Salvación (Rosewood 3) 45 Evangeline #2
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45 Evangeline #2

Y entonces oigo el dulce sonido de los disparos. Nunca pensé que diría eso, y mucho menos que me sentiría agradecida por ello. No me giro, confiando en que ellos se encarguen de los Savage Souls. Y tampoco quiero apartar la vista del capullo que está en el suelo.

Bellefleur gime mientras se revuelca de un lado a otro sobre la grava, pero no es suficiente. De una patada, le aparto la pistola y, cuando él intenta cogerla, entro en pánico y le aplasto la mano extendida con el pie.

—Yo no soy tu puta princesa, y tú no eres mi hombre —escupo con rabia. Y luego le bajo el tacón a la polla para rematar.

Él aúlla, un chillido agudo de dolor que me chirría en los oídos, y yo miro alrededor y contemplo la carnicería.

Quedan tres personas enteras y de pie, y el alivio me golpea con tanta fuerza que se me aflojan las rodillas.

Vienen hacia mí al trote, los tres se me echan encima para asegurarse de que no me han hecho daño. Cuando se convencen de que estoy bien, me dan un poco de espacio para respirar.

Miro a mi alrededor, abrumada por todo. —¿Qué vamos a hacer con todo esto?

—Yo haré unas cuantas llamadas, pediré algunos favores y lo solucionaremos —dice Bane, sacando el móvil.

—¿Y él? —asiento con la cabeza hacia el hombre que gime a nuestros pies.

—Depende de ti, Evie. Te apoyaremos en lo que digas —dice Silas.

Asiento varias veces, pasándome los dientes por el labio inferior. —No sé si podré relajarme nunca sabiendo que anda por ahí en alguna parte.

—Sabes, he oído que el lago está precioso en esta época del año —dice Nova con una sonrisa conspiradora.

—¿Y ahora qué? —murmuro, sintiéndome agotada hasta los huesos.

—Ahora vamos a por nuestro chico y lo traemos a casa —dice Silas, rodeándome con sus brazos y pegándome a su pecho.

—No puedo decirte lo feliz que me hace verte aquí, cielo. Mis chicos me dijeron que estás bien, pero me preocupo, ¿sabes? Siempre puedes hablar conmigo de cualquier cosa.

Doy un sorbo al té helado, dejando que el sonido de las cigarras y la brisa agitando las hojas de los árboles me devuelvan a la realidad.

He estado ansiosa y sobresaltada desde el pequeño enfrentamiento de ayer en la taberna Three Crowns.

Quería venir a por Hunter de inmediato, pero Silas me convenció de que primero tenía que ducharme, comer y dormir.

No le faltaba razón, aunque me pasara todo el tiempo refunfuñando por ello.

Exhalo e intento articular por qué sigo sintiendo como si tuviera un enjambre de avispas recorriéndome por dentro, deteniéndose de vez en cuando para picarme.

—Es solo que... hemos acabado con los malos, ¿verdad?

Y con el tipo que me acosaba. Y mi madre parece haber cedido, al menos por esta semana.

Entonces, ¿por qué sigo sintiéndome toda...

? —muevo la mano en el aire, intentando y fracasando en encontrar las palabras adecuadas para describir lo que siento—.

Es que ahora es real, ¿entiendes? Esto entre ellos...

y yo. Y ahora no hay nada que nos distraiga del hecho de que estamos en una relación extremadamente poco convencional.

—¿Quieres a mis chicos?

—Sí —respondo con facilidad.

—Entonces el resto es fácil —dice ella, dándome una palmadita afectuosa en la pierna.

—¿Y si no lo es? ¿Y si cometo un error? ¿O si estropeo a Hunter? No soy madre. —La emoción se me agolpa en la garganta, dificultándome la respiración.

Dixie arquea una ceja. —¿Quién dice que no lo eres?

Una risa irónica escapa de mis labios. —Eh, ¿todo el mundo?

Dixie deja su taza en la mesa a la derecha y se estira para estrechar mi mano.

—La maternidad no se define por registros biológicos ni por el tiempo transcurrido ni por ninguna otra definición arbitraria que le demos a las cosas.

Es un sentimiento. Una convicción. Una necesidad desesperada de hacer todo lo que esté en tu mano para proteger a tu hijo.

Las lágrimas me escuecen en los ojos mientras dejo que las palabras de Dixie me envuelvan como una ola fresca.

Son un bálsamo reconfortante para las partes agrietadas y sangrantes de mi alma.

Escucho su voz hablar sobre la maternidad mientras observo a Hunter y a Nova correr por el jardín delantero, saltando obstáculos imaginarios mientras juegan a los superhéroes.

En algún momento, Silas se une a la diversión, persiguiéndolos a ambos y gruñendo como si fuera algún tipo de animal. No estoy del todo segura de que entienda el juego, pero se está divirtiendo.

Y, finalmente, Bane saca una pelota de goma y unas bases de plástico. Dixie y yo observamos cómo los tres hombres adultos discuten como niños por pelotas fuera de juego y malas jugadas mientras Hunter intenta dirigirlos con diplomacia.

Amo cada segundo de esto.

Y por primera vez en mi vida, estoy agradecida por cada dificultad que enfrenté.

Por cada comentario despectivo de mi madre.

Por cada Navidad que pasé sola. Estoy agradecida por todos y cada uno de los momentos bajos de mi vida, porque me llevaron hasta aquí, con ellos. Y ha valido la pena cada segundo.