40 Bane
CUARENTA
BANE
—Pon tu mano en su garganta. —Suena como si alguien hubiera metido la mano en la garganta de Silas y le hubiera arrancado las palabras contra su voluntad.
Le dedico una sola mirada, fijándome en que no se ha movido de su sitio en el borde del sillón. Es casi todo lo que puedo ofrecerle cuando gran parte de mi energía está enredada en concentrarme en lo bien que se siente ella.
Su coño palpita alrededor de mis dedos mientras termina de tener su orgasmo sobre mi mano y la cara de Nova.
El sudor me perla la frente mientras la polla me duele, suplicando por deslizarse dentro de ella otra vez.
Me muero de ganas de sentir su coño estrangulando mi polla hasta quitarle la vida, y estamos de acuerdo en que es la única forma aceptable de morir.
Muerte por el coño perfecto de Evangeline.
Apuntadme a esa mierda ahora mismo.
De hecho, si supiera que voy a acabar bajo tierra, elegiría pasar cada maldito minuto enterrado dentro de ella. Un auténtico cielo.
Cada momento con ella se siente como reclamar la propiedad de la eternidad, como si el propio universo reconociera que me pertenece.
El familiar ardor de la posesión me recorre, y tengo que frenar el instinto de levantarla y esconderla en algún lugar donde no puedan encontrarnos. Al menos por un rato.
—Para castigarme —gruñe Silas, moviéndose para apoyar los codos en las rodillas. Su atención está centrada por completo en la mujer montada sobre mí. En la mujer que me domina con cada jadeo inocente y gemido bajo.
Ni siquiera le culpo.
Incluso ahora, ella es lo único que veo.
Ni siquiera sé de qué cojones están hablando, pero estoy seguro de que me enteraré pronto.
Nova se pone de pie detrás de ella, deslizando la boca por la curva de su hombro. Rodea con la palma el espacio expuesto de su garganta e inclina su barbilla hacia él. —¿Oyes eso, cariño? Mi hermano parece pensar que esto es castigo suficiente. Pero ¿sabes qué es lo que pienso yo, eh?
Observo con los ojos entrecerrados cómo mi chica suelta un suspiro tembloroso. Sí, conozco esa mirada. Me encanta esa maldita mirada. Todavía tiene hambre, mi chica. Está saciada momentáneamente, pero aún no está llena.
Me preocupaba cómo iba a reaccionar cuando Nova le devolviera sus propias palabras. El gilipollas debió de hackear las cámaras de seguridad que instalé y vio nuestra conversación.
—No es suficiente —dice ella, con voz de ronroneo sensual mientras inclina la cabeza hacia un lado. Mira de mi polla a mis ojos, pasando la lengua casi distraídamente por su labio inferior.
Su mano derecha abandona el respaldo del sofá, y espero sentir sus dedos agarrando mi polla. Pero debería haberlo imaginado. Mi chica está llena de sorpresas.
Se mete dos dedos dentro de sí misma, justo al lado de los míos, y ambos gemimos al unísono.
Es imposible ocultar la sonrisa pícara que se extiende por mi rostro al ver nuestros dedos entrar y salir, entrar y salir.
El sonido de su excitación llena la habitación, y decido que podría ser uno de los mejores ruidos que he oído nunca.
Los labios de Nova rozan la comisura de su boca. —Yo tampoco creo que sea suficiente. ¿Bane?
—No —gruño, mientras ella saca los dedos de su coño y me agarra la polla. Suelto un siseo entre los dientes apretados cuando me embadurna la verga con su flujo.
Sus movimientos son firmes y deliberados, su mirada clavada en la mía, con una especie de desafío en sus oscuras profundidades. Uno que estoy más que encantado de aceptar.
—Creo que está demasiado lejos para apreciarte de verdad. Eres la obra maestra más exquisita que he visto nunca —dice Nova, bajando la boca por su cuello—. Sería una absoluta tragedia negarle el placer de observar.
Su puño me estrangula la polla y el sudor me perla la frente. La correa de mi autocontrol se acorta por minutos. Pero maldita sea si voy a arruinarle su puta fantasía.
Así que le digo a mi polla que se calme de una vez y espere su maldito turno. Ella necesita al menos dos más.
—Así que acércate, Silas. Coge un sitio en primera fila, ¿vale? Mira a nuestra chica desmoronarse con mis dedos y luego con mi polla.
No entiendo muy bien la dinámica de lo que está pasando, pero estoy demasiado ida como para que me importe ahora mismo. Mañana acorralaré a uno de ellos y le preguntaré qué demonios sucede. Pero esta noche, voy a vivir mi fantasía, esa que de alguna manera todos parecen conocer.
Me imagino a los tres reuniéndose con té y galletas para intercambiar notas. Pero luego la imagen muta a los tres sin camiseta, mirándome fijamente mientras se masturban.
Extiendo mi mano libre. —Ven aquí, Silas. Por favor —suplico en voz baja. Sé que les estoy pidiendo mucho, especialmente a él, al compartirme así abiertamente.
Su mano se desliza en la mía un momento después, y se sienta en el sofá a mi lado.
Ralentizo el movimiento, aún sosteniendo la polla de Bane, y me inclino hacia Silas.
Él me recibe a mitad de camino, tomando mis labios en un beso brutal.
Es el tipo de pasión que tiene un toque peligroso, y me encanta.
Nova se introduce en mí, llenándome pulgada a pulgada hasta que queda pegado a mi culo. Sus manos acarician las suaves curvas de mi cuerpo mientras murmura para sí mismo: —Tan jodidamente perfecta.
Silas se traga mi gemido, devolviéndome el beso multiplicado por diez. Una de sus manos se enreda en mi pelo, sujetando mi cara contra la suya como si yo fuera a intentar marcharme.
Los dedos de Nova bailan por el espacio donde nuestros cuerpos conectan, recogiendo mi flujo y arrastrándolo hacia arriba para juguetear alrededor de mi ano. Se siente tan jodidamente bien, como una sobreestimulación de la mejor manera posible.
Y entonces siento que los dedos curiosos de alguien me pellizcan el clítoris, y me pierdo.
Me elevo a otro plano astral, muy por encima de mi cuerpo, mientras tengo el orgasmo más fuerte que he tenido en mi vida.
Y no para, sigue y sigue, con mis músculos sufriendo calambres y mi aliento congelándose en mis pulmones.
Por fin entiendo por qué los franceses lo llaman la petite mort.