Sal amarga CAPÍTULO 162
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CAPÍTULO 162

Nadia recibió una felicitación oficial, una medalla que se puso una vez y un ascenso que rechazó porque implicaba irse a Madrid.

Gimeno la llamó a su despacho para decirle que era tonta.

—Con ese expediente, en dos años está usted de comisaria.

—En dos años estoy en los Monegros los fines de semana.

El comisario la miró por encima de las gafas, entendió más de lo que ella quería que entendiera y no dijo nada más. Aquello, en un hombre así, era un abrazo.