltó con los ojos completamente abiertos y dijo en susurro.
—Es Smith. Viene con dos miembros del consejo y cuatro escoltas.
—Entonces tenemos que esperar —dijo João con serenidad.
Las presencias se hicieron cada vez más intensas, hasta el punto que ya casi se sentían en la propia sala.
Entonces, un relámpago introdujo sus destellos por todas las ventanas al tiempo que se iba la luz, dejándonos en la penumbra y, casi al instante, un trueno ensordecedor retumbó por toda la estancia.
El ruido fue desapareciendo mientras permanecíamos en silencio, a oscuras en el salón. Finalmente, se hizo el silencio total, hasta que se escucharon tres golpes pausados…
¡Pum! ¡Pum! ¡Pum!
Alguien estaba llamando a la puerta con el puño.