CAPÍTULO 82
—Treinta años en oscuridad, seco y a temperatura estable —dijo el técnico—. Es lo mejor que le puede pasar a una película. Voy a revelar a mano, en dos baños, y a escanear el negativo antes de tocar nada.
—¿Cuántas sacaremos?
—Si Dios quiere, veinte.
Salieron dieciocho.