CAPÍTULO 131
Entraron a las siete de la mañana en su casa, en su chalet de La Muela y en su despacho, a la vez, con tres comisiones judiciales.
En el vestidor del chalet, en una bolsa de tela con el nombre de una marca italiana, encontraron unas botas de montaña talla cuarenta y cuatro, limpias por fuera, cepilladas, guardadas como se guarda lo que ha costado dinero.
Nadia las miró dentro de la bolsa sin tocarlas y pensó que la gente rica nunca tira nada.
—Precintadlas —dijo—. Y que no las abra nadie hasta el laboratorio.